Deep fakes, desinformación y fraude digital: el nuevo reto electoral en Colombia
La seguridad en las elecciones de Colombia ya no depende únicamente de proteger urnas, sistemas de votación o infraestructura crítica.
La expansión de la inteligencia artificial generativa, la desinformación automatizada y las campañas de suplantación digital están trasladando parte del riesgo electoral hacia un terreno con implicaciones mucho más amplias: la confianza institucional y la estabilidad de los ecosistemas digitales.
En América Latina, el problema comienza a escalar rápidamente. El avance de imágenes manipuladas, voces clonadas y redes de cuentas falsas impulsadas por IA comienza a plantear un desafío que va más allá de la tecnología.
Según datos del Reporte de Fraude de Identidad de Sumsub 2025-2026, Colombia vio su tasa de fraude aumentar al 2.6 % de todos los intentos de verificación (+76% interanual) posicionándose en el tercer lugar de países con más fraudes en Latinoamérica.
A estas cifras de fraude local se suma que durante el mismo periodo se registraron 94 ciberataques por segundo al sistema financiero, de acuerdo con la Asociación Bancaria y de Entidades Financieras de Colombia.
“Para proteger a la democracia en estos tiempos vertiginosos, es crítico ampliar el paradigma del fraude electoral. Los electores están siendo manipulados con imágenes IA-reales que mientras parecen ciertas, de manera distópica alimentan el desprecio y el odio de los contradictores políticos y esto es tan dañino como la tradicional compra de votos. Es por eso que la convergencia entre política y tecnología está redefiniendo el concepto de integridad electoral.
“Hoy el desafío no se limita a proteger procesos con testigos electorales, sino a gestionar riesgos asociados a información, autenticidad digital y legitimidad en un entorno donde las herramientas tecnológicas evolucionan más rápido que las instituciones", afirmaron Pablo Cárdenas y Diego Baquero de Cauce.co, un do-tank que busca tender puentes público-privados.
“Esta tarea no solo es del Estado sino de la sociedad civil y el sector privado, quienes deben dedicar recursos y esfuerzos de “higiene” informativa para que cada ciudadano tenga criterio para defenderse de la (IA) realidad”, añadieron.
En este contexto, Colombia enfrenta un momento especialmente sensible. A medida que se aproxima el próximo ciclo presidencial, aumentan los riesgos relacionados con campañas de desinformación, identidades sintéticas y contenido manipulado capaces de erosionar uno de los activos más importantes de cualquier democracia: la confianza del electorado y la credibilidad de las instituciones.
“El desafío de la era sintética no es únicamente tecnológico. Es, sobre todo, un reto de confianza pública, resiliencia institucional y capacidad democrática para adaptarse a un entorno donde ver ya no siempre significa creer”, afirmó Ricardo Isais, Responsable de Relaciones con Gobierno de Sumsub para Latinoamérica.
La confianza institucional también enfrenta riesgos digitales
Entre marzo de 2025 y marzo de 2026, la Misión de Observación Electoral, MOE, identificó más de 150 campañas de desinformación agrupadas en 15 narrativas principales relacionadas con el proceso electoral colombiano. Parte importante de estos contenidos estuvo dirigida contra las instituciones encargadas de garantizar la transparencia electoral: el 51% de los mensajes asociados a desconfianza electoral apuntaron específicamente contra la Registraduría Nacional y el Consejo Nacional Electoral, CNE.
En este contexto, el presidente del CNE resumió recientemente el desafío central del próximo ciclo electoral con una frase que se ha vuelto cada vez más relevante frente al avance de la IA: “el principal desafío no es el fraude, sino la desinformación”.
A esto se suma el crecimiento del fraude digital sofisticado en la región. De acuerdo con el reporte de Sumsub citado, los fraudes con identidades falsas, que usan datos personales y fotografías manipuladas para engañar procesos de onboarding, casi se triplicaron entre 2024 y 2025, y representan el 7.3 % del fraude en América Latina.
Además, el fraude con formatos predeterminados creció 56% interanual y los intentos de evadir controles de verificación de pruebas de vida (liveness, o comprobaciones biométricas faciales) aumentaron 60% interanual, lo que evidencia una operación cada vez más organizada y sistemática de las redes de fraude.
Siguiendo con el informe de Sumsub y datos locales, en Colombia el uso de IA para la creación de deepfakes creció entre 2024 y 2025 pasando de 1.01 % a 2.98 %, es decir un +77 % interanual. Dicho fraude representa el 11 % del total de crímenes digitales a nivel global, un fenómeno que también está redefiniendo cómo afecta la IA a la seguridad en las elecciones y a la confianza pública en procesos democráticos.
Verificación de identidad digital y protección de la confianza pública
Frente a este escenario, instituciones públicas y organizaciones en América Latina están recurriendo cada vez más a herramientas tecnológicas enfocadas en detectar deepfakes, detectar inteligencia artificial en documentos oficiales, prevenir intentos de suplantación y limitar la propagación de contenido manipulado antes de que alcance una difusión masiva.
Más allá de prevenir fraude digital, estas capacidades comienzan a adquirir un valor estratégico dentro de procesos democráticos y ecosistemas digitales donde la autenticidad de la información se vuelve cada vez más relevante para preservar confianza pública y estabilidad institucional.
Entre las tecnologías que hoy fortalecen la verificación de identidad digital y prevención de deepfakes destacan:
Verificación biométrica y autenticación facial.
Pruebas de vida
Sistemas de detección de fraude impulsados por IA.
Monitoreo continuo de riesgos y comportamiento digital.
Detección de identidades sintéticas y documentos manipulados.
La resiliencia democrática también depende de la colaboración digital
Sin embargo, la seguridad en las elecciones no puede depender únicamente de la tecnología.
En un escenario electoral, también son necesarias medidas institucionales y mecanismos de coordinación pública capaces de fortalecer la integridad de la información durante periodos de alta polarización y circulación de contenido manipulado.
Algunas acciones concretas podrían incluir compromisos de trazabilidad y autenticidad de contenidos bajo estándares como C2PA; acuerdos voluntarios de divulgación para piezas políticas generadas o alteradas con IA; y una fuerza de tarea interinstitucional sobre identidades sintéticas que articule esfuerzos entre Registraduría, CNE, MinTIC y ColCERT.
“A medida que la IA se vuelve más accesible, proteger la confianza digital, la autenticidad y la transparencia en línea es cada vez más importante para la resiliencia democrática y la sostenibilidad de los ecosistemas digitales. En este contexto, aprender cómo detectar deep fakes y fortalecer la verificación de identidad digital será cada vez más importante para resguardar la confianza pública y la integridad de los procesos electorales”, concluyó Isais.