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Sobre la fórmula Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo

La fórmula está hecha, y mientras Paloma aporta identidad política clara y coherencia con el proyecto del uribismo, Oviedo introduce matices, diversidad y un intento de modernización y suavidad del discurso de la derecha que no lograron hacer ni Claudia López ni Sergio Fajardo en sus dos aspiraciones.
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15 Mar 2026 - 8:40 COT por Juan Manuel Díaz Borja

Paloma Valencia decidió escoger a Juan Daniel Oviedo como fórmula vicepresidencial. Sin duda, dicha decisión ha sido una de las jugadas políticas más inteligentes del uribismo en los últimos años. Primero, porque logra pescar una buena mayoría de los votos de centro que obtuvo Juan Daniel; y segundo, porque el mensaje político es claro: en estos tiempos, los moldes rígidos en donde solo cabían los del Centro Democrático, históricamente identificado con las posturas conservadoras y de extrema derecha, ahora buscan ampliar el espectro apostando por un economista de muy alto perfil técnico, con votantes que no están alineados ni a la izquierda ni a la derecha, y con una narrativa de tipo personal que rompe con casi todos los estereotipos del propio sector.

El vice de Paloma no llega como un mero acompañante o relleno de campaña. A diferencia de Francia Márquez en la candidatura de Petro hace cuatro años, o incluso de la actual senadora Aida Quilcué, quien fue anunciada en días pasados por el candidato Iván Cepeda como su fórmula vicepresidencial, Juan Daniel Oviedo tiene gran reconocimiento nacional, una trayectoria académica y, especialmente, un perfil de alto nivel que lo configura como una gran apuesta para hacerle contrapeso a la izquierda, que, contrario a perder terreno, tuvo muy buenos réditos en la elección a Congreso el pasado 8 de marzo.

Como toda apuesta, esta de incluir a Oviedo tiene algunos riesgos. El primero de ellos es la diferencia de criterio con el grueso del uribismo, especialmente en lo que tiene que ver con el acuerdo de paz. Oviedo ha defendido el proceso de paz, y el uribismo ha afirmado en los últimos diez años que hay que “volverlo trizas”, y eso es algo que seguramente puede generar tensiones en un eventual gobierno de Paloma como presidenta. Igualmente, los temas relacionados con las diversidades sexuales son algo en lo que puede ser difícil ponerse de acuerdo, pues es claro que el uribismo ha sido tajante frente a las posturas de matrimonio igualitario y adopción de niños por parte de parejas homosexuales; y Oviedo, al identificarse como gay, tiene unas posturas que pueden ser incómodas para las bases conservadoras del país que ven en Paloma, luego de la gran consulta, una firme candidata para darle la pelea a la maquinaria del gobierno nacional, y al extremismo e inexperiencia de Abelardo de La Espriella en lo público.

Sin embargo, y a juzgar por las declaraciones recientes de personajes como el expresidente Uribe, Paloma Valencia pareció haber comprendido que las elecciones se ganan realizando acuerdos y uniendo fuerzas, pues este país, a diferencia de lo que pasaba hace 50 años, ya no es solo azul y rojo. Ahora hay un escenario sumamente polarizado, y es claro que se necesita atraer votantes moderados, independientes e incluso decepcionados de Petro y de quienes han intentado darle la pelea.

La fórmula está hecha, y mientras Paloma aporta identidad política clara y coherencia con el proyecto del uribismo, Oviedo introduce matices, diversidad y un intento de modernización y suavidad del discurso de la derecha que no lograron hacer ni Claudia López ni Sergio Fajardo en sus dos aspiraciones. El dilema está en que personajes radicales del mismo Centro Democrático, como María Fernanda Cabal, no terminen implosionando la campaña, por el simple hecho de no entender que este país dejó de ser mayoritariamente “uribista” hace mucho tiempo, y que, si hay una oportunidad cercana de poder volver a gobernar de nuevo, es esta, pues Paloma obtuvo una votación valiosa en la pasada consulta, incluso superando las cifras de Iván Cepeda en la consulta hecha por el progresismo meses atrás.

Amanecerá y veremos.