El hambre de los inocentes
Es muy complejo explicar el sufrimiento y menos aún el de los inocentes. Un niño es frágil, vive en permanente riesgo, es víctima de su incapacidad de defenderse del mundo adulto, requiere cuidado, amor y ayuda. Un día como hoy, en donde se recuerda con dolor la muerte de los niños menores de 2 años, víctimas de Herodes en Belén, obliga a reflexionar sobre la condición actual que viven muchos niños de nuestra región, esos inocentes que hoy sufren hambre y que pese a los buenos resultados en materia económica y en la implementación de planes que mitiguen el fuerte impacto de la pandemia, aún permanecen a núcleos familiares que cayeron en pobreza monetaria o en pobreza extrema.
De acuerdo con la última medición del Dane, 55.000 personas en Ibagué cayeron en pobreza extrema, lo cual significa que, en total, 72.000 personas viven con menos de 1.9 dólares y de esta cifra, según estudios globales de la ONU, la mitad pueden ser niños y una gran porción mujeres. A nivel mundial se estima que luego de 20 años de disminuir la pobreza extrema, se presentará un incremento en donde aproximadamente 100 millones de personas llegarán a ella. El desastre económico generado por la pandemia, que nos devolvió a nivel país 10 años en desarrollo económico, ha desencadenado esta crisis en donde a pesar de los esfuerzos de muchos sectores impulsados por el gobierno, se sabe que revertir la cifra no es de la noche a la mañana. En la actualidad, tenemos muchos inocentes aguantando hambre y no queda más que seguir trabajando e invitar a la solidaridad.
El presidente Duque cierra un buen año con un crecimiento económico por encima de lo esperado, una impecable implementación del programa de vacunación, gratuidad en educación superior, incremento de beneficiarios de subsidios en programas sociales; lo anterior, sumado a los resultados buenos en materia de empleo que arrojaran los planes ejecutados por la administración local y departamental, pues sabemos que se continuarán ejecutando obras de infraestructura que impactaran positivamente la cifra de empleo y se continuarán desarrollando los planes de atracción de inversión, desarrollo de turismo y todo lo que tiene que ver con reactivación de económica, deberían necesariamente impactar positivamente en la disminución de esta cruel cifra.
Esperemos que los de Fecode, aparentemente más interesados en aspiraciones políticas que en el bienestar de los niños de Colombia, no impidan que el próximo año se llenen las aulas y vuelvan a clase todos aquellos niños que se encuentran incluso desescolarizados por no tener los medios tecnológicos para asistir a clases virtuales y que puedan beneficiarse del programa de alimentación escolar, que es gran ayuda para los hogares de menores ingresos.
Por todos esos inocentes niños que hoy sufren la pobreza extrema y monetaria, hoy va esta columna para invitarlos a apadrinar un niño o si le queda difícil llegar a un caso, apoyen las organizaciones y personas que se dedican a ayudar con alimentación, albergue, educación y recreación a estos niños que sufren y que naturalmente necesitan ver a Dios en el corazón de todos nosotros expresado en obras que impacten positivamente sus vidas y los aleje de un futuro de dolor, delincuencia y sufrimiento.
Que el 2022 nos permita tener los medios para ayudar y compartir y, nos de la sabiduría para elegir a quien continuará desarrollando el país y no nos dejemos llevar por discursos de odio y engaño. Que no nos pase lo de Chile. Feliz año queridos lectores.