Desde el concejo municipal se le podría estar abriendo la puerta a la cabalgatas, pero con reglas
La posibilidad de retomar estas actividades está relacionada con el cumplimiento de las recomendaciones surgidas de una Acción Popular que durante años impidió su realización. Entre los aspectos pendientes estaba la necesidad de socializar y verificar las condiciones para garantizar que una cabalgata pueda desarrollarse sin poner en riesgo a los animales ni a las personas.
Ese proceso tuvo un nuevo capítulo este martes, cuando en horas de la tarde se realizó una socialización en el CAM de La Pola, escenario en el que fueron revisadas las condiciones que tendría el proyecto que deberá ser presentado ante el Concejo de Ibagué una vez se reinstalen las sesiones extraordinarias.
Una cabalgata digna empieza por los caballos
Más allá de permitir o no el regreso de las cabalgatas, el debate debería concentrarse en cómo hacerlas dignas. Un caballo no puede ser entendido como parte del espectáculo, sino como un ser sintiente cuyo bienestar debe determinar las condiciones del recorrido.
La propuesta contempla controles frente al maltrato, restricciones al uso de fustas, látigos, rejos, perreros, zurriagos, espuelas de castigo y cualquier otro elemento que pueda causarle daño o sufrimiento al animal. También se plantea que un equino con signos de deshidratación, problemas de herraje u otra condición que comprometa su bienestar pueda ser retirado para recibir atención veterinaria.
Esto resulta fundamental, porque la protección no puede comenzar cuando aparece una emergencia. Antes de salir al recorrido debería existir una verificación seria de las condiciones físicas de los animales, su hidratación, estado de salud, herraje y capacidad para soportar la actividad. También deben existir puntos y mecanismos de atención durante el evento y condiciones adecuadas para su llegada, embarque y desembarque.
También hay que proteger al jinete y al público
Una cabalgata segura tampoco puede depender únicamente del comportamiento de quienes participan. El consumo de bebidas alcohólicas durante el recorrido quedaría prohibido y una persona que participe bajo sus efectos podría ser retirada preventivamente, una medida que protege tanto al jinete como al caballo y a quienes estén alrededor.
La propuesta también plantea restricciones para el porte de armas, botellas de vidrio, pólvora y otros elementos que puedan generar accidentes, estrés o alteraciones en los animales. Cada equino deberá llevar únicamente a su jinete y no podrá ser sometido a carreras o estampidas.
El recorrido, además, tendría que estar verdaderamente controlado, evitando el ingreso de vehículos o peatones que no hagan parte de la operación de apoyo. La organización del espacio es clave para reducir cruces inesperados, aglomeraciones y situaciones que puedan provocar que un caballo se asuste o pierda el control.
El regreso solo tiene sentido si hay controles reales
La discusión no debería quedarse en si Ibagué vuelve a tener cabalgatas, sino en si la ciudad está preparada para hacerlas de una manera diferente. Si regresan, tendrán que hacerlo bajo reglas claras, vigilancia efectiva y capacidad de reacción frente a cualquier situación que comprometa la vida o el bienestar de un animal o una persona.
La posibilidad de que adolescentes participen también tendría condiciones especiales de seguridad y acompañamiento, mientras que el principio general sería evitar la exposición de menores a los riesgos propios de este tipo de actividad.
Después de cuatro años, el reto no es simplemente recuperar una tradición. Es demostrar que una cabalgata puede ser una actividad organizada, segura y respetuosa, en la que el disfrute de los jinetes y espectadores no esté por encima del bienestar de los caballos. Porque si algún día regresan las cabalgatas a Ibagué, deberían regresar con una diferencia fundamental: que ningún caballo tenga que pagar el precio de la celebración.