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Vaquero logró poner a salvo su ganado de los abrasadores incendios en Ortega

Por cuenta de las altas temperaturas decenas de hectáreas del predio que pertenece al resguardo fueron consumidas por los voraces incendios de los últimos días.
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15 Ago 2026 - 7:27 COT por Ecos del Combeima

A 20 minutos del casco urbano de Ortega está ubicado el resguardo indígena Kiloka Playa Verde, una comunidad dedicada, especialmente, a la ganadería.

Por cuenta de las altas temperaturas decenas de hectáreas del predio que pertenece al resguardo fueron consumidas por los voraces incendios de los últimos días.

Justo el viernes, cuando las llamas avanzaban sin control por bosques nativos y pastizales, Albeiro Yate, el administrador del ganado del resguardo,  debió poner a salvo el lote  y llevarlo hasta un corral seguro. Montado en un caballo de  vaquería, Albeiro adelantó  la faena que por años ha realizado, esta vez, acosado por el  fuego abrasador y “armado” de una fumigadora de espalda y la confianza en los bríos de su equino.

Albeiro  tuvo unos minutos para contar su tragedia, avistando con nostalgia el humo y las llamas que se trepaban por las imponentes palmas reales con décadas de vida.

“No  hay nada que hacer, porque ya avanzó en las palmas altas y cuando se queman  las palmas altas ya para uno meterse, de pronto, le cae una palma de esas encima y le puede ocasionar más daño del que nos está ocasionando la candela; ya acá nos toca retirarnos“, relató el apurado vaquero.

Albeiro no ocultó su nostalgia: “Tema triste, desolador, porque, bueno, a uno lo conmueve que donde  uno ha nacido se queme, vine hoy desde Ibagué y ver esto me conmueve mucho“.

El vaquero indígena, aprovechó los minutos para pedir a los organismos que no los dejen solos con la tragedia que están viviendo: “Que nos apoyen con los helicópteros para que esta candela no siga aquí para arriba, porque, mire, de aquí para arriba siguen muchas fincas, siguen hectáreas, que eso se las consume la candela en cuestión de nada“.

Al finalizar la entrevista, Albeiro Yate  detectó que el fuego abrasador estaba a pocos metros, apuró su caballo y abandonó el potrero por los caminos que solo ellos conocen, con la tranquilidad de haber puesto su ganado a salvo de las llamas y con la experiencia que solo dan los años de vivir en estas cálidas regiones.