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De la Espriella y el reto de fortalecer la educación superior pública

En el caso particular, la Universidad del Tolima representa para miles de jóvenes la posibilidad de acceder a una profesión sin que el origen económico de sus familias determine su futuro, pero también representa un lugar en el que convergen las investigaciones sobre agricultura, agua, salud pública, turismo, producción, tecnología, desarrollo territorial, entre muchos otros temas, y es esa perspectiva justamente la que debería ser el punto de partida de las acciones del gobierno de la llamada “Patria Milagro”.
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6 Sep 2026 - 8:28 COT por Juan Manuel Díaz Borja

El presidente Abelardo de la Espriella tiene una oportunidad enorme para transformar la educación superior pública del país. Si bien es cierto, hoy tenemos universidades que han crecido y que han ampliado su cobertura en los territorios, problemas como la deserción, la desconexión con el mercado laboral, el déficit de infraestructura y tecnología, y la brecha entre las regiones, requieren de la mano urgente del nuevo mandatario.

Hay algo que decir con toda claridad, y es que Colombia no puede seguir pensando la educación superior únicamente desde Bogotá y desde las grandes instituciones del país como ha ocurrido históricamente. Regiones como la nuestra, tienen problemas, vocaciones y necesidades diferentes, y justamente las universidades regionales están llamadas a ser parte de las soluciones. En el caso particular, la Universidad del Tolima representa para miles de jóvenes la posibilidad de acceder a una profesión sin que el origen económico de sus familias determine su futuro, pero también representa un lugar en el que convergen las investigaciones sobre agricultura, agua, salud pública, turismo, producción, tecnología, desarrollo territorial, entre muchos otros temas, y es esa perspectiva justamente la que debería ser el punto de partida de las acciones del gobierno de la llamada “Patria Milagro”.

La universidad regional debe convertirse en el cerebro de su territorio, y para que eso ocurra se necesita mucho más que aumentar presupuestos, que, aunque necesario, es esa la mirada más reduccionista de la discusión. Necesitamos políticas nacionales que entiendan las diferencias y particularidades entre las universidades, que premien la calidad, que estimulen la investigación y que permitan que cada institución pueda desarrollar su propio potencial sin perder la autonomía que constitucionalmente les corresponde.

Y aquí aparece uno de los asuntos incómodos pero que resulta indispensable discutir, por supuesto que la universidad pública necesita más recursos, pero también necesita mejores resultados y mayor transparencia en la manera como los administra. Defender la educación pública no significa que todo lo que ocurra dentro de ella deba ser defendido o esté bien. De hecho, la misma Universidad del Tolima carga con varias dificultades y cosas que merecen tener una mirada distinta adportas de un nuevo periodo rectoral. Al contrario, quienes creemos en la universidad pública estamos llamados a ser los primeros en exigir que cada peso invertido produzca el mayor beneficio posible para la comunidad universitaria, pero también para la sociedad que ve en las instituciones de educación superior una alternativa de solución a sus problemas. No tiene sentido reclamar permanentemente mayores recursos y, al mismo tiempo, evitar cualquier discusión seria sobre eficiencia administrativa, contratación o incluso sobre algunas dinámicas de los estudiantes que terminan afectando la calidad académica, la estabilidad de las instituciones y lacerando el concepto constitucional de la autonomía universitaria.

El presidente De la Espriella tiene ante sí la posibilidad de dejar una marca que quizá no sea visible inmediatamente, pero que puede ser mucho más profunda que cualquier obra física, si consigue que los jóvenes tengan mejores universidades, que las regiones produzcan más conocimiento, que haya una efectiva articulación entre la universidad, la empresa y el Estado, que los profesores puedan investigar y enseñar en mejores condiciones, y que los títulos universitarios y los méritos académicos vuelvan a representar oportunidades reales en un país en el que incluso el mismo expresidente olvidó cuando decidió vincular a su equipo cercano, personas con títulos académicos falsos y múltiples cuestionamientos de tipo ético y moral. Necesitamos un sistema de ciencia, tecnología e innovación que fortalezca la investigación y permita una articulación real entre el Ministerio de Educación, las entidades territoriales, el sector productivo y desde luego las instituciones de educación superior, y no quedarnos por fuera de coyunturas globales como por ejemplo el de la Inteligencia Artificial que hoy apremia.

Esa transformación, a diferencia de tantas discusiones políticas que duran lo que dura un gobierno, permanecerá mucho después de que el presidente Abelardo deje la Casa de Nariño. En la UT estamos listos para dar esas discusiones.

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