Pasar al contenido principal
Econoticias y Eventos
Opinión
COMPARTIR
Se ha copiado el vínculo

Cuando el país vota, el empresario también decide

La incertidumbre electoral no es solo política. Para quienes tienen un negocio, tiene nombre propio: costo del dólar, reglas tributarias, carga laboral, acceso a crédito. Todo aquello que define si vale la pena contratar un empleado más, abrir una segunda sede o arriesgar capital en un nuevo proyecto.
Imagen
Adriana Matallana
Crédito
Suministrada
Profile picture for user Adriana Matallana
31 Mayo 2026 - 7:36 COT por Adriana Matallana

Hoy Colombia vota. Y mientras millones de ciudadanos acuden a las urnas para elegir al próximo presidente, hay otro proceso de decisión que ocurre en silencio, en las bodegas, los locales, las oficinas y las mesas de trabajo de los emprendedores y empresarios del país: el de seguir invirtiendo, aplazar, esperar o simplemente sobrevivir.

La incertidumbre electoral no es solo política. Para quienes tienen un negocio, tiene nombre propio: costo del dólar, reglas tributarias, carga laboral, acceso a crédito. Todo aquello que define si vale la pena contratar un empleado más, abrir una segunda sede o arriesgar capital en un nuevo proyecto. Y en Colombia, ese cálculo es estructuralmente difícil, más allá del gobierno de turno.

El más reciente Índice Global de Complejidad Empresarial 2026, elaborado con datos de 81 economías del mundo, ubica a Colombia en el sexto lugar entre los países más complejos para hacer negocios. No es una posición nueva ni coyuntural. Colombia ha estado históricamente en ese grupo, no por culpa exclusiva de un gobierno, sino por una característica que los propios analistas describen con claridad: el problema no es que el juego sea complejo, sino que hoy se juega con unas reglas, mañana cambian y después vuelven a cambiar. Esa es la frase que cualquier empresario tolimense ha pensado en algún momento, aunque no siempre con esas palabras exactas.

A este escenario estructural se le suma la presión del ciclo electoral. En las últimas semanas la tasa de cambio pasó de $3.550 a casi $3.800, reflejando la cautela de los mercados ante la incertidumbre política. Para una mipyme que necesita financiamiento o que importa insumos, esa variación no es un dato macroeconómico abstracto: es plata real que se va o que no alcanza.

La inversión en Colombia se encuentra en uno de los niveles más bajos de las últimas dos décadas, y la expectativa sobre quién tomará las riendas del país amenaza con prolongar la parálisis en las decisiones de largo plazo. Algunos analistas describen este momento como el año del "cambio de técnico": ese instante en que el equipo espera saber quién va a dirigir antes de definir la táctica. Los pequeños y medianos empresarios conocen bien esa sensación.

Sin embargo, y esto es importante decirlo con la misma claridad, el empresariado colombiano no está paralizado. Según el más reciente Índice de Confianza Empresarial, el 72,8% de los líderes de pymes proyecta aumentar sus ventas en 2026, y casi la mitad planea incrementar su inversión en activos fijos. Lo más significativo de ese dato no es el número en sí, sino lo que revela: hay una diferencia importante entre desconfiar del entorno y confiar en la propia empresa. Y esa distinción es, probablemente, la actitud más sensata que puede adoptar un emprendedor en tiempos electorales.

Porque los ciclos políticos pasan. Los gobiernos cambian. Las reglas, aunque con demasiada frecuencia, eventualmente se estabilizan. Lo que no se recupera fácilmente es el tiempo perdido en no haber tomado decisiones estratégicas cuando era el momento. El empresario que paraliza su operación cada vez que hay elecciones, termina acumulando años de inmovilidad disfrazada de prudencia.

La clave no es ignorar el entorno sino leerlo con cabeza fría. Hay decisiones que pueden y deben tomarse independientemente de quién gane: consolidar la base de clientes, mejorar la eficiencia operativa, fortalecer el equipo, reducir deuda innecesaria. Y hay decisiones que sí vale la pena evaluar con más calma, especialmente aquellas muy sensibles a cambios regulatorios o tributarios que un nuevo gobierno podría modificar.

En Ibagué y el Tolima, donde el tejido productivo es mayoritariamente de microempresas y emprendimientos de base popular, la incertidumbre electoral se siente de una forma particular. No porque grandes capitales estén en juego, sino porque los márgenes son estrechos y cada decisión equivocada pesa más. El pequeño empresario tolimense no tiene colchón financiero para absorber errores de timing. Por eso, leer bien el momento es, en sí mismo, una habilidad empresarial que vale la pena desarrollar.

Hoy Colombia vota. Mañana, la vida económica del país seguirá su curso. Y sea cual sea el resultado, los emprendedores volverán a abrir sus negocios, a atender a sus clientes y a tomar las decisiones que nadie más puede tomar por ellos.

Tags: