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Sin cifras, sin debate y sin soluciones

En medio de una campaña electoral trascendente y sin precedentes, que sin duda marcará el destino de los colombianos, se observa más que propuestas y soluciones una serie interminable de confrontaciones, sugerencias y recomendaciones.
Imagen
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Crédito
Ecos del Combeima
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3 Mayo 2026 - 9:28 COT por Álvaro Montoya

Conocimos algunas propuestas de los candidatos más opcionados cuando no existía esa lucha cerrada por la última milla de la primera vuelta. Pero en el último mes, la agenda se redujo a una confrontación ideológica de extremos. Tanto así, que esa última milla parece depender más de la favorabilidad, aprobación e imagen del presidente Gustavo Petro y del expresidente Álvaro Uribe, que de las propuestas mismas.

A pesar de ello, se esperaría que en esta recta final se contrasten ideas y se den debates, incluso si son formateados. Sin embargo, resulta difícil cuando ni siquiera el gobierno cuenta con datos claros en sectores tan sensibles como la salud o la seguridad, donde reina la incertidumbre. En Colombia no se cuantifica con precisión el caudal de recursos perdidos por corrupción, contrabando, evasión o desgreño administrativo. Solo hay estimaciones. Y sin datos, no hay diagnóstico. Y sin diagnóstico, no hay solución.

Se estima por ejemplo, que la corrupción ronda el 3 % del PIB. A ello se suma el contrabando, que golpea la industria nacional, y la evasión tributaria, cuyo impacto es incluso mayor. Cada uno de estos problemas, por separado, supera el efecto de muchas reformas tributarias recientes. Y, sin embargo, poco se escucha sobre cómo enfrentarlos de manera estructural.

Más grave aún es la ineficiencia administrativa, silenciosa pero profundamente destructiva. Sus pérdidas se estiman en cerca del 4,8 % del PIB, superando incluso la corrupción. Sumados todos estos factores —corrupción, contrabando, evasión e ineficiencia—, el país pierde más del 10 % de su PIB cada año, es decir, entre 150 y 200 billones de pesos. Recursos suficientes para transformar estructuralmente la economía nacional.

Y aún así, el debate político sigue girando en torno a la confrontación. No se discute lo esencial y no se asume el problema de fondo. Parte de ello ocurre porque el gobierno fija la agenda y los candidatos caen en esa dinámica. Pero también porque no existen cifras sólidas para una discusión programática y seria.

Con esos recursos que hoy se dilapidan, el país podría emprender grandes proyectos de infraestructura, fortalecer la economía popular o impulsar decididamente el sector productivo. Pero sin cifras claras, sin medición rigurosa y sin debate de fondo, todo queda en el terreno de la retórica.

El resultado es una conversación pública vacía, marcada por la polarización y alejada de las soluciones. Una campaña que habla mucho, pero resuelve poco.

Finalmente, la discusión parece reducirse a un pulso entre liderazgos: Petro o Uribe. El primero mantiene una favorabilidad constante; el segundo conserva una influencia política notable y creciente. Pero más allá de esa dicotomía, el país necesita algo distinto: debate serio, cifras claras y soluciones reales. Porque sin cifras, no hay debate. Y sin debate, no hay soluciones.

Veremos quien ganará. Ojalá sea la Seguridad Democrática, la Cohesión Social y la Confianza Inversionista.
 

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