Pasar al contenido principal
Econoticias y Eventos
Opinión
COMPARTIR
Se ha copiado el vínculo

La Junta de la Cámara

Los empresarios formales no deben permanecer al margen del desempeño de la Cámara de Comercio y de ejercer un rol participativo que contribuya al progreso de la ciudad.
Imagen
Crédito
Suministrada
23 Nov 2022 - 8:50 COT por Ecos del Combeima

La Cámara de Comercio es por naturaleza la propulsora de la formalidad y el desarrollo regional. Su papel en materia de competitividad es determinante, en este sentido, es mandatorio ejercer un papel activo en el funcionamiento de la misma.

Los empresarios formales no deben permanecer al margen del desempeño de la Cámara de Comercio y de ejercer un rol participativo que contribuya al progreso de la ciudad. Elegir la junta directiva de este ente gremial, requiere un enorme compromiso y responsabilidad que debe suponer apartarse de cualquier interés propio o de un tercero, mucho menos, de un interés político.

En una ciudad con los índices de empleo y competitividad tan bajos, es urgente contar con una junta directiva profesional, con miembros independientes, responsables, cuyo aporte sea dinámico, propositivo y desprovisto de cualquier intención que pueda ser considerada favor. Desarrollar económicamente la región es un papel de todos los que hacen parte de la cadena de valor de la Cámara de Comercio; pocos conocen la razón de ser de este gremio, por lo cual debería haber una mayor pedagogía para que se entienda que el papel de la Cámara de Comercio no solamente reposa en el recaudo del registro mercantil, cuyo ingreso es permanente y su generación proviene de un mandato legal, mas no en un desempeño propio del ente gremial.  

Trabajar en planes y programas para incrementar la formalidad y de esta manera mejorar la competitividad, los índices de desempleo y tributación, son tareas fundamentales a cargo de la Cámara de Comercio; exigir un papel más responsable y profesional de su junta directiva, es apenas natural en medio de la situación que vive nuestra ciudad.

Históricamente, hemos visto por largos periodos de tiempo, que la Cámara de Comercio ha sido liderada por unos pocos que, con una buena intención, se espera, han querido participar tratando en vano de generar impulso a la ciudad. De haber una participación idónea, alejada de intereses particulares, seguramente no tendríamos una ciudad tan rezagada. En tal sentido, cobra vital importancia elegir una junta con competencia, la cual debe trabajar por impulsar la región.

Lo deseable no es una coadministración, prohibida legalmente, por el contrario, debe haber un equilibrio y una participación plural de los diferentes sectores económicos, que controle y apoye la labor del presidente ejecutivo, con una intención real por mejorar el entorno económico de la ciudad. Estamos ad portas de la elección de la nueva junta y, afortunadamente la ley impide que los miembros de junta se perpetúen garantizando una renovación que garantice nuevas dinámicas hacia la consecución de los resultados que redundan en el bienestar de la ciudad.

Una Cámara de Comercio bien dirigida no debe depender exclusivamente de los ingresos propios del registro mercantil, por el contrario, debe diseñar e implementar estrategias para obtener recursos que le permitan ser auto sostenible con un portafolio de servicios atractivo para todo aquel que pretenda iniciar una actividad comercial y para quienes ya la ejercen. Es el momento de analizar cada plancha, validando la calidad de empresarios que se quiere tener en la junta directiva, que posean independencia e interés auténtico por construir.  

Debe haber una renovación en donde se puedan evidenciar los resultados para que no quede el sinsabor permanente entre algunos comerciantes, que concluyen que la Cámara de Comercio no aporta, no sirve o, que algunos de sus miembros carecen de independencia, sirven a intereses ajenos y su participación no es diferente a la de viajar a ferias y congresos que no representan avance o resultado alguno para la región.

También te puede interesar estas columnas

Nuestro país tiene una peligrosa costumbre política, convertir al presidente de turno en responsable absoluto de nuestras frustraciones.

Una parte importante de la explicación está en las condiciones en que operan esos negocios.

Lo digo sin ironía y sin ganas de bajarle el ánimo a nadie. Lo digo porque esa contradicción, fiesta arriba y números abajo, resume mejor que cualquier informe el momento que vive el cafetero tolimense.

Ojalá que los miembros del equipo de trabajo que ha elegido Méndez para acompañarlo no sean inferiores no solo a su amplia capacidad de trabajar, sino al lugar en el que muchos nos hemos formado y hemos formado a otros.

Estamos fabricando generaciones de nativos digitales capaces de deslizar una pantalla a extraordinaria velocidad, pero cada vez menos dispuestas a permanecer veinte minutos frente a un texto complejo.

Ejemplo de ello es que hoy en Colombia se habla solo de izquierda y derecha, ambas de corte popular, aunque se insiste en calificarlas como de extremos; pero sin el impacto popular difícilmente habrían logrado lo que alcanzaron electoralmente.

Le pido a Dios, que me acompañe en esta tarea y que pueda hacer todo de sí, en beneficio de mi país. Y como dicen en la linda tierra que me acogió cuatro años, “arrieros somos y en el camino nos vemos”.

Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

Hemos sido engañados, por altos estamentos nacionales quienes desconocen y pretenden minimizar las grandes falencias de este “antisistema de salud” fundamentado sobre la intermediación financiera.