Los ecosistemas siguen … con talentos hechos en el Tolima ¿Por qué el talento de Ibagué vale más lejos que en casa?
El pasado 16 y 17 de abril, Medellín fue una vez más el epicentro del emprendimiento latinoamericano. La séptima edición de StartCo reunió más de 18.000 asistentes, 340 startups participantes y emprendedores llegados desde 10 países. No fue una feria de exposición. Fue una subasta de startups en vivo, donde los fundadores tienen 15 minutos para cambiar el rumbo de sus empresas frente a cientos de inversionistas. En esas horas se comprime lo que en el circuito tradicional tardaría meses de correos, reuniones y presentaciones.
Las cifras detrás del evento hablan de una transformación de fondo. Desde su nacimiento en 2019, donde se gestionaron USD 1,14 millones en inversión, la plataforma escaló hasta proyectar expectativas de negocios por 18 millones de dólares en sus ediciones más recientes. Quince veces más en siete años. Eso no es tendencia, es madurez de ecosistema.
Y Colombia en su conjunto muestra señales sólidas. Al cierre de 2025, el país alcanzó las 2.100 startups activas, lo que representó un aumento del 24% frente a la medición anterior y un salto superior al 60% en los últimos tres años. Colombia cerró 2025 con USD 224 millones invertidos a través de 62 rondas, ocupando el cuarto lugar en la región después de Brasil, México y Chile. No es poca cosa para un país que hace una década prácticamente no aparecía en el mapa del capital de riesgo latinoamericano.
¿Y el Tolima, dónde está parado en este panorama?
La respuesta honesta es que está construyendo bases, y eso merece reconocimiento. La Cámara de Comercio de Ibagué registró 7.117 nuevas empresas durante 2025, lo que representa un incremento del 11,83% frente a 2024. Ibagué lideró ese crecimiento con 6.611 nuevas matrículas, con un aumento del 13,96%. Las microempresas siguen siendo el motor. La energía emprendedora existe. Pero el salto entre crear una empresa y escalarla con capital externo sigue siendo, para la mayoría de los ibaguereños, un abismo sin puente visible.
Lo que Medellín no construyó en un día merece analizarse con cuidado. Carolina Londoño, directora ejecutiva de Ruta N, explicó que la clave fue preparar a las empresas en temas de gobierno corporativo y finanzas para que la inversión que se atrae sea real y se quede en la ciudad. Detrás del espectáculo de StartCo hay años de trabajo silencioso: programas de formación, infraestructura de innovación, articulación universidad-empresa-Estado y, sobre todo, una apuesta sostenida por construir un lenguaje común entre quienes tienen ideas y quienes tienen capital.
En Ibagué ese trabajo también avanza, pero hay que decirlo, reconozco que hay intensiones profundas; pero el ecosistema de emprendimiento no esta visible, Entidades con maravilloso programas diseñados a todos los sectores por igual, en todas las etapas por igual y no según la etapa de desarrollo de cada iniciativa, buscando ordenar las intervenciones institucionales, evitar la duplicidad de esfuerzos y concentrar la atención en las fortalezas de cada entidad. Es un paso en la dirección correcta. La pregunta que vale la pena hacerse es si el ritmo al que avanzamos es proporcional a la velocidad con que el capital se mueve en el país.
Porque el capital no espera. En StartCo 2026 participaron más de 80 fondos de inversión internacionales, y la derrama económica directa para Medellín se estimó en USD 3,5 millones, convirtiendo al evento en un activo económico para la ciudad, no solo un espacio de networking. Los inversionistas de Chile, México, España y Estados Unidos no llegaron a Medellín por accidente. Llegaron porque encontraron empresas listas para recibir su capital: con métricas, con modelos de negocio probados, con equipos que hablan el idioma de los negocios escalables.
La reflexión no es comparar a Ibagué con Medellín para encontrar lo que falta, sino para entender qué funciona allá y cómo apropiar lo que nos convenga acá en nuestra escala y con nuestra propia identidad. Y en esa conversación hay dos incomodidades que vale la pena nombrar con franqueza.
La primera: los egos institucionales. Construir ecosistemas de emprendimiento exige algo que no siempre resulta fácil en territorios donde cada entidad cuida su parcela: pensar en conjunto, ceder protagonismo y co-crear. Cuando la cooperación se subordina al reconocimiento, los emprendedores terminan navegando una oferta fragmentada donde cada actor jalona hacia su propio programa, su propia marca, su propio indicador. Otros ecosistemas han demostrado que el ecosistema crece cuando las instituciones se articulan alrededor del emprendedor, y no al revés.
La segunda reflexión es más silenciosa pero igual de poderosa: la tendencia a importar lo que ya tenemos. Con frecuencia se buscan expertos de otras geografías porque el acento nuevo genera más credibilidad que la trayectoria local. Y así aplica, con toda su vigencia, ese viejo refrán: nadie es profeta en su propia tierra. El Tolima tiene talento formado, con experiencia real, con conocimiento del territorio. Talento que otros ecosistemas sí valoran, convocan y pagan bien. Lo paradójico es que ese mismo perfil que en Ibagué puede parecer "más de lo mismo", en otros escenarios, instituciones y en general ecosistemas nacionales e internacionales, es reconocido como un activo estratégico. No es un fenómeno exclusivo de aquí, pero sí es una conversación que el ecosistema local tiene pendiente: ¿cuándo empezamos a apostar primero por y para los nuestros? ¿Por qué talento valioso de diferentes actores del ecosistema hacen historias e impactos fuera de Tolima e Ibagué?
El Tolima tiene activos reales que no son menores: talento humano, ubicación estratégica en el centro del país, vocaciones productivas con potencial agroindustrial y tecnológico, y una comunidad emprendedora que (como lo demuestran las cifras) crece con convicción año tras año. Lo que el ecosistema local necesita seguir construyendo es la infraestructura que convierte ese talento en oportunidades concretas de inversión y crecimiento. Y esa infraestructura no es solo física ni tecnológica: es cultural. Es la capacidad de reconocernos, articularnos y apostar por lo propio con la misma energía con que aplaudimos lo que viene de afuera.
StartCo no es el destino. Es el espejo. Y lo que refleja es una pregunta que Ibagué debe hacerse con seriedad: ¿cuándo será la capital musical de Colombia también la capital emprendedora del centro del país?