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Sembrar en Colombia cada vez cuesta más

Sembrar en Colombia se volvió un acto de valentía… o de terquedad campesina, que para el caso es casi lo mismo. Hace unos años uno sembraba con esperanza; hoy muchos siembran con calculadora en una mano y rosario en la otra.
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Suejto
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15 Mar 2026 - 8:42 COT por Omar Julián Valdés Navarro

Nunca dejo de repetir la frase: “la producción agropecuaria es un negocio”, y como en todo negocio hay una libreta que nunca miente: la de las cuentas. Y últimamente esa libreta viene dando malas noticias. Porque sembrar en Colombia se volvió un acto de valentía… o de terquedad campesina, que para el caso es casi lo mismo. Hace unos años uno sembraba con esperanza; hoy muchos siembran con calculadora en una mano y rosario en la otra.

Tomemos un ejemplo cercano, de esos que se viven todos los días en el Tolima. Producir una hectárea de arroz puede costar hoy entre 10 y 11 millones de pesos, dependiendo del sistema de riego, la maquinaria y los insumos. Y cuando llega la hora de vender la cosecha, muchas veces el ingreso ni siquiera alcanza para cubrir la inversión.

Dicho en cristiano: trabajar todo un semestre para quedar debiendo. Y lo más curioso es que el problema no es la falta de trabajo del agricultor. Aquí se madruga, se invierte, se arriesga y se produce. El problema es que los costos suben como palma de coco y los precios bajan como mango maduro.

Revisemos algunos de esos costos. Los fertilizantes, por ejemplo, siguen siendo uno de los insumos más caros del sistema productivo y pueden representar hasta el 40-45 % del costo total de producción en cultivos como el arroz.  Y subieron alrededor del 12 %, Los agroquímicos han tenido un comportamiento un poco más estable e incluso algunos han presentado leves descensos, pero eso no alcanza a compensar el peso que tienen los fertilizantes dentro de la estructura de costos.

A esto súmele los combustibles, que siguen subiendo poco a poco, el mantenimiento de la maquinaria agrícola —cuyos precios han aumentado entre el 5 % y el 10 % dependiendo de la marca y el modelo— y, por supuesto, la mano de obra. Y ojo: yo estoy de acuerdo con que los trabajadores ganen mejor. El campo necesita salarios dignos. Pero también hay que ser responsables con la economía rural. Si todos los costos suben al mismo tiempo, la ecuación deja de dar.

Pero al final lo que realmente importa para el productor es el precio del producto… y ese parece tener vocación de paracaidista. Siempre van para abajo. En el caso del arroz, por ejemplo, el precio del paddy ha venido cayendo en los últimos años. La carga de 125 kilos que hace poco se pagaba cerca de $230.000 hoy ronda los $185.000, una reducción cercana al 30 %.

Esta columna no pretende quejarse de las políticas del gobierno ni buscar culpables. Por el contrario, busca recordar algo muy simple: producir en el campo no es solo sembrar y esperar la cosecha.

Producir significa financiar insumos, pagar créditos, arrendar tierra, mantener maquinaria, contratar trabajadores y enfrentar el clima, que últimamente anda tan impredecible como la política. Y cuando todo sale bien —que no siempre pasa— el agricultor todavía tiene que enfrentar el mercado.

Tampoco podemos tapar el sol con dos dedos. No podemos decir: subamos salarios y, para que el huevo o el cerdo bajen de precio, entonces importamos alimentos de otros países. Esa no puede ser la solución cuando al mismo tiempo se habla de soberanía alimentaria, de fortalecer el agro y de apoyar al productor.

Porque una cosa es el discurso… y otra muy distinta es la realidad del campo.

Un ejemplo sencillo para terminar. Hace apenas dos meses muchos pequeños productores de cerdo —los que crían dos o tres marranitos en el patio de la casa— estaban trabajando normalmente. Hoy buena parte de ellos dejó de producir, simplemente porque el precio del cerdo en pie cayó de manera significativa.

Y cuando el pequeño productor deja de producir, el problema no es solo de él: es de todo el país.

Por eso cierro con una reflexión sencilla:

Un país que abandona a sus productores termina, tarde o temprano, importando hasta el desayuno.