Ataco, mañana: una riqueza atrapada en la ilegalidad
Ataco mañana, así solía escribirse en telegramas y hoy por mensaje de texto, para advertir visitas y compromisos con ese extraordinario municipio ubicado en el sur del departamento del Tolima; que, paradójicamente, vive una gran tragedia ambiental, social y económica por cuenta de su propia riqueza. Región rica en minería y agricultura, con una población muy pobre, insegura y frustrada por cuenta de la ilegalidad. Como dice María Cristina: “esa ilegalidad no es minería, como tampoco el cultivo ilícito es agricultura”.
Esta lamentable situación tiene dos caras de una misma moneda. Ataco, donde generación tras generación había vivido de la agricultura básica y una minería artesanal, se encuentra hoy sometido a la ilegalidad, pues esa irregularidad ha roto ese formato histórico y ha sobrepuesto la impunidad y la violencia sobre la sana convivencia. Con lo sucedido allí, donde más de 5.000 personas provenientes de otros departamentos han llegado a depredar y degradar ríos y centenares de hectáreas. No alcanza ningún esfuerzo policivo ni institucional, local ni territorial para controlarlo, si no se cuenta con ayuda de un ¨Estado Central¨ y una política nacional que busque con urgencia, resolver esa distorsión socioeconómica territorial que impide un desarrollo legítimo y en paz.
Relato que parece ficción, cuando allí en Ataco se evidencia esas dos caras de una misma moneda, al escuchar presencialmente a dos amigos y compañeros de escuela entre sí, sentados en una misma mesa, demostrando ser tercera generación al recordar y mencionar sus abuelos y familias atacunas. Uno de ellos, que nunca salió de su tierra y aprendió el oficio de la minería, tal como bien lo hizo su abuelo y su padre; y el otro, ya doctor de una de las mejores universidades de España, que perdió esa tradición agrícola, actividad que permitió la educación de su padre y hasta la de él mismo.
El último de esos dos muchachos regresó después de haberse hecho doctor en España y luego de instalarse en Ciudad de México, donde su trabajo como corredor de bolsa le permitió descubrir el gran mercado que tenía ese fruto (cacao) que cultivaba su abuelo en una finca que aún conservan y que hoy pretenden repotenciar para exportar; y el otro, muy por el contrario, que nunca salió de allí y que aprendió desde muy joven el oficio de la minería artesanal. Minería tradicional y artesanal, hasta que llegaron las máquinas amarillas con nuevos dueños, a raspar sus tierras, con o sin permiso; lo fueron haciendo hasta contaminar de ilegalidad toda esa tradición minera e historia informal, más no ilegal. Hoy casi todo se ve irregular por cuenta de esa carga de ilegalidad que no deja ver lo que allí existía y existe, por que aún lucha por sobrevivir.
Entonces, ¿cómo hacer para imponer lo legal y combatir la ilegalidad sin una política nacional robusta y coherente? ¿Cómo hacer para que lo legal coexista con la comunidad y así romper con esa nueva cultura de la ilegalidad?
Definitivamente, desarrollando nuevas y eficaces políticas públicas que permita el uso responsable, razonable y legal de todos los recursos naturales, que la comunidad necesita para satisfacer sus necesidades: recursos como el agua, el aire, el suelo, los minerales y la misma energía solar. Todo podría desarrollarse a través de mecanismos legales de concertación, llámense recursos renovables como el agua y el suelo; recursos no renovables como el petróleo, el gas y los minerales; o aquellos que son inagotables, como la energía solar y eólica. Sería la única manera de contrarrestar la ilegalidad y superar la informalidad, redistribuir la riqueza y generar desarrollo para esta y las próximas generaciones.
Tal como sucedió con Planadas-Tolima, hoy modelo de Paz Total, una vez se firmó el Acuerdo de La Habana y llegó la presencia del Estado central y regional; así debería suceder con Ataco-Tolima, al convertirlo en otro laboratorio de paz, recuperando la legalidad y legitimidad, para que también lleguen nuevos acuerdos, se logren consensos, se imponga la justicia y llegue la prosperidad. Tiene que ser así, como lo propone la autoridad departamental, con mucha responsabilidad, legalidad y legitimidad, porque hay cosas que siendo legales, no son legítimas.
Mejor, regiones ricas con poblaciones prósperas, que regiones ricas con poblaciones pobres. Pues Ataco, como Planadas, tienen todo para conseguirlo y ser ejemplo patrio, de cómo se logra superar el desamparo nacional, y pasar de ser cuna de violencia a convertirse en remanso de abundancia y bienestar.