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No más palos en la rueda

Hace poco escuché a un exfuncionario de la administración “Con todo el Corazón” – que ironía- lanzando todo tipo de invectivas a las obras que avanzan en la ciudad.
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Ecos del Combeima
21 Ene 2022 - 11:18 COT por Ecos del Combeima

Lastimosamente hace carrera nuevamente en la ciudad las críticas más que técnicas de odios y envidias sobre grandes proyectos que se planean realizar en la Ibagué. El desarrollo se ve entorpecido por los comentarios mal intencionados de quienes por motivaciones personales, politiqueras y envidiosas lanzan conjeturas falces para confundir a la opinión pública, distraer a los gobernantes y buscar réditos electorales.

Hace poco escuché a un exfuncionario de la administración “Con todo el Corazón” – que ironía- lanzando todo tipo de invectivas a las obras que avanzan en la ciudad y a los proyectos que se anuncian, como, por ejemplo, la remodelación y modernización del parque Centenario y el viaducto de la calle 60. Esta persona, con objetivos politiqueros “cuestionaba” sin razones los anuncios, al tiempo que descalificaba los avances significativos en las obras de escenarios deportivos y colegios. 

Esta práctica mezquina por demás, es la salida de quienes sin argumentos y ante gobiernos que trabajan por la gente, tratan de desestabilizar con mentiras el desarrollo para una ciudad que reclama a gritos grandes obras, grandes cambios y desarrollo para el beneficio y goce de todos. Me pregunto: ¿y cuando ellos tuvieron el poder, tuvieron la oportunidad por qué no hicieron nada? No fueron capaces de pensar en ciudad, no lograron nada para la gente, quizás para ellos, pero para avanzar hicieron muy poco.

Vale la pena decir que la opinión pública a diferencia de hace algunas décadas recibe con beneficio de inventario los lánguidos cuestionamientos y entiende que sus propósitos no son buenos y que por el contrario se determinan como enemigos del progreso llevados por sus envidias y poca calidad argumentativa y técnica. 

Seguro que los votos que piensan ganar con engaños jamás legarán a las urnas, por el contrario, por sus declaraciones serán condenados al desprestigio y a la abrumadora derrota democrática, de una sociedad que castiga a quienes hablan mucho, pero hacen muy, muy poco por la gente.

Es momento de avanzar, suena a lugar común, pero es imperativo hacer el llamado para hacer oídos sordos a las lenguas largas que confunden, engañan, juzgan y maltratan, es momento de escuchar las grandes propuestas para Ibagué, Tolima y Colombia, es momento de elegir a quienes han demostrado trabajo, sensibilidad social y preocupación por la gente, a quienes han dado resultados tangibles, a quienes han gobernado para todos y han trasformado vidas y territorios.

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Porque Colombia tiene esa costumbre peligrosa de olvidar la sequía cuando llueve y olvidar el aguacero cuando hay sequía. Y así llevamos décadas atrapados en el mismo ciclo, sufriendo los mismos desastres y prometiendo los mismos planes que nunca llegan a la vereda.

Ibagué no puede seguir siendo una ciudad administrada bajo la lógica de las herencias políticas. La Alcaldía no es un patrimonio personal, ni una cuota burocrática, ni un premio para quien haya acompañado a determinado dirigente durante una campaña.

La inteligencia artificial no es simplemente ChatGPT respondiendo preguntas. Estamos frente a una tecnología capaz de intervenir directamente sobre el conocimiento, durante siglos considerado esencialmente humano.

La discusión sensata, entonces, no debería ser "armas sí" o "armas no". Debería ser qué controles funcionan, quién puede acceder legalmente a un permiso, cómo se verifica su responsabilidad y, sobre todo, qué está haciendo el Estado frente al enorme mercado ilegal.

Lo que define si esa mirada se convierte en inversión concreta es si el territorio tiene emprendimientos listos para recibirla: con modelo validado, con equipo capaz de ejecutar y con la disposición de jugar bajo las reglas de quienes ponen el dinero.

Ejemplo de ello es que hoy en Colombia se habla solo de izquierda y derecha, ambas de corte popular, aunque se insiste en calificarlas como de extremos; pero sin el impacto popular difícilmente habrían logrado lo que alcanzaron electoralmente.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.