Sobre la Cumbre Glocal de Economía Circular
En los últimos días, Ibagué fue sede de la Cumbre Glocal de Economía Circular, un evento que congregó delegaciones de más de 30 países, alcaldes, expertos y organismos multilaterales en torno a un tema que ya no hace parte de las discusiones futuras, sino de las urgentes: el cuidado del ambiente.
El mensaje de este evento desarrollado en las instalaciones del Panóptico fue potente: una ciudad intermedia como la nuestra puede liderar conversaciones globales que permitan tejer redes de cooperación y generar diferentes debates en torno a problemáticas de la vida actual, y especialmente iniciativas de desarrollo social, económico, cultural, entre otros, pues durante tres días empresarios, gobernantes, y académicos, hablamos de sostenibilidad, de reciclaje, de bioeconomía, de moda circular y de gobernanza del agua, un tema no menor en el país.
A través de diferentes estand, esta cumbre liderada por la administración municipal se convirtió en un “laboratorio vivo” de proyectos pilotos, inversión internacional, e incluso de relacionamiento institucional y empresarial con personajes claves del mundo de los negocios como la reconocida diseñadora de modas española Agatha Ruiz de la Prada; y fue importante que se desarrollara en la capital tolimense, porque no solo Ibagué, sino la mayoría de ciudades en Colombia, sigue teniendo problemas cotidianos en la gestión de residuos y en prácticas lineales como usar y botar.
La propia cumbre lo dijo sin rodeos: el desafío ya no es conceptual, es de articulación, y ahí está el punto clave. Nuestras ciudades no necesitan más diagnósticos, pues estamos sobre diagnosticados, sino que necesitan ejecución, y eso implica decisiones incómodas como por ejemplo cambiar modelos de negocio, de contratación pública, la exigencia de materiales reciclados en todo espacio y lugar, una transformación de la cultura ciudadana (que probablemente sea lo más difícil), inversión en educación ambiental y, sobre todo, medir resultados.
Algo muy positivo del evento, es que puso a Ibagué en el mapa de estas discusiones a donde pareciera estar escalando cada vez más, atrajo inversión potencial, y generó visibilidad internacional, incluso abriendo puertas logísticas impensables hace unos años, como vuelos internacionales directos hacia la ciudad. Eso es algo para celebrar. Algo por mejorar: es que este tipo de eventos deberían ser abiertos a que todo aquel que quiera ir, lo pueda hacer, es decir que no se sobre el ingreso, pues justamente lo que queremos es que todos y todas participen, pero sobre todo que se genere conciencia colectiva en torno a este tipo de temáticas que no pueden ser excluyentes, ni propias de la elite criolla.
Hoy Ibagué tiene una oportunidad distinta: demostrar que no fue sede de la cumbre por casualidad, sino por capacidad, por ubicación, por cultura empresarial. Que no es solo anfitriona del debate porque es agradable y tiene buenos platos típicos, sino porque es protagonista del cambio. La economía circular no se construye en auditorios, sino en decisiones diarias en todo ámbito, en cómo consumimos, cómo producimos y cómo gobernamos, y aquí fallamos todos en el país. Por ejemplo, algo curioso y que no debió pasar, es que la cumbre hablaba de economía circular, pero en las demostraciones de café y otros alimentos que se hicieron a lo largo de los tres días, algunos de los expositores utilizaron plásticos y materiales de un solo uso. Una contradicción total.
La cumbre ya terminó, y ahora empieza lo importante. Cambiar los chips y ejecutar.
Posdata: a propósito del tema, que mal se han visto algunas calles ibaguereñas con la basura y los plásticos y desechables usados por algunos restaurantes en el marco del Burger Máster. Señores restauranteros: justamente ese es el reto, y en ello, creo que varios han pecado con la presentación de su hamburguesa.