Pasar al contenido principal
Econoticias y Eventos
Opinión
COMPARTIR
Se ha copiado el vínculo

¿Sobrevivirán las tiendas y minimercados de barrios?

Tres reconocidas tiendas, cuenten ya con 60 puntos ubicados estratégicamente en Ibagué, y con proyección de 90, no cabe duda que impactarán directamente en la dinámica empresarial. Por: Laura Castro.
Imagen
Crédito
Internet
4 Mar 2019 - 11:58 COT por Ecos del Combeima

La apertura de las tiendas Ara del portugués Jerónimo Martins, Justo & Bueno del grupo Mercadería y D1 operado por Koba Colombia, ha generado transformación y cambios en los hábitos y costumbres de los ibaguereños, quienes conforme a las tendencias del marketing del siglo xx, cuentan con un sin número de opciones, para adquirir los artículos básicos para su hogar.

Conforme palabras de Carlos Alvarado con quien, en días pasados sostuve una corta conversación, este fenómeno obedece a un monopolio que atenta contra los mini mercados y tiendas de barrio. Argumenta, Mercacentro se ha visto obligado a diseñar estrategias para contrarrestar los precios bajos de productos ofrecidos por esas tiendas, y no duda en señalar la mala calidad de los mismos. Él se siente seguro, y no mostró ninguna preocupación por una afectación directa a su cadena de almacenes en la ciudad.

Pero la verdad puede ser otra. Que las tres reconocidas tiendas, cuenten ya con 60 puntos ubicados estratégicamente en la ciudad, y con proyección de 90, no cabe duda que impactarán directamente en la dinámica empresarial.  Suficiente con analizar las cifras que entrega la cámara de comercio, donde el decrecimiento en nuevas matrículas de “tiendas, supermercados y minimercados de barrio”, fue del 24,4%, con 537 nuevas empresas de este tipo para el 2017 y 406 para el 2018, eso ya está mostrando, al mediano y corto plazo, el oscuro futuro de estos negocios.

En cuenta a las cifra de cancelaciones de los negocios del 2018, bien sean de personas naturales o jurídicas, esta llego a los 4.670, 486 más que en el 2017. En esta cifra no se lee aprecian la clase de negocios, pero muy seguramente se dieron muchas cancelaciones de los negocios que resultaron afectados con la llegada de estas tres tiendas a la ciudad.

Pero una cosa si es clara, esas tiendas vienen con todo. Saben del negocio, saben que se comienza perdiendo, que primero se invierte, se gana mercado, clientes, prestigio, se llega y se penetra el mercado certeramente y después a recuperar la inversión. Las pérdidas de estas tres tiendas en el 2017: Ara con 346.370 millones, Justo&Bueno $163.961 y D1 $69.266, pero las tres con tendencia al crecimiento y en comparación de la pérdida con el año inmediatamente anterior, habían dejado de perder en un 63%, la primera, en 117% la segunda y en un 170% la tercera.

La preferencia de compra en dichas tiendas, hace realidad el famoso dicho: Los precios bajos gustan a los pobres, pero enloquecen a los ricos. Porque los productos que más demandas los compradores son: detergente para la ropa, blanqueadores, leche líquida, papel higiénico y limpiadores, tienen los mejores precios y si las cifras muestras que son los productos de mayor rotación, quiere decir que no son tan malos como dice don Carlos.

La modernidad y transformación de una sociedad, necesita la permanente observación y calificación, para que de la misma manera se vayan alineando las políticas de generación de empleo, productividad e innovación.

Don Carlos Alvarado decía que le preocupaba el tema del desempleo, porque los negocios de productos básicos de la canasta, por lo general son micro y pequeñas, famiempresas, que derivan su sustento de esta actividad. Mencionaba las exenciones y tratos preferenciales en materia tributaria que tendrían estos negocios en la ciudad.

Pero una cosa si es cierta, 60 nuevas tiendas en la ciudad, con promedio de cuatro empleados en cada una, darían trabajo por lo menos a 180 personas. Está por verse cómo están tributando y contribuyendo en la ciudad, porque el transitar de los carros surtidores, van haciendo estragos en la malla vial.

Si la innovación, la creatividad y la prueba de avanzada como ciudad de la economía naranja, llegan con fuerza y seriedad, las cosas comenzaran a cambiar para Ibagué, de lo contrario la mortandad de las tiendas de barrio en el mediano plazo, será inevitable. 

También te puede interesar estas columnas

Qué bonito hablar de justicia, equidad y seguridad; de estrategias de mano dura o de acuerdos de paz.

En ciudades como Ibagué, donde el movimiento económico se siente en la calle todos los días, es común escuchar que aquí la gente trabaja duro.

Colombia se encuentra en un momento decisivo. El próximo Plan Nacional de Desarrollo 2026 – 2030 no puede limitarse a repetir diagnósticos ni a postergar decisiones estructurales. Si el país aspira a ser competitivo, reducir costos logísticos y consolidar su vocación exportadora, debe dirigir una mirada estratégica hacia una región que merece un lugar central en la agenda nacional: el Tolima.

A pocas semanas de una de las elecciones más importantes en la historia reciente de Colombia, nuestro país enfrenta una rara situación. Nunca habíamos tenido tantas herramientas para informarnos, pero sin profundidad, sin debate, sin argumentos.

En medio de una campaña electoral trascendente y sin precedentes, que sin duda marcará el destino de los colombianos, se observa más que propuestas y soluciones una serie interminable de confrontaciones, sugerencias y recomendaciones.

La reciente decisión del Concejo Municipal de Ibagué de restringir el uso de los celulares en los colegios públicos, especialmente para menores de 14 años, ha sido presentada como una medida necesaria para proteger la salud mental, mejorar la convivencia y fortalecer el rendimiento académico. Sin embargo, más allá de esas buenas intenciones, esta decisión pareciera ser una solución simplista a un problema de gran complejidad.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.