La voz del pueblo es la voz de Dios
“Vox populi, vox dei”; la voz del pueblo es la voz de Dios. Una frase dicha como advertencia a Carlos Magno en el año 800 por parte de Alcuino de York.
Acuño esta frase por lo sucedido en las elecciones legislativas que vivimos el pasado domingo, puesto que, por primera vez en la historia colombiana, en unas elecciones a congreso, la participación ciudadana alcanzó un 50.6%, lo equivalente a un poco mas de 20.9 millones de votantes. Es decir, que se invirtió la ecuación ganándole al abstencionismo que se ubicó en un 49.4%. En el 2022 la participación fue de un 47%.
Estos datos son importantes, pues reflejan el interés progresivo que se viene presentando en los ciudadanos por la situación política del país. En nuestro departamento, aunque fue ligeramente inferior al promedio nacional, mostró una movilización importante en comparación con años anteriores, con un 47.7% de participación equivalentes a 562.050 votantes.
Mas allá del análisis de los resultados de las curules y la representación de los partidos, que la gente asuma con más compromiso el deber de elegir para exigir, supone una mayor responsabilidad para quienes gozaron de la confianza popular. Ya las elecciones pasaron, las confrontaciones hay que dejarlas atrás, porque hoy todos buscamos resultados palpables de una gestión que sigue en deuda.
En el Tolima, la unión debe ser nuestra fuerza. Que exista unidad de criterio en nuestros congresistas para que tengan de común denominador las necesidades que existen es imperioso. Cualquier esfuerzo individual por avanzar en reducir la brecha de precariedad de las vías terciarias, el fondo de estabilización del precio del arroz, las situaciones de las vías de acceso terrestre y aéreo – la doble calzada Cajamarca a Ibagué y la ampliación del aeropuerto – que nos resta competitividad, entre otras, no serán suficientes ya que se necesita del presupuesto nacional.
El pueblo ya se pronunció, como lo hace cada dos años que hay elecciones, solo que esta vez el aire es distinto, la expectativa es mayor y el momento que atraviesa el país requiere que se piense en el bienestar común con prospectiva y amor por el país.
Los sueños, las ideas, pero sobre todo las necesidades, no tienen color político. Si esa pudiera ser la lógica de nuestros congresistas, se le haría honor a la voluntad del Dios pueblo.