¿Implosión Barretista?
La campaña a la Gobernación del Tolima empezó en forma y, por los lados del grupo político que ha mantenido el poder regional por más de una década, parecieran estar convencidos de que todos los caminos conducen nuevamente a Óscar Barreto, luego de un discreto paso por el Senado de la República.
Barreto, de buenas maneras y con una habilidad política y un olfato mediático envidiables, ha insistido en la necesidad de que quienes estén interesados en llegar al poder y contar con su aval salgan a los territorios a hacer campaña, al tiempo que él mismo ya tendría definida una nueva aspiración, ante la amenaza de candidatos de peso para enfrentar en la contienda, como es el caso de Guillermo Alfonso Jaramillo, otro viejo zorro que, si bien carga con el lastre de haber hecho parte del saliente Gobierno nacional, tiene un amplio nicho electoral en el departamento y podría convertirse en una amenaza que candidatos como el exgobernador Orozco o el diputado Giovanny Molina tendrían dificultades para derrotar.
En ese mismo espectro político emerge la figura de Fernando Borja, exsecretario de Agricultura del Tolima y viejo amigo de Barreto, quien, empoderado por la misma gobernadora Matiz y apoyado por el staff de contratistas del Gobierno departamental, ha venido recorriendo los pueblos, afirmando ser la alternativa a “lo mismo de siempre”, cuando él y su familia han disfrutado de las mieles de la burocracia Barretista. El dilema aquí es que, en caso de que Borja logre conseguir el aval del Partido Centro Democrático, por el que ha venido indagando, y finalmente pueda ser candidato, lograría llevarse una buena porción de votos de la derecha conservadora del Tolima, esos mismos que llevaron al triunfo al electo congresista Guillermo Alvira, y poner en aprietos las aspiraciones de Barreto y entregarle en bandeja la Gobernación del Tolima a Jaramillo o al candidato que, en efecto, el Pacto Histórico decida postular.
Hoy, quien debería preocuparle a Barreto, en términos electorales, para mantener el poder en la Gobernación, es más Borja que Jaramillo. No por las virtudes de Borja, a quien incluso pareciera costarle transmitir los discursos y la fuerza de las palabras que se necesitan en las tarimas y en la campaña, sino porque muchos de esos aliados con los que ha contado otrora Barreto no quieren saber nada de Orozco, quien, en la encrucijada de la “rubia y la morena”, termina siendo la peor opción por los muchos cuestionamientos que carga, y que ven en Giovanny Molina una muy buena opción, a la que finalmente no van a bendecir desde el Cañón del Combeima pese a ser el diputado con la votación más alta de ese partido.
El tic tac de la implosión Barretista pareciera estar acercándose al minuto cero, y lo peor de todo es que se ven más precandidatos que propuestas serias y concretas para el departamento, que, tras casi 16 años de gobierno conservador, no ve cambios ni transformaciones de fondo.