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Los proyectos estratégicos para el Tolima (2026 – 2030) que deben estar en las propuestas de los candidatos presidenciales

Colombia se encuentra en un momento decisivo. El próximo Plan Nacional de Desarrollo 2026 – 2030 no puede limitarse a repetir diagnósticos ni a postergar decisiones estructurales. Si el país aspira a ser competitivo, reducir costos logísticos y consolidar su vocación exportadora, debe dirigir una mirada estratégica hacia una región que merece un lugar central en la agenda nacional: el Tolima.
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Ecos del Combeima
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3 Mayo 2026 - 10:01 COT por Alejandro Rozo

No se trata de una apuesta regional aislada, sino de una decisión estratégica de país. El Tolima es, por ubicación geográfica, conectividad potencial y vocación productiva, el verdadero puente entre el centro del país y los mercados internacionales, especialmente hacia el Pacífico. Sin embargo, ese potencial sigue atrapado entre proyectos inconclusos, infraestructura incompleta y, sobre todo, una ausencia de visión integral que articule el desarrollo productivo, la conectividad y la sostenibilidad.

El primer gran proyecto que debe ser priorizado sin discusión es la doble calzada Ibagué–Cajamarca. No es simplemente una obra vial; es la columna vertebral del comercio exterior colombiano. Sin esta conexión plenamente operativa, el país seguirá pagando sobrecostos logísticos que afectan directamente la competitividad de su agro, su industria y sus exportaciones. La eficiencia del corredor Bogotá – Buenaventura depende, en gran medida, de esta decisión.

Pero el desarrollo del Tolima no puede limitarse a más kilómetros de vía. Requiere una transformación más profunda, y ahí emerge el Corredor Logístico, Agroindustrial, Turístico y Tecnológico del Tolima CLATT. Esta apuesta, articulada sobre la vía 40 y conectada con las vías 43 y 45, representa un cambio de paradigma, pasar de un territorio que transporta carga a uno que gestiona logística inteligente, con plataformas de valor agregado, nodos tipo puertos secos, capacidad de conexión multimodal, relocalización y atracción de inversión en visión onshoring, nearshoring y offshoring.

El Tolima tiene la oportunidad de convertirse en un territorio atractivo para la relocalización empresarial, en un contexto global donde el nearshoring redefine las cadenas de suministro. Pero esto no ocurrirá sin infraestructura adecuada, sin planificación territorial y sin una apuesta clara por la agroindustria.

Y es precisamente el campo donde se encuentra una de las mayores oportunidades. El departamento debe liderar un programa serio de renovación cafetera y agricultura inteligente, acompañado de un proceso de ordenamiento productivo que permita especializar el territorio según su vocación. No se trata solo de producir más, sino de producir mejor, con valor agregado, con trazabilidad y con acceso real a mercados internacionales.

Sin embargo, hablar de exportaciones sin hablar de transporte férreo es seguir ignorando una deuda histórica. La conexión ferroviaria Neiva – Tolima - La Dorada hasta el Caribe, debe pasar de los estudios a la ejecución. Este corredor no solo permitiría reducir costos logísticos, sino que integraría al Tolima al sistema multimodal del país, conectando el centro con los puertos del Cartagena, Barranquilla y Santa Marta, así mismo se requiere articular la conectividad con Puerto Antioquia, para acortar distancias y mejorar la competitividad en exportación de café, aguacate Hass y Lima Tahití.

A esto se suma la necesidad de modernizar la infraestructura aeroportuaria. La ampliación del aeropuerto Perales en Ibagué y el fortalecimiento del aeropuerto Santiago Vila de Flandes con capacidad de carga aérea son proyectos clave si se quiere que el Tolima y la región, participen en cadenas de exportación de alto valor, especialmente en productos agroindustriales.

El desarrollo territorial también pasa por cerrar brechas históricas en conectividad. La terminación del Triángulo del Tolima, la central de abastos, el centro multipropósito de eventos en Ibagué, el mejoramiento de vías como Mariquita - Manizales o la conexión Rovira - Roncesvalles no son obras menores. Son proyectos que integran regiones, reducen tiempos y acercan oportunidades. Son, en esencia, la base de un desarrollo más equilibrado.

Pero el Tolima no es solo infraestructura. Es también turismo, biodiversidad y sostenibilidad. Corredores como Toche - Salento muestran que es posible articular conectividad con turismo de naturaleza y gestión del riesgo. El desarrollo no puede seguir dándose a costa del territorio; debe construirse en armonía con él.

El próximo gobierno debe entender que el Tolima no necesita más promesas, sino decisiones. No necesita proyectos aislados, sino una agenda integrada que articule infraestructura, agroindustria, turismo, sostenibilidad y atracción de inversión. Esa es la diferencia entre seguir administrando la negligencia y falta de recursos desde el gobierno central o empezar a construir desarrollo.

El Tolima tiene todo para convertirse en el corazón productivo del país. Pero esto no ocurrirá por inercia. Requiere liderazgo, visión y voluntad política.

En el próximo periodo presidencial se tendrá que decidir si el Tolima sigue siendo un territorio de paso o si, finalmente, se convierte en el motor de desarrollo que Colombia necesita.

Porque en el Tolima no solo se juega el futuro de una región. Se juega, en gran medida, la competitividad del país.
 

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