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Economía solidaria: una oportunidad real… que aún no estamos sabiendo ejecutar

Hay asociaciones que se crean con mucha energía, pero no logran sostenerse. Grupos que arrancan con todo, pero se van desgastando. Proyectos colectivos que tienen propósito, pero no terminan de encontrar cómo funcionar en el mercado.
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19 Abr 2026 - 9:30 COT por Adriana Matallana

En Colombia cada vez se habla más de economía solidaria, economía popular, asociatividad. Está en programas, en convocatorias, en conversaciones. Y tiene todo el sentido. Somos un país donde muchas personas salen adelante desde lo colectivo, desde lo local, desde lo que se construye entre varios.

En esencia, la idea es poderosa: no crecer solos, sino juntos. No competir todo el tiempo, sino también colaborar. Construir algo que tenga impacto económico, pero también humano. Hasta ahí, suena muy bien.

Pero cuando uno mira lo que pasa en la práctica, la historia es un poco distinta.

Hay asociaciones que se crean con mucha energía, pero no logran sostenerse. Grupos que arrancan con todo, pero se van desgastando. Proyectos colectivos que tienen propósito, pero no terminan de encontrar cómo funcionar en el mercado.

Y no es porque la economía solidaria no sirva. Es porque, muchas veces, la estamos intentando hacer sin lo básico que cualquier empresa necesita.

Trabajar en equipo no reemplaza la organización.

Tener propósito no reemplaza saber vender.

Y asociarse no elimina la necesidad de tomar decisiones claras.

Ahí está uno de los puntos más importantes.

A veces creemos que por ser un modelo “solidario” puede operar de otra forma, más flexible, más intuitiva. Pero la realidad es que el mercado no funciona con intención, funciona con ejecución.

Y cuando esa ejecución no está, el proyecto se empieza a caer.

Por eso, más que cuestionar el modelo, vale la pena revisar cómo lo estamos haciendo.

Porque la economía solidaria no es una alternativa a la empresa. Es otra forma de hacer empresa. Y eso implica lo mismo de siempre: orden, claridad, responsabilidad y disciplina.

Cuando eso aparece, el potencial es enorme. Puede fortalecer comunidades, generar ingresos, construir confianza y hasta conectarse con tendencias que hoy son inevitables, como la economía circular, donde producir y consumir de manera más consciente ya no es un diferencial, sino una necesidad.

Pero para llegar ahí hay que dar un paso que no siempre es cómodo: dejar de romantizar el modelo y empezar a estructurarlo mejor.

En regiones como el Tolima, donde hay tantas iniciativas, este tema es clave. No se trata de crear más asociaciones. Se trata de que las que existen funcionen bien... Que  tengan un modelo de negocio porque también lo deben tener, que vendan, que se organicen, que crezcan.

Porque al final, la pregunta no es si la economía solidaria es buena. Eso ya lo sabemos.

La pregunta es si estamos listos para hacerla bien.

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