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El fuego no solo se llevó cultivos y viviendas: también dejó miedo, angustia y dolor en las familias del Tolima

Detrás de cada hectárea quemada hay una historia. Campesinos que perdieron años de trabajo, familias que hoy viven con miedo y comunidades que necesitan algo más que ayuda para apagar las llamas.
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Jessica Castaño
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El fuego no solo se llevó cultivos y viviendas: también dejó miedo, angustia y dolor en las familias del Tolima
19 Sep 2026 - 11:15 COT por Gustavo_Ortiz

Los incendios forestales que durante las últimas semanas han golpeado diferentes municipios del Tolima están dejando una huella que no siempre se ve a simple vista.

Mientras bomberos, organismos de socorro, campesinos y voluntarios luchan contra las llamas, cientos de familias enfrentan otra batalla: intentar reconstruir emocionalmente sus vidas después de perder cultivos, animales, viviendas y, en algunos casos, el esfuerzo de muchos años.

Para un campesino, perder un cultivo no significa únicamente perder unas plantas. Significa perder el dinero invertido, el trabajo de años y, muchas veces, la posibilidad de llevar alimento y tranquilidad a su familia.

Ese impacto puede convertirse en tristeza, angustia, miedo, ansiedad e incluso ataques de pánico. Así lo explicó Jessica Castaño Ovalle, psicóloga, comunicadora social y magíster en Psicología Social de la UNIR, quien advirtió que las comunidades afectadas necesitan acompañamiento emocional durante el proceso de recuperación.

El incendio termina, pero el miedo puede quedarse

Uno de los efectos que más preocupa es la llamada hipervigilancia. Las personas permanecen constantemente atentas a las noticias, al humo o a cualquier señal que pueda indicar que nuevamente se aproxima un incendio.

La sensación puede ser tan fuerte que quienes viven cerca de zonas afectadas comienzan a pensar que sus propias casas podrían ser las próximas.

Ese estado permanente de alerta genera un desgaste físico y emocional que puede traducirse en irritabilidad, ansiedad y conflictos dentro de las familias.

Los niños tampoco son ajenos a esta realidad. Después de vivir una emergencia pueden aparecer temores, dificultades para dormir solos o miedo a permanecer en determinados lugares.

Pero el dolor no termina cuando los organismos de socorro logran controlar las llamas.

También hay que apagar el incendio emocional

Castaño Ovalle explica que las pérdidas generan un proceso de duelo que debe ser acompañado.

Por eso, considera fundamental que la respuesta institucional no se limite a entregar ayudas inmediatas o controlar los incendios, sino que incluya acompañamiento psicosocial durante varios meses.

Las familias necesitan ser escuchadas, entender que sus emociones son una respuesta ante una situación extremadamente difícil y contar con herramientas para avanzar.

Pero también necesitan volver a tener un sustento.

Por eso, la profesional plantea la importancia de combinar el acompañamiento psicológico con estrategias como capital semilla, emprendimientos y alternativas económicas que permitan a las familias comenzar nuevamente a construir lo que las llamas destruyeron.

Porque recuperar una vivienda, un cultivo o un negocio no solamente representa recuperar bienes materiales. También puede significar recuperar esperanza.

Una emergencia que necesita solidaridad

En medio de la tragedia también ha aparecido otra cara de la situación: la solidaridad.

Comunidades enteras se han unido para llevar alimentos, herramientas, guantes, botas y elementos necesarios para enfrentar los incendios. Campesinos que, aun sin tener la preparación de un bombero profesional, han tomado herramientas para intentar proteger sus territorios.

Esa solidaridad demuestra que, en medio de la emergencia, las comunidades no están solas.

Sin embargo, el llamado de la profesional es a entender que la recuperación será un proceso largo y que la salud mental debe ocupar un lugar importante dentro de esa reconstrucción.

 La reflexión que queda

Jessica Castaño Ovalle deja un mensaje especialmente dirigido a las familias que hoy sienten que lo perdieron todo: la tragedia no puede borrar la posibilidad de volver a empezar.

En medio del dolor, invita a mantener la unión familiar, buscar apoyo, reconocer las emociones y aferrarse a la posibilidad de reconstruir sus vidas.

Porque después del fuego quedan cenizas, pero también queda algo que ninguna llama puede destruir: la vida, la solidaridad y la oportunidad de volver a empezar.

“Afortunadamente hay vida para continuar, para seguir adelante. En este momento tenemos que aferrarnos a la resiliencia, desarrollar nuevas estrategias y, con la ayuda del Gobierno y de las familias, poder salir adelante.” indicó, Jessica Castaño Ovalle, psicóloga, comunicadora social y magíster en Psicología Social de la UNIR.

Esta versión busca que el lector sienta primero la historia de las familias y luego entienda la importancia del acompañamiento psicológico, cerrando con la reflexión de Jessica como mensaje de esperanza.