Trabajamos más… pero no necesariamente mejor
En ciudades como Ibagué, donde el movimiento económico se siente en la calle todos los días, es común escuchar que aquí la gente trabaja duro. Y es cierto. Basta ver el comercio, los emprendedores, los negocios familiares y las pequeñas empresas para entender que el esfuerzo está.
Pero también es común escuchar otra frase, igual de frecuente: “trabajamos mucho… y aun así no alcanza”.
Ahí es donde aparece una conversación que vale la pena mirar con más detenimiento.
Porque el problema, en muchos casos, no es la falta de trabajo. Es lo que ese trabajo está logrando generar.
Colombia, según la OCDE, es uno de los países donde más horas se trabajan, pero con una de las productividades más bajas dentro del grupo. En promedio, mientras en economías desarrolladas se generan cerca de US$70 por hora trabajada, en el país esa cifra ronda los US$21. Es una diferencia grande, que ayuda a entender por qué el esfuerzo no siempre se traduce en resultados proporcionales.
Este dato, aunque suene lejano, se siente en lo local. Se ve en empresas que venden, pero no logran mejorar sus márgenes. En negocios que se mantienen activos, pero no crecen. En equipos que están ocupados todo el tiempo, pero sin claridad de hacia dónde van. En emprendedores que trabajan todos los días, pero siguen operando al límite.
No es falta de ganas. Tampoco es falta de capacidad. Es, en muchos casos, una dificultad para convertir ese esfuerzo en valor real.
Las cifras más recientes también refuerzan esta idea. Aunque el empleo en Colombia ha mostrado mejoras, la productividad no ha acompañado ese ritmo. En 2025, por ejemplo, el crecimiento de la productividad fue cercano al 0,9 %, un avance bajo frente a lo que se necesita para transformar la economía.
Es decir, hay más gente trabajando… pero no necesariamente produciendo mejor.
Y eso nos lleva a una reflexión que aplica tanto para el país como para regiones como el Tolima: no basta con que haya actividad económica; es necesario que esa actividad esté mejor organizada.
Porque la productividad no es un concepto lejano ni técnico. Es algo muy concreto. Tiene que ver con cómo se toman decisiones dentro de una empresa, cómo se estructuran los procesos, cómo se gestionan los recursos y, sobre todo, con qué tan claro está el rumbo.
Una empresa puede trabajar todos los días y aun así perder eficiencia si no mide bien sus costos. Puede tener clientes y no crecer si no entiende su rentabilidad. Puede estar llena de tareas y no avanzar si no prioriza lo importante.
Y cuando eso se repite en miles de negocios, el resultado es el que vemos: mucho esfuerzo distribuido… pero poco valor acumulado.
En el caso de Ibagué y el Tolima, donde gran parte de la economía se mueve desde pequeñas y medianas empresas, esta conversación se vuelve aún más relevante. Aquí no estamos hablando de grandes corporaciones, sino de estructuras que dependen directamente de cómo se gestionan en el día a día.
Por eso, el siguiente nivel no está en trabajar más horas ni en hacer más cosas. Está en hacer mejor lo que ya se está haciendo. Es en revisar con más detalle qué está funcionando y qué no, tomar decisiones con información, no solo con intuición, organizar mejor, medir mejor y enfocar mejor.
Porque al final, la diferencia entre sostenerse y crecer rara vez está en el esfuerzo adicional. Está en la forma en que ese esfuerzo se convierte en resultados.
Tal vez por eso, más que insistir en que Colombia necesita trabajar más, la conversación debería empezar a moverse hacia otro lugar: cómo lograr que lo que ya hacemos genere más valor. En Ibagué y el Tolima no nos falta trabajo; si actitud de servicio y adicional, nos corresponde dar el paso de convertir ese esfuerzo en valor real, porque el desarrollo que esperamos empieza por cómo decidimos hacer mejor lo que ya estamos haciendo en el dia a dia.