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Hija pide que interno con cáncer terminal pueda morir acompañado de su familia

El hombre enfrenta metástasis avanzada y depende de cuidados paliativos permanentes.
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25 Feb 2026 - 21:24 COT por Ecos del Combeima

En una habitación de la Clínica Medicadiz, lejos del ruido de los patios carcelarios, Jesús Antonio Cadena Suárez atraviesa sus últimos días. El cáncer agresivo que le fue diagnosticado avanzó con metástasis múltiple y los médicos ya suspendieron los tratamientos oncológicos. Su atención es paliativa. El pronóstico, según su familia, es de días.

Cadena Suárez se encuentra privado de la libertad en el Complejo Penitenciario y Carcelario de Ibagué Coiba Picaleña, donde ha permanecido durante más de 15 años. Hoy su condición es de dependencia total: no es apto para reanimación, no puede ingresar a Unidad de Cuidados Intensivos y requiere asistencia permanente para sus necesidades básicas.

Para su hija, Lorena Cadena Gamboa, el dolor no radica únicamente en la enfermedad. Su angustia se concentra en una posibilidad: que, si la clínica ordena su salida, deba regresar al centro penitenciario en el estado crítico en el que se encuentra. “Sería inhumano que vuelva a una celda en estas condiciones”, ha expresado en su llamado público.

La familia solicitó al Juzgado Quinto de Ejecución de Penas de Ibagué la detención domiciliaria por razones humanitarias. Sin embargo, la petición fue negada mientras no exista un dictamen oficial de Medicina Legal que certifique formalmente su situación. El tiempo, en este caso, no es un elemento neutro: corre en contra.

Ante la negativa, interpusieron una acción de tutela buscando que se priorice el derecho a la dignidad humana, incluso tratándose de una persona privada de la libertad. Recuerdan que la jurisprudencia de la Corte Constitucional ha reiterado que la dignidad no se extingue con la condena.

Antes de su reclusión, Jesús Antonio Cadena Suárez fue director del DAS en Girardot. Durante su permanencia en prisión, según relatan allegados, lideró un apostolado de evangelización que influyó en otros internos. Hoy su realidad es la de un paciente en fase terminal que depende de cuidados paliativos y acompañamiento familiar.

El caso abre nuevamente el debate sobre el tratamiento humanitario a personas privadas de la libertad con enfermedades irreversibles y sobre la rapidez de las decisiones judiciales cuando el desenlace es inminente. Mientras se espera el fallo de la tutela, una hija insiste en algo simple y profundo: que su padre pueda despedirse rodeado de los suyos y no entre rejas.