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El gobierno del cambio

Vemos un gobierno que ya implantó un estilo autoritario, arrogante y soberbio, que no admite posición en contra y que se comporta igual o peor a lo que tanto criticaron.
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Ecos del Combeima
4 Jun 2023 - 7:33 COT por Ecos del Combeima

Es inevitable analizar el panorama político del país, sin hablar de lo que a diario pasa con el polémico gobierno del Presidente Petro. Por desgracia para él y para el país, lo poco que logra ejecutar en beneficio de los colombianos, lo opaca un escándalo que vincula a sus funcionarios, su familia, equipo político o él mismo, con su particular forma de administrarnos a través de Twitter. 

Siempre se ha dicho que quienes pertenecen ideológicamente a la izquierda en el mundo, se han preparado para alcanzar el poder, pero no para gobernar; y quizás tengan razón, puesto que, como aquí pasa, sus acciones son improvisadas y contrarias a lo que ofrecieron o prometieron para obtener el beneplácito de los ciudadanos.

La controversia de esta semana, fue por cuenta del presunto y excesivo abuso de poder de quien fuera hasta el viernes pasado la jefe de gabinete del “gobierno del cambio”, al aprovechar su influencia en la Casa de Nariño, para ingresar a su niñera, no sirvienta como dijo una senadora del pacto histórico, sin dejar registro alguno y someterla a una prueba de polígrafo, por haber robado un maletín lleno de dinero de su residencia.  

Además de realizarle la prueba de polígrafo a alguien que no es funcionario, se filtró que la niñera tenía interceptado su número de celular por parte de la Fiscalía, porque la hicieron pasar como una miembro del clan del golfo, induciendo en error a las autoridades. Aunque toda esta situación tiene que investigarse, todo apunta a que desde el gobierno se ensañaron contra una ciudadana del común malversando las facultades del Estado; algo que siempre condenaron quienes hoy ostentan el poder y como este ejemplo hay muchos. 

Entonces, más allá de seguir reprobando todos los errores que se cometen desde el gobierno nacional por cuenta de lo embriagados que están con el poder, es justo, sensato y necesario que hagan un alto en el camino y se revise la forma en la que nos están gobernando. La sensación del país es que nos llevan de camino a convertirnos en un país inviable, sin esperanza ni futuro. 

Al autodenominarse el “gobierno del cambio”, buena parte de la sociedad creyó que así iba a ser; que las cosas se harían de una manera distinta, pensando en el bienestar de los menos favorecidos, cerrando las históricas brechas de desigualdad que existen, actuando con propósitos nobles y sobretodo con humildad; sin embargo, vemos un gobierno que ya implantó un estilo autoritario, arrogante y soberbio, que no admite posición en contra y que se comporta igual o peor a lo que tanto criticaron.

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Nuestro país tiene una peligrosa costumbre política, convertir al presidente de turno en responsable absoluto de nuestras frustraciones.

Una parte importante de la explicación está en las condiciones en que operan esos negocios.

Lo digo sin ironía y sin ganas de bajarle el ánimo a nadie. Lo digo porque esa contradicción, fiesta arriba y números abajo, resume mejor que cualquier informe el momento que vive el cafetero tolimense.

Estamos fabricando generaciones de nativos digitales capaces de deslizar una pantalla a extraordinaria velocidad, pero cada vez menos dispuestas a permanecer veinte minutos frente a un texto complejo.

Ejemplo de ello es que hoy en Colombia se habla solo de izquierda y derecha, ambas de corte popular, aunque se insiste en calificarlas como de extremos; pero sin el impacto popular difícilmente habrían logrado lo que alcanzaron electoralmente.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.