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Cuando el dinero cuesta más y llega más dinero: la paradoja económica que exige mejores decisiones empresariales

Cuando el dinero cuesta más y al mismo tiempo llega más dinero, la economía exige decisiones empresariales más finas, lejos de los extremos y con visión de largo plazo.
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Adriana Matallana
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Suministrada
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1 Feb 2026 - 10:20 COT por Adriana Matallana

El arranque de 2026 dejó dos señales económicas que, leídas juntas, dicen mucho más de lo que parecen por separado. Por un lado, el Banco de la República elevó la tasa de interés de política monetaria al 10,25 % en su decisión de enero, encareciendo el costo del crédito en la economía . Por otro, Colombia cerró 2025 con remesas históricas cercanas a US$13.098 millones, un flujo de recursos que sigue creciendo y que llega directamente a los hogares del país.

No es una contradicción; es una paradoja. El dinero prestado se vuelve más caro, mientras el dinero que llega del exterior aumenta. Y en medio de ambos movimientos está la economía real: las empresas, los emprendedores y las decisiones que se toman, o se posponen; en ciudades como Ibagué y en departamentos como el Tolima.

La tasa de interés del banco central no es un dato técnico aislado. Marca el pulso del crédito comercial, de los préstamos de consumo y de las decisiones de inversión. Cuando sube, financiarse cuesta más y la cautela se vuelve una variable racional del entorno. Al mismo tiempo, las remesas (que provienen del esfuerzo de millones de colombianos en el exterior) inyectan liquidez al consumo, apoyan gastos familiares y, en algunos casos, abren la puerta a emprendimientos y compras relevantes.

En español (como digo yo) ¿Qué nos está diciendo este contexto? 

Que 2026 no es un año para extremos. Ni para frenar por completo, ni para crecer sin cálculo. Es un año que exige mejor lectura del entorno y decisiones más finas.

En territorios intermedios, donde la economía se mueve entre comercio, servicios, turismo y pequeños negocios, esta combinación se siente con claridad:
•    El crédito más caro obliga a pensar dos veces cada endeudamiento.
•    Las remesas sostienen consumo y dinamizan sectores locales.
•    La diferencia entre aprovechar o desperdiciar el momento está en cómo se toman las decisiones empresariales.

No se trata de convertir el debate en un manual financiero ni de señalar responsables. Se trata de entender que el costo del dinero y la llegada de recursos externos están cambiando las reglas del juego. Y cuando las reglas cambian, lo que define el resultado no es la queja, sino la estrategia.

Una reflexión necesaria para el tejido empresarial

Este escenario invita a mirar con lupa tres aspectos que suelen pasarse por alto cuando el entorno aprieta o cuando entra más dinero a la economía:

1.    Decisiones con horizonte, no con impulso:
El crédito caro penaliza la improvisación. Las empresas que toman decisiones con datos, proyecciones y criterio resisten mejor los ciclos.
2.    Consumo no es sinónimo de sostenibilidad:
Que haya más dinero circulando no garantiza negocios sólidos. La diferencia la hacen el valor entregado, la experiencia y la capacidad de convertir ventas en relaciones duraderas.
3.    El capital que llega también debe aprender a quedarse:
Las remesas pueden aliviar y dinamizar, pero su verdadero impacto aparece cuando se transforman en proyectos bien pensados, empresas mejor gestionadas y decisiones patrimoniales responsables.

Menos ruido, más claridad

En momentos como este, la conversación pública suele llenarse de opiniones encontradas. Sin embargo, las empresas no se sostienen desde el debate, sino desde la coherencia interna. Orden financiero, claridad comercial, disciplina operativa y una cultura de servicio consistente pesan más que cualquier variable externa por sí sola.

El 2026 no está pidiendo posiciones ideológicas. Está pidiendo liderazgo empresarial. La capacidad de leer el entorno, entender que el dinero puede costar más y, a la vez, que hay recursos circulando, y decidir con cabeza fría cómo crecer, cómo protegerse y cómo generar valor real.

Porque al final, no es cuánto cuesta el dinero ni cuánto dinero llega desde afuera lo que define el futuro de una empresa. Es la calidad de las decisiones que se toman cuando el contexto cambia y exige. Y ese, hoy más que nunca, es un reto que se juega puertas adentro.