“¿Me regala dos minutos?”: la lección de Fidel Díaz que nació en Armero y hoy busca preparar a otros para sobrevivir
Más que hablar de una tragedia que Colombia nunca olvidará, Fidel Díaz Triana decidió convertir lo vivido en una herramienta para la vida. Su Código de Búsqueda y Supervivencia Triada parte de una idea sencilla: en una emergencia, estar acompañado no siempre es suficiente; hay que estar preparado y saber quién cuida a quién.
“Me regala dos minutos, estoy haciendo un experimento social que quizá le pueda salvar la vida algún día”, con esa frase, Fidel Díaz Triana aborda al menos una persona cada día. No importa si está caminando por una calle, participando en una actividad, encontrándose con un grupo de amigos o hablando con desconocidos. Su propósito es el mismo: detener por unos minutos a alguien para hablarle de supervivencia. Puede parecer una conversación cualquiera, incluso una de esas que muchos preferirían evitar cuando van de afán. Pero detrás de esas palabras hay una historia que comenzó en uno de los episodios más dolorosos de Colombia.
En noviembre de 1985, Fidel hacía parte del grupo de búsqueda y rescate de la Cruz Roja y estuvo en primera línea durante la tragedia de Armero. Aquella experiencia lo marcó para siempre, pero no únicamente por lo que vio, sino por lo que aprendió sobre la fragilidad humana frente a una emergencia. Con los años, pudo haber elegido quedarse en el recuerdo de aquella tragedia, hablar una y otra vez de lo ocurrido, de lo que no se hizo o de lo que pudo haberse hecho diferente. Sin embargo, tomó otro camino.
Fidel decidió cambiar la pregunta, ya no se trata solamente de preguntarse qué pasó en Armero, sino qué puede aprender una persona de aquella tragedia para estar mejor preparada cuando llegue una emergencia, y de esa mirada nació la Triada.
Nadie debería enfrentar solo una emergencia
Para Fidel, uno de los errores más frecuentes en supervivencia es pensar que basta con estar acompañado de otra persona. El dúo puede parecer suficiente, pero en una emergencia puede convertirse rápidamente en una estructura vulnerable, si uno de los dos resulta herido, pierde la conciencia o queda incapacitado, el otro tendrá que decidir entre atenderlo o salir a buscar ayuda. En cualquiera de los dos escenarios, la persona afectada puede quedar expuesta a nuevos riesgos.
La triada plantea una tercera persona y, con ella, un equilibrio distinto, tres integrantes, tres responsabilidades y un sistema que permite que, si uno falla, los otros dos puedan mantener activa la respuesta, pero Fidel no habla únicamente de una estrategia de supervivencia. Para él, la triada también tiene una dimensión humana y simbólica. El número tres aparece en distintas tradiciones como una representación de equilibrio, unión y fortaleza.
En su propuesta, esa figura se convierte en una manera de organizar las capacidades de un grupo para que nadie dependa exclusivamente de una sola persona.
Tres personas, tres responsabilidades
El Código de Búsqueda y Supervivencia Triada propone distribuir las responsabilidades entre tres roles que pueden rotarse, está el proveedor, encargado de alimentos y agua. Su tarea no se limita a comprar comida. Debe conocer las necesidades del grupo, sus restricciones, alergias y condiciones particulares, además de prever la provisión de agua y conocer alternativas para conseguirla y hacerla segura en un escenario de supervivencia.
Luego aparece el protector, responsable del botiquín y del equipo técnico. Debe conocer las características de quienes integran el grupo y preparar los elementos necesarios según la actividad, desde el botiquín hasta los equipos personales de seguridad, también debe existir comunicación con los familiares. Saber dónde está el grupo, cuándo piensa regresar y quiénes son sus contactos puede convertirse en una información fundamental cuando ocurre una emergencia.
El tercer rol es el facilitador, encargado del refugio y el fuego. Su responsabilidad comienza incluso antes de instalar una carpa, revisando que estén completas las varillas, anclajes, templetes y demás elementos. Pero también debe saber qué hacer si la estructura se pierde o resulta inutilizable, la propuesta tiene otro componente importante: nadie debe convertirse en indispensable.
Cada integrante debe aprender el trabajo de los demás. Así, los roles pueden rotarse y el conocimiento queda distribuido. La seguridad del grupo no depende de una sola persona.
La regla de los tres
Fidel también parte de una enseñanza clásica de supervivencia: la llamada regla del tres.
Tres minutos sin aire.
Tres días sin agua.
Tres semanas sin comida.
Más allá de la exactitud con la que cada situación pueda variar según las condiciones de una persona y del entorno, la enseñanza que Fidel quiere transmitir es clara: en una emergencia existen prioridades y hay que conocerlas antes de necesitarlas. La preparación, además, no debería quedarse en el entusiasmo de un día.
Fidel resume su filosofía con otra regla: a los tres días se pone a prueba la motivación, a las tres semanas puede comenzar a consolidarse un hábito y a los tres meses pueden verse resultados. Es, en el fondo, una invitación a dejar de pensar que la supervivencia es un asunto exclusivo de militares, rescatistas o aventureros, también pertenece a las familias.
Un morral que no debería esperar a la tragedia
Una de las recomendaciones más concretas de Fidel es tener preparado un morral para las primeras 72 horas posteriores a una emergencia, alimentos no perecederos, botiquín, elementos de higiene, medicamentos de uso habitual, linterna, radio con baterías, encendedor, velas, silbato, cordino, manta térmica, filtro portátil para agua, copias de documentos, llaves e identificación son algunos de los elementos que propone considerar. También incluye a quienes muchas veces quedan olvidados en las emergencias: los animales de compañía.
La idea es que cada integrante de la familia tenga su propio morral, adaptado a sus necesidades, y pueda responder de manera autónoma sin perder de vista la solidaridad con los demás, porque prepararse no significa vivir con miedo, significa saber qué hacer cuando el miedo llegue.
Una bandera para que también los encuentre el cielo
La propuesta de Fidel incluso contempla la identificación visual, los integrantes de la triada pueden diferenciarse mediante colores, según el sistema que plantea: amarillo para la persona de mayor edad o experiencia, verde para la más joven y fucsia para una mujer, el campamento también tendría una identificación propia mediante una bandera blanca cuadrada de tres metros con el símbolo de la triada. La misma podría utilizarse como elemento de protección o toldo y, especialmente, como referencia visible desde el aire en una búsqueda con aeronaves o drones.
Puede parecer un detalle menor hasta imaginar una emergencia en una montaña, un bosque o una zona de difícil acceso, en esos escenarios, ser encontrado puede depender de algo tan sencillo como hacer visible el lugar donde se está.
De Armero a una enseñanza para la vida
Fidel Díaz Triana ha construido buena parte de su trayectoria alrededor de la emergencia, el rescate, el montañismo y la formación, fue infante de marina comando de selva, integrante del grupo de búsqueda y rescate de la Cruz Roja de Ibagué, vicepresidente de la Asociación Tolimense de Montañistas y Escaladores, fundador de la Unidad de Emergencia Scout, subjefe regional scout del Tolima y jefe del Grupo Scout número 10.
Su servicio durante la tragedia de Armero también le significó reconocimientos, entre ellos la Cruz del Mérito Nacional, además de una mención relacionada con su servicio y acompañamiento durante aquella tragedia, hoy dirige el Centro de Entrenamiento Campoaventura, participa como miembro honorario y voluntario del Equipo Scout de Emergencia, trabaja como gerente de ventas de Rena Ware y dedica parte de su experiencia a desarrollar y socializar el Código de Búsqueda y Supervivencia Triada.
Lo hace mediante exhibiciones de equipos de montaña y supervivencia, testimonios, simulacros y talleres de primeros auxilios y supervivencia urbana dirigidos a familias, empresas, colegios y grupos organizados, pero quizá la parte más poderosa de su trabajo ocurre lejos de los escenarios formales, ocurre cuando se acerca a un desconocido y le dice:
“¿Me regala dos minutos?” dos minutos para hablar de prevención, dos minutos para hablar de Armero sin quedarse en la tragedia, dos minutos para recordar que una emergencia puede llegar sin avisar y que la diferencia entre el caos y una posibilidad de sobrevivir muchas veces comienza mucho antes, cuando todavía no ha pasado nada.
Fidel vivió una tragedia que dejó heridas profundas en Colombia. Su respuesta no fue quedarse mirando hacia atrás, decidió mirar hacia adelante y convertir lo que aprendió entre ruinas, búsqueda y rescate en una pregunta que cualquier persona debería hacerse antes de necesitar la respuesta: si mañana ocurre una emergencia, ¿estoy realmente preparado?