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El legado de Darío Silva Silva

La voz del pastor Darío se apagó, pero estoy absolutamente convencido que sus mensajes y todo su legado permanecerá por siempre.
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20 Sep 2026 - 8:39 COT por Juan Manuel Díaz Borja

En una Colombia en la que durante décadas la relación con Dios parecía depender únicamente de la fe católica, apareció Darío Silva Silva para demostrar que el cristianismo evangélico podía trascender los templos, conquistar espacios en los medios de comunicación y convertirse en una voz con capacidad de incidir en la conversación pública del país. Así nació Casa Sobre la Roca, el 1 de septiembre de 1987, junto a un lenguaje especial que vino de los orígenes del pastor Darío como periodista, quien, entendiendo el poder de los medios, convirtió la comunicación en una poderosa herramienta de evangelización y abrió una puerta para que miles de creyentes pasaran de escuchar en silencio a participar activamente en las discusiones de la sociedad colombiana. El resultado: una iglesia sólida, con 28 sedes en Colombia y presencia en más de cinco países distintos.

La radio, la televisión, la revista Hechos y Crónicas, los diferentes libros, así como las obras, dentro de las que se destaca el Colegio Nuevo Gimnasio Cristiano, hicieron parte de esa estrategia que permitió que esos mensajes cristianos, nacidos en un escenario “religioso”, alcanzaran públicos mucho más amplios y fueran vistos como una manera de ser y actuar tal y como lo hizo Jésús, más que en un sistema religioso apartado de los problemas y necesidades de la gente. Quizás ese sea uno de los aspectos más importantes de su legado.

Pero la historia de Darío Silva Silva también coincide con una transformación profunda de la sociedad colombiana. Durante buena parte del siglo XX, las iglesias cristianas no católicas ocuparon un lugar relativamente marginal en la conversación pública. Con el paso de los años, esa realidad cambió. Crecieron las congregaciones, aparecieron nuevos liderazgos justamente como los promovidos en Casa Sobre la Roca, y posteriormente, muchos sectores cristianos comenzaron a participar de manera abierta en la discusión política nacional, algunos de ellos convirtiéndose incluso en plataformas electorales a las cuales el pastor Darío siempre miró con respeto, pero con una profunda capacidad crítica. Frases como “cristianizar la política, pero no politizar el cristianismo” hicieron parte de esas enseñanzas que, probablemente muchos de los políticos que emergen en estos tiempos, deberían apropiar. Esas posiciones y ese estilo de vida le merecieron, no solo al pastor Darío, sino a la iglesia en conjunto, ser observados con seriedad, incluso por quienes no compartían sus convicciones y sus creencias.

El pastor Darío Silva Silva comprendió, además, algo que muchos dirigentes políticos todavía parecen olvidar: las personas no solamente se movilizan alrededor de programas de gobierno o promesas de campaña. También lo hacen alrededor de valores, identidades, comunidades y relatos que les permiten encontrar un sentido de pertenencia, pero especialmente, encontrar la fe. Ese es precisamente el punto en el que la religión, (o mejor aún) la relación con Dios, y la política terminan encontrándose.

La voz del pastor Darío se apagó, pero estoy absolutamente convencido que sus mensajes y todo su legado permanecerá por siempre. 

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