Pasar al contenido principal
Econoticias y Eventos
Opinión
COMPARTIR
Se ha copiado el vínculo

¡Coherencia por favor!

Aquí no se trata de elevar el debate o mejor reducirlo a temas de derecha o de izquierda, de “Petristas o Uribistas”, de “Guerrilleros o Paracos”.
Imagen
Crédito
Ecos del Combeima
16 Abr 2023 - 9:14 COT por Ecos del Combeima

Uno de los grandes retos de los seres humanos es el de ser coherente; esa armónica relación que existe en actuar conforme a lo que se piensa y lo que se dice. Bien lo establecía Mahatma Gandhi: “La felicidad consiste en poner de acuerdo tus pensamientos, tus palabras y tus hechos”.

Sin embargo, esa unión es tan difícil de sostener cuando se ha vuelto común que los hechos de las personas estén  totalmente alejadas de lo que alguna vez han dicho o representado , haciendo más popular el viejo adagio: "predicar pero no aplicar", o como alguna vez lo dijo Walter Riso: “Hay gente que funciona como una escopeta de perdigones: piensa una cosa, siente otra y sus actos se dispersan sin dirección.”

En el ámbito político o de lo público si que aplica esta frase, sobre todo a la hora de gobernar, cuando en el afán por conseguir la aprobación popular se vuelven tan flexibles, que sobrepasan los límites ideológicos, partidistas y hasta personales; es que desde que se inventaron eso de que la política es “dinámica”, con esas palabra justifican “volteadas”,  traiciones y “cambios de opinión”.

Un ejemplo claro de incoherencia es lo que sucede con el Gobierno Nacional y sus representantes; desde que estaban en su proceso de campaña para llegar a dirigir el país, decían lo que la gente quería escuchar y ahora, ya en el ejercicio de administrar el destino de los Colombianos, nos manejan mal, con propuestas insulsas, utópicas e irrealizables. Atrás, quedaron las promesas de reducción de gastos del aparato estatal, siendo un gobierno de derroche, de acciones improvisadas, que ahuyenta  y genera desconfianza en la inversión privada; en el que se habla de paz total pero que se convierte permisivo y casi en cómplice del recrudecimiento de la violencia, en el que parece que se condenara la legalidad y se premie estar al margen de la Ley. 

Aquí no se trata de elevar el debate o mejor reducirlo a temas de derecha o de izquierda, de “Petristas o Uribistas”, de “Guerrilleros o Paracos”, se trata de ser consecuentes con las necesidades que enfrenta la sociedad y en donde los únicos enemigos son la falta de oportunidades, las muertes, la seguridad, el hambre. 

Entonces, es precisamente esa falta de coherencia la que genera un ambiente de incredulidad y desconfianza por parte de los ciudadanos ante todas las acciones de los políticos. Actuaciones salidas de contexto, sin la cohesión que se espera de alguien que está en el ejercicio de lo público y que representa e interpreta los intereses de sus votantes, de un partido y de la sociedad en general. Obviamente, esto no solo aplica para la política, aplica para la vida.

También te puede interesar estas columnas

Un territorio puede promocionarse, participar en ferias, diseñar rutas gastronómicas o abrir convocatorias empresariales. Sin embargo, el verdadero impacto económico ocurre cuando esas acciones se traducen en algo concreto: ventas, empleos, encadenamientos productivos y permanencia del ingreso en la región.

Esta es una estrategia de polarización que le ha funcionado. Y le funciona, porque simplifica la realidad, ordena el debate en categorías emocionales y facilita la movilización.

Esta lamentable situación tiene dos caras de una misma moneda. Ataco, donde generación tras generación había vivido de la agricultura básica y una minería artesanal, se encuentra hoy sometido a la ilegalidad.

Es muy triste que, aunque hoy existan más denuncias, no haya la misma proporción de justicia, pues el país se acostumbró a la indignación digital, a los nombres que circulan, a testimonios que conmueven, a debates encendidos y luego al olvido.

El cierre o la restricción del tránsito en el estrecho de Ormuz, por donde circula una parte significativa del comercio energético y petroquímico mundial, ha desatado un efecto dominó.

Sembrar en Colombia se volvió un acto de valentía… o de terquedad campesina, que para el caso es casi lo mismo. Hace unos años uno sembraba con esperanza; hoy muchos siembran con calculadora en una mano y rosario en la otra.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.