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¿Se debe legalizar la marihuana? 

Desde hace varios años se viene discutiendo que va a pasar con la marihuana de uso recreativo en el país. Esta semana, vuelve a ser noticia en el Congreso porque se radicó nuevamente un proyecto de Ley que busca legalizar su venta y consumo. 
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Ecos del Combeima
18 Nov 2022 - 6:54 COT por Ecos del Combeima

El tema en sí mismo despierta sensibilidad y por ende controversia, sin embargo, considero que el debate que debe surtirse en el congreso no puede seguir teniendo los mismos argumentos de siempre, por ejemplo: “Que la marihuana recreativa escala a otras drogas, afecta neuronas, que el consumidor llega a estados de alienación, o que se busca proteger a la juventud y la familia”; si esa es la razón o las razones, ¿qué pasa con el alcohol, si está demostrado que es más perjudicial para la salud, también genera adicción y es legal?, ¿ si se piensa en la familia, por qué no fortalecerla con educación para que los jóvenes tengan, criterio, principios, valores y no tomen malas decisiones?

La misma ponderación debería hacerse con el cigarrillo, todas las sustancias psicoactivas, el sexo, el juego o cualquier otra situación que en exceso genere dependencia. Entonces, el quid del asunto radica en evaluar y a su vez reconocer que quienes tienen esa clase de adicciones son enfermos y como se trata de una enfermedad, debe ser manejado como una cuestión de salud pública. 

Ahora bien, las leyes nacen para solucionar problemas conforme al principio de necesidad; la marihuana, en medio de todos nuestros males, no es el mayor ni el más grave, pues el narcotráfico, que, si ha sido nuestro cáncer, obtiene sus mayores ingresos por la producción y tráfico de cocaína y frente a eso no ha surgido una iniciativa que realmente lo corte de raíz. Adicionalmente, hay que recordar que en Colombia es permitida la dosis mínima, siendo así, ¿qué sentido tiene prohibir la marihuana de uso recreativo? 

Que se mantenga ilegal fortalece a los cárteles de la droga, a todos los eslabones que la componen y a nuestro país le tocó la peor parte de la historia, ya que, por desgracia, el mundo está perdiendo la batalla contra el narcotráfico y nosotros somos los que estamos poniendo la peor parte, los muertos. 

Álvaro Gómez decía hace 27 años, que ya era hora de buscar alternativas que acabaran con el flagelo del narcotráfico, por cuanto nos había quedado grande combatirlo. 27 años después seguimos en la misma discusión, con los mismos problemas y sin tener como resolverlos, parece que es algo que nos supera. Así que el debate está abierto, por cuanto no es algo que se pueda plasmar en una sola columna y en unas pocas palabras; pero ya es hora que en el país, se plantee la forma de cómo vamos a librarnos de eso que nos tiene estancados, atorados y no nos deja evolucionar. 

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Una parte importante de la explicación está en las condiciones en que operan esos negocios.

Lo digo sin ironía y sin ganas de bajarle el ánimo a nadie. Lo digo porque esa contradicción, fiesta arriba y números abajo, resume mejor que cualquier informe el momento que vive el cafetero tolimense.

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Estamos fabricando generaciones de nativos digitales capaces de deslizar una pantalla a extraordinaria velocidad, pero cada vez menos dispuestas a permanecer veinte minutos frente a un texto complejo.

Ejemplo de ello es que hoy en Colombia se habla solo de izquierda y derecha, ambas de corte popular, aunque se insiste en calificarlas como de extremos; pero sin el impacto popular difícilmente habrían logrado lo que alcanzaron electoralmente.

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Las medidas cautelares adoptadas por el Consejo de Estado, en el estudio de la demanda contra el decreto mediante el cual se fijó el salario mínimo para el año 2026, solo confirman una cosa: la ligereza que ha caracterizado a este gobierno cuando de sustentar legalmente sus actuaciones se trata.

¿Cómo es posible que, a pesar de contar con presupuestos, políticas y documentos que advierten sobre la importancia de tomar medidas, aún no tengamos campañas bien estructuradas para reducir el consumo de agua?

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