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¿Tradición o crueldad? ¿Vida o muerte?

Para construir esa sociedad libre de crueldad, del deber ser, en el que el morbo del maltrato deje de ser fuente de entretenimiento, hay cierto tipo de espectáculos tradicionales que deben dejar de existir.
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29 Jun 2022 - 6:25 COT por Ecos del Combeima

El Festival Folclórico Colombiano ha sido, sin duda alguna, una gran oportunidad para la reactivación económica de la ciudad y de la región. Del mismo modo, debo también contar lo anecdótico del caso que a veces olvidamos, y es el increíble valor cultural que es la preservación de nuestras raíces y nuestro folclor para la creación del tejido social, tema en el que como departamento hemos sido líderes. Sin embargo, el avance del tiempo y de las tecnologías de la información nos ha educado como sociedad, no en una perspectiva purista y occidental que satanice nuestras tradiciones culturales, sino desde una perspectiva más humana, que nos hace “revisar” si lo que hemos llamado tradicional, y defendido durante años por dicha característica, no es más que un acto de barbarie.

Justo frente a esto quiero hablar, un tema polémico y espinoso. Corralejas, coleo, tauromaquia, cabalgatas, y demás tradiciones de la cultura colombiana en las que la interacción humano-animal es una constante, siempre con reservas y excepciones. 

Por lo menos dos episodios recientes deben saltar a la mente, la reciente Cabalgata Sanjuanera y la tradicional corraleja del Espinal que terminó con un balance nefasto. En primer lugar, es menester hablar del argumento más utilizado al discutir estos temas: no se deben prohibir estos espectáculos por su carácter cultural y tradicional. Allí hay algo de razón, no se puede separar estas tradiciones de su contexto social e ignorar su valor cultural y tradicional, como ya lo demostró Geertz al estudiar las peleas de gallos en Bali. Por barbáricas que puedan resultar están arraigadas en la historia. Sin embargo, considero que dicho análisis es demasiado insípido y es necesario pasar de la lupa que observa a la mano que hace, del ver al deber ser y, para mí, ese deber ser es construir una sociedad donde estos actos de barbarie no sean más que una anécdota en las páginas de la historia.

¿Qué hacer entonces? Para construir esa sociedad libre de crueldad, del deber ser, en el que el morbo del maltrato deje de ser fuente de entretenimiento, hay cierto tipo de espectáculos tradicionales que, en definitiva, deben dejar de existir. Habrá otros, como lo es la cabalgata realizada en Ibagué que deben ser fuertemente regulados y reglamentados, no solo para garantizar el muy necesario bienestar de los animales, sino también el de los asistentes. Licencias para cabalgar, registro animal, contratos de alquiler y pruebas de alcoholemia son trámites necesarios para garantizar que los eventos culturales no se conviertan en ferias de la barbarie y la crueldad.

Hoy como país, como región y yo como persona lamentamos lo sucedido en el Espinal. Pero debo dejar una reflexión final después de esta discusión, no podemos, como sociedad, voltear la pirámide de prioridades y poner, por encima de la vida, humana o no, el espectáculo, el dinero, la crueldad y, sí, también la tradición.

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La reflexión no es comparar a Ibagué con Medellín para encontrar lo que falta, sino para entender qué funciona allá y cómo apropiar lo que nos convenga acá en nuestra escala y con nuestra propia identidad.

Aunque no tenemos experiencias similares, sí hemos afrontado con grandeza y determinación esa ilegalidad minera, y toca seguirlo haciendo hasta encontrar una solución definitiva.

Porque si no los cuidamos, difícilmente podremos aspirar a un futuro distinto.

Porque la pregunta de fondo sigue intacta: ¿la economía circular está transformando el modelo de desarrollo o se está convirtiendo en una narrativa conveniente para justificarlo?

La propia cumbre lo dijo sin rodeos: el desafío ya no es conceptual, es de articulación, y ahí está el punto clave. Nuestras ciudades no necesitan más diagnósticos, pues estamos sobre diagnosticados, sino que necesitan ejecución.

Porque aquí no solo integramos especies, también las ponemos a producir… aunque el único negocio rentable siga siendo el de siempre.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.