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Cuando estudiar era un privilegio: así comenzó a cambiar la educación de las mujeres en Ibagué

Hace 125 años la llegada de las Hermanas de La Presentación permitió a las ibaguereñas adquirir conocimiento y con ello abrir una nueva etapa en la historia.
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Educación en 1900
20 Ago 2026 - 6:42 COT por Tatty Umaña

Ibagué era una ciudad muy distinta, la educación para las mujeres tenía otros propósitos, las oportunidades profesionales eran limitadas y obtener un título representaba un camino lleno de exigencias. Por ello para entender lo que significó la llegada del Colegio de La Presentación a Ibagué hay que regresar a la ciudad de comienzos del siglo XX, cuando las calles eran todavía caminos difíciles, el transporte dependía en buena medida de los animales de carga y la Guerra de los Mil Días había dejado una profunda herida social.

La Musical era entonces una población mucho más pequeña que la ciudad que conocemos hoy, la vida transcurría alrededor del comercio, los oficios artesanales, las actividades agrícolas y una dinámica marcada por su condición de lugar de paso entre diferentes regiones del país. Pero mientras la ciudad intentaba recuperarse de la guerra, otro proceso comenzaba a tomar forma silenciosamente: la transformación de la educación femenina.

En ese momento, estudiar no representaba para una mujer lo mismo que representa hoy, la educación estaba condicionada por las posibilidades económicas de las familias, por las concepciones sociales de la época y por una idea muy arraigada sobre cuál debía ser el papel de la mujer en la sociedad, fue precisamente en ese contexto donde las Hermanas de la Caridad Dominicas de la Presentación llegaron a Ibagué.

Una ciudad golpeada por la guerra recibe a las Hermanas

Las religiosas arribaron a Ibagué en 1900, después del llamado del cura párroco de la Catedral, el presbítero Restrepo, quien conocía la labor de la comunidad y consideraba necesaria su presencia en una ciudad que enfrentaba una grave crisis social; a la iniciativa se sumaron el gobernador del Tolima, Luis Vicente González, y el sacerdote marista Félix de Rougier. El propósito inicial estaba relacionado principalmente con la salud.

La ciudad tenía razones de sobra para necesitar ayuda, la Guerra había dejado desplazados, huérfanos, viudas y familias enteras afectadas por la violencia, adicionalmente la profunda crisis económica y social que golpeó al departamento. Es a esto a lo que las Hermanas respondieron y comenzaron su trabajo en el campo de la salud. Llegaron a construir y administrar durante varios años el Hospital de Santa Librada, posteriormente llamado Hospital San Rafael, que hoy en día es la Clínica Tolima: pero su presencia terminaría teniendo otra consecuencia decisiva para la historia de Ibagué: la educación de las mujeres.

Una escuela para una sociedad que estaba cambiando

El 1 de octubre de 1901 abrió sus puertas el Colegio de La Presentación, inicialmente en una vivienda ubicada en la calle 10 con carrera cuarta, donde posteriormente funcionaría el Círculo de Ibagué. Lo que allí comenzó permite entender cómo era la educación femenina de aquellos años, las estudiantes recibían formación en aritmética, ortografía, historia, lectura, matemáticas, geografía y catecismo. También se daba especial importancia a las artes manuales.

Pero dicho pénsum no era casual, la educación de las mujeres estaba fuertemente relacionada con la preparación para la vida familiar y social. Las habilidades manuales, la formación religiosa y los conocimientos básicos ocupaban un lugar central, sin embargo, aquella educación comenzó a convertirse poco a poco en una herramienta para ampliar las posibilidades de las jóvenes.

Y ahí aparece uno de los aspectos más interesantes de esta historia: "graduarse como mujer no era un proceso sencillo ni tenía el mismo significado que hoy," comenta la hermana Vicky

Ser maestra: uno de los caminos que abrió la educación

Con el paso de los años, el plan de estudios fue creciendo. En 1926 se incorporaron nuevas áreas, entre ellas historia universal, francés y pedagogía, para quienes aspiraban a convertirse en maestras, terminar los estudios no significaba simplemente asistir a una ceremonia de graduación.

La candidata debía presentarse ante las autoridades para realizar un examen público. Después de la evaluación se levantaba un acta y, si los resultados eran satisfactorios, se otorgaba el título de grado superior de maestra, hoy puede parecer un procedimiento lejano, pero permite entender las exigencias y las limitaciones de aquella época.

La educación femenina comenzaba a abrirse camino, pero todavía estaba estrechamente vinculada a los roles que la sociedad consideraba apropiados para las mujeres, una de las principales posibilidades profesionales era precisamente el magisterio, las mujeres podían convertirse en educadoras y transmitir a otras generaciones los conocimientos que habían adquirido.

Pero la sociedad colombiana continuaba cambiando y la educación tuvo que acompañar esa transformación, cuando las aulas comenzaron a preparar mujeres para trabajar, hacia 1931 empezó a tomar fuerza en los colegios de señoritas la formación comercial, las jóvenes aprendieron taquigrafía, mecanografía y contabilidad materias comenzaron a ocupar un lugar importante dentro de los estudios.

La mujer empezaba a tener mayores posibilidades de incorporarse a espacios laborales y la educación debía prepararla para desempeñarse en ellos, ya no se trataba únicamente de formar para el hogar o para el magisterio; aparecía también la necesidad de preparar mujeres para oficinas, empresas y otras actividades económicas.

Graduarse significaba entonces algo diferente

El título podía convertirse en una herramienta para acceder al trabajo y alcanzar una mayor autonomía, la universidad cambió nuevamente las reglas y la transformación continuó, a medida que se ampliaron las posibilidades de participación de las mujeres en la vida pública y laboral, también surgió una nueva necesidad: prepararlas para ingresar a la educación superior.

Los colegios femeninos ya no podían limitarse a ofrecer una formación básica o comercial, si las mujeres tenían la posibilidad de llegar a la universidad, necesitaban una preparación académica acorde con ese desafío.

La Presentación entendió esa nueva realidad y solicitó la aprobación oficial del bachillerato clásico, la autorización llegó en 1948 y ese mismo año entregó a la sociedad su primera promoción de bachilleres, detrás de aquella graduación había casi medio siglo de transformaciones. Las primeras estudiantes habían recibido una educación centrada en conocimientos básicos, formación religiosa y artes manuales. Décadas después, las jóvenes podían obtener el título de bachiller y proyectarse hacia la universidad.

La diferencia entre una época y otra cuenta, en sí misma, una parte de la historia de la mujer en Ibagué, de aquellas primeras aulas a las mujeres de hoy, pero esos cambios no ocurrieron de un día para otro, fueron el resultado de procesos sociales, decisiones políticas, transformaciones culturales y, también, de instituciones que fueron ampliando progresivamente las oportunidades educativas.

La historia de una ciudad que cambió

No se trata solamente de contar cuándo llegó una comunidad religiosa o cuándo abrió sus puertas un colegio. Se trata de entender qué significaba estudiar siendo mujer en una ciudad que apenas comenzaba a entrar en el siglo XX y cómo, generación tras generación, la educación fue ampliando ese horizonte.

Las aulas de 1901 no tenían los mismos contenidos, las mismas posibilidades ni los mismos objetivos de las aulas actuales. Pero fueron parte de un proceso que ayudó a construir una nueva realidad. La primera promoción de bachilleres de 1948 simbolizó uno de esos momentos de ruptura.

Aquellas jóvenes no recibieron simplemente un diploma. Recibieron la posibilidad de continuar un camino que décadas atrás era mucho más estrecho. Por eso, cuando Ibagué recuerda los 125 años de La Presentación, también puede mirar una parte de su propia historia, la historia de una educación que dejó de estar reservada para unos pocos, y, especialmente, la historia de generaciones de mujeres que encontraron en las aulas una herramienta para imaginar una vida diferente.