Profesionales de la salud cuestionan la sostenibilidad económica del Hospital Materno Infantil de Ibagué
Más allá de conseguir los recursos para construir una nueva unidad materno-infantil en Ibagué, profesionales de la salud ponen sobre la mesa una pregunta clave: ¿la ciudad tendrá capacidad para sostener económicamente esta infraestructura una vez entre en funcionamiento?
La iniciativa contempla una inversión de $63.000 millones, de los cuales $18.000 millones ya estarían en las cuentas de la Unidad de Salud de Ibagué. Sin embargo, el debate no termina en la construcción. La operación, el mantenimiento de las camas, la dotación y el flujo permanente de recursos también serán determinantes para garantizar que el hospital pueda funcionar a largo plazo.
El neumólogo Harold Trujillo considera que, antes de asumir una nueva infraestructura, la ciudad debería evaluar la posibilidad de fortalecer la red que ya existe, particularmente el segundo nivel de atención.
“Yo estoy de acuerdo con fortalecer el nivel 2. Tenemos una estructura ya que es el Hospital San Francisco donde podemos hacer ese tipo de inversiones fácilmente”.
Para el especialista, la decisión también debe tener en cuenta cómo evolucionará la demanda de servicios materno-infantiles durante los próximos años. En su análisis, la disminución proyectada de la natalidad hace necesario revisar si una nueva institución tendrá suficiente demanda para justificar los costos que implica mantenerla.
Una preocupación similar plantea Diego Fernando Padilla, gerente encargado y subgerente científico del Hospital Federico Lleras Acosta. Aunque reconoce la importancia de los servicios materno-infantiles, considera necesario revisar primero cómo está funcionando actualmente la atención en los primeros niveles y cuál es la verdadera necesidad de una nueva institución.
El Federico Lleras cuenta actualmente con una ruta materna que incluye 30 camas de cuidado intensivo neonatal, ocho camas de alta dependencia obstétrica, dos salas de parto, dos quirófanos y 42 camas hospitalarias. Su ocupación, según Padilla, se mantiene en el 100 %.
Sin embargo, el funcionario señala que parte de los partos que llegan remitidos al tercer nivel podrían ser atendidos directamente en los municipios, lo que abre otra discusión sobre cómo está organizada actualmente la red de atención.
Para Padilla, el mayor interrogante está precisamente en lo que ocurre después de construir la infraestructura.
“Sobre la sostenibilidad sobre todo de la misma y el flujo de recursos, porque generalmente son camas muy costosas para mantener”.
La preocupación adquiere mayor dimensión cuando se tiene en cuenta que el costo de un hospital no termina con la construcción. Una vez entre en operación será necesario garantizar recursos para personal médico y administrativo, medicamentos, equipos, mantenimiento, servicios y el funcionamiento permanente de las unidades de atención.
Por eso, las voces consultadas plantean una alternativa distinta: fortalecer la infraestructura que ya existe, especialmente el Hospital San Francisco y los centros de salud, además de mejorar la atención pediátrica y materna en los primeros niveles.
El propio Padilla señala que actualmente el Federico Lleras cuenta con una capacidad importante para atender casos materno-infantiles, mientras que Trujillo considera que el fortalecimiento del segundo nivel podría ampliar la cobertura sin asumir necesariamente los costos de una nueva institución.
La discusión, entonces, no es si Ibagué necesita mejorar la atención de madres, niños y recién nacidos. La pregunta es cuál es la mejor manera de hacerlo y, sobre todo, si la ciudad puede garantizar que una nueva infraestructura tenga los recursos suficientes para funcionar durante los próximos años.
Porque conseguir los recursos para levantar el edificio sería apenas el comienzo. El verdadero reto será que el hospital pueda mantenerse abierto, prestar los servicios proyectados y responder a las necesidades de la población sin convertirse en una carga financiera para la red pública de salud.