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El país de la inseguridad

La percepción de seguridad en el país va en declive; el 96% de los colombianos, según las últimas encuestas, así lo confirma.
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24 Sep 2021 - 7:15 COT por Ecos del Combeima

La inseguridad está de moda. Es un grave problema que se viene presentando desde hace un buen tiempo, pero que las consecuencias económicas de la pandemia agudizó a lo largo y an-cho del país. 

Las ciudades principales diariamente registran casos robo y por diferentes modalidades, ¿y lo peor ?, es que los delincuentes cada vez son mas violentos a la hora de cometer sus fechorías, utilizan  todo tipo de amas y una brutalidad excesiva para  infundir mas miedo y terror en sus víctimas. 

Expertos en seguridad concluyen: que La pandemia nos puso una situación diferencial en segu-ridad porque durante un buen tiempo estuvimos confinados y claramente los delincuentes tam-bién lo estuvieron; además, por la misma situación, la crisis económica ha golpeado buena par-te de la sociedad, ya que no es en vano que mas de la mitad de los colombianos se encuentre en pobreza monetaria. 

Ahora bien, la pasividad de la fuerza publica ante estos casos ha producido que la ciudadanía mediante acciones de hecho, trate de hacer justicia; esa es la razón por la cual, también es recurrente ver como los ladrones resultan expuestos, siendo insultados, golpeados e incluso,  para avergonzarlos aun mas, los desnudan delante de todos.

Estos actos evidencian el cansancio que tiene la gente  por cuenta de la constante inseguridad que pulula en las calles, centro comerciales, conjuntos residenciales, al andar en moto o carro, pues ya no hay lugares vedados para los ladrones. Desde luego, todo lo anterior hace que se desconfíe de las autoridades y en el aparato judicial del país, porque cuando se denuncia, si es que se hace, los asaltantes salen libres a los pocos días.

Entonces, la difícil situación económica por la que atraviesa nuestra sociedad, incide en la pro-liferación de ladrones que a como de lugar y a costa de los demás, pretenden conseguir lo que dejaron de percibir y lo que necesitan para vivir. Además, no se puede esconder que en Colom-bia es rentable delinquir; Según el observatorio de seguridad de Bogotá, un ladrón trabajando de lunes a viernes puede ganar más de dos millones de pesos, por lo tanto, para algunos tiene más provecho económico delinquir que estar en la legalidad.

Adicionalmente, expertos creen que en la Policía se está presentando un problema por la salida masiva de uniformados al cumplir 20 años de servicio y que desde allí las incorporaciones no han logrado equiparar el número de hombres que se necesitan.

Finalmente, la percepción de seguridad en el país va en declive; el 96% de los colombianos, según las últimas encuentras, así lo confirma. las víctimas se hacen más visibles gracias a las redes y con ellas la angustia de lo que está pasando. Asi que hago un llamado respetuoso para que la fuerza pública  le preste mayor atención a este problema de inseguridad y que con con-tundencia, enfrenten a estos hampones que le quitan La Paz a la sociedad.

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El principal problema surgió por las facultades que el gobierno pretendía otorgar a la ANT. Varias disposiciones generaban preocupación porque podían reducir el papel de los jueces dentro de los procesos agrarios.

La explicación es sencilla. Los exportadores venden sus productos en dólares, pero pagan todos sus costos en pesos colombianos: salarios, combustible, transporte, energía, impuestos y buena parte de sus insumos. Por eso, cada vez que el dólar baja, reciben menos pesos por exactamente el mismo café, las mismas flores o el mismo aguacate que exportaron el día anterior.

El Mundial llega en el mejor momento posible para Ibagué. Cinco puentes festivos concentrados en junio y julio, vacaciones de mitad de año, visitantes llegando desde Bogotá y otras ciudades.

A la izquierda le haría bien recordar algo que alguna vez exigió cuando los atacaban: dejen gobernar. Fiscalicen, controlen, cuestionen, denuncien cuando haya razones. Para eso existe la democracia. ¡Pero hombre! Ni si quiera se han posesionado.

Embriaguez política que comenzó cuando la izquierda progresista creyó que la primera vuelta presidencial era la única; sobreestimación que hizo crisis al ser remontada por una derecha popular no tradicional, que interpretó un sentimiento ciudadano.

Es necesario recordar que hablar de seguridad no es hablar únicamente de delincuencia o de las acciones punitivas que reclaman los ciudadanos a diario, sino también de prevención, convivencia, inteligencia territorial, atención a poblaciones vulnerables, recuperación del espacio público y articulación interinstitucional.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.