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Policía, democracia y sociedad

Nuestro país es distinto, después de la constitución del 91 y sus múltiples reformas, hemos avanzado en el reconocimiento de muchos derechos.
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13 Sep 2020 - 8:35 COT por Ecos del Combeima

La seguridad como valor de la democracia, la autoridad ejercida con estricta legalidad y el respeto por las instituciones, son preceptos que siempre he promovido y defendido. Como humanista y demócrata, respeto la diferencia, base fundamental de un proceso de construcción social, que nos debe llevar a acuerdos específicos sobre la resolución de los graves problemas que afronta nuestra nación. La policía nacional, siempre ha sido un gran aliado en el proceso evolutivo de la nación, claro que hemos tenido momentos en los cuales, esta gran institución ha tenido que reconocerse, aceptar sus equivocaciones y transformarse, así fue cuando tuvo que pasar del ministerio del interior al ministerio de defensa, tras la violencia política de los 50, con el argumento que había de quitarse de la manipulación política la fuerza pública, para no ser instrumentalizada. 

Nuestro país es distinto, después de la constitución del 91 y sus múltiples reformas, hemos avanzado en el reconocimiento de muchos derechos, de innumerables artículos y parágrafos, que buscan el equilibrio social y la equidad, sin embargo, parte de las letras parecen muertas en el abandono y la indiferencia, de quienes deben transformarlas en hechos y realidades concretas. Una realidad que debemos cambiar, es que estamos enfrentados a la inconformidad, falta de oportunidades, rechazo, hambre, miseria y pobreza de muchos colombianos, que se convierten con razón, en el caldo de cultivo de unos que buscan aprovechar esta circunstancia, para beneficio electoral, estos oportunistas cambian su rol de opinadores y constructores de democracia a incitadores de odio y violencia.  

No generalizo, pues todos los días comparto con miembros de la policía, ellos en medio de la violencia salvaron mi vida y la de muchos tolimenses, puedo dar fe de su inmensa calidad humana, como gobernador todo el tiempo tuve que relacionarme y articular acciones con muchos de ellos, reconozco su valor y entrega por el país. Seguimos siendo víctimas de la polarización deseosa de réditos electorales, que alienta los ánimos para enfrentarnos como enemigos, cuando juntos debiéramos estar conciliando posiciones, entendernos en principios y fundar una nueva sociedad de respeto por la diferencia y de equidad para el equilibrio social.

¿Qué la policía debe transformarse? ¡Claro que debe transformarse! para ello debe reconocer sus debilidades y equivocaciones, el Estado Colombiano debe propender pronto, en hacer la gran reforma de la política criminal, que ponga en orden los roles de cada uno de los miembros de la fuerza pública, policía judicial y orden público, basada en el sagrado respeto por la legalidad, los derechos humanos y en una gran estrategia que permita una sana convivencia, con autoridad y en paz.

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Nuestro país tiene una peligrosa costumbre política, convertir al presidente de turno en responsable absoluto de nuestras frustraciones.

Una parte importante de la explicación está en las condiciones en que operan esos negocios.

Lo digo sin ironía y sin ganas de bajarle el ánimo a nadie. Lo digo porque esa contradicción, fiesta arriba y números abajo, resume mejor que cualquier informe el momento que vive el cafetero tolimense.

Ojalá que los miembros del equipo de trabajo que ha elegido Méndez para acompañarlo no sean inferiores no solo a su amplia capacidad de trabajar, sino al lugar en el que muchos nos hemos formado y hemos formado a otros.

Estamos fabricando generaciones de nativos digitales capaces de deslizar una pantalla a extraordinaria velocidad, pero cada vez menos dispuestas a permanecer veinte minutos frente a un texto complejo.

Ejemplo de ello es que hoy en Colombia se habla solo de izquierda y derecha, ambas de corte popular, aunque se insiste en calificarlas como de extremos; pero sin el impacto popular difícilmente habrían logrado lo que alcanzaron electoralmente.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.