Pasar al contenido principal
Econoticias y Eventos
Opinión
COMPARTIR
Se ha copiado el vínculo

Así podría superar el desempleo Ibagué

El empleo en Ibagué no tiene bandera política y tampoco propietario de este capital simbólico. Es difícil que alguien se pueda atribuir resultados extraordinarios en esta materia y tampoco es posible culpar a los más recientes gobernantes, porque el problema es histórico y estructural.
Imagen
Crédito
Suministrada
22 Nov 2022 - 7:43 COT por Ecos del Combeima

Para el Observatorio de Empleo y Recursos humanos del Tolima (OET), de la Universidad del Tolima, que la tasa de desempleo se encuentre en un 18 % es el resultado de la falta de acciones gubernamentales en la pandemia, la afectación de los hogares más vulnerables y la desocupación en la mujer.

El OET plantea diferentes alternativas para promover la creación de nuevos empleos, y en medio de estas propuestas, vale la pena destacar una que puede dar alivio a distintas problemáticas a la vez: la Implementación de un programa de infraestructura pública. 

Esta propuesta plantea actividades de mantenimiento, prevención de espacios públicos, guarderías comunitarias, escuelas de formación cultural, artística y deportiva, entre otras actividades, que pueden ser realizadas por los jóvenes ibaguereños, madres solteras, adultos mayores, algo que fortalecería la economía de las comunas de la ciudad a mediano y largo plazo.

Poner en funcionamiento un programa de infraestructura pública no es un “paño de agua tibia” y, por lo tanto, esta propuesta del OET merece toda la atención. Los jóvenes, las mujeres y los adultos mayores, poblaciones que enfrentan enormes dificultades a la hora de conseguir un empleo, serían las más beneficiadas.

Para materializar esta propuesta se requiere voluntad política - y un pensamiento menos electoral - para trabajar en conjunto por un problema que se resuelve desde lo técnico con políticos de diferentes partidos, el sector privado y la academia.
 

Tags:

También te puede interesar estas columnas

El sector agropecuario colombiano enfrenta este año un entorno complejo, marcado por una combinación de oportunidades y presiones que no se pueden ignorar si pensamos en el futuro productivo de regiones como el Tolima.

¿Ibagué está dispuesta a recuperar el control institucional o si seguirá permitiendo que la fragmentación y la improvisación definan su destino?

El reciente ascenso del Tolima en los índices de competitividad no es un accidente estadístico, refleja toda una articulación institucional, un liderazgo sectorial y un sector privado dinámico que comienza a recoger frutos.

El fenómeno tiene efectos específicos. En primera medida, un chisme erosiona la confianza institucional y la personal. Cualquier decisión pública, como por ejemplo la puesta en marcha de una obra, la ejecución de un contrato o una medida de seguridad puede quedar atrapada en una tormenta digital antes de ser explicada.

La decisión más importante en marzo, mayo y junio de 2026 es elegir pensando en nuestra institucionalidad y democracia, que ha sido la más antigua y solida de Latinoamérica y respetar, así no nos gusten, esos pesos y contrapesos, y mejorar esta institucionalidad para que nunca más alguien abuse de ella o termine proponiendo constituyentes amañadas, para gobernar a su antojo. 

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

Hoy la situación no solo no mejora, sino que se agrava, y la comercialización del arroz se vuelve cada vez más pesada y más injusta para el agricultor tolimense.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.