Reductores de velocidad, un sinónimo de falta de ideas
En días pasados leía una noticia en ecosdelcombeima.com, en donde el Secretario de Tránsito de Ibagué José Alexis Mahecha comunicaba a la opinión pública la necesidad de implementar el sistema de fotomultas, aumentar los reductores de velocidad y extender la vigencia del pico y placa.
Todo ello soportado en el hecho de que en el año 2018 se cometieron en esta capital 28.800 infracciones de tránsito es decir, un promedio diario de 79 infracciones, de las cuales 9.941 fueron por parquearse en zonas prohibidas, lo que significa que 27 personas dejaron diariamente mal parqueados sus vehículos, concluye además el secretario, que nuestros ciudadanos no han aprendido todavía… hay mucho infractor en la ciudad de Ibagué.
Frente al panorama anterior y la afirmación de que nuestros ciudadanos no han aprendido todavía…, me pregunto: ¿Cuántos programas han existido en las últimas décadas sobre cultura ciudadana en la ciudad de Ibagué? ¿Cuántos proyectos serios y contundentes de largo plazo se han implementado durante este mandato (Ibagué Humana), para enseñar, socializar y concienciar a la población de cómo vivir en sociedad, de cómo respetar al peatón, de cómo respetar las señales de tránsito (casi inexistentes) por cierto?
Miremos la situación en términos porcentuales. Según el último censo poblacional de Ibagué, la ciudad cuenta con 553.526 habitantes de los cuales 79 cometieron infracciones de tránsito diariamente, esto equivale a un poco menos de 0,15% de la población total, es decir, muchísimo menos del 1% de la población total de la ciudad, un porcentaje realmente irrisorio. Por otro lado 9.941 personas dejaron mal parqueados sus vehículos, es decir el 0.049% de la población total, porcentaje más irrisorio aún.
Si estos son los elementos de juicio para señalar la necesidad de implementar más reductores, fotomultas y extender la vigencia del pico y placa, de entrada los argumentos son realmente pobres y se quedan sin ningún peso técnico.
Ahora bien, tampoco es de negar que la ciudad de Ibagué presenta graves problemas de movilidad, pero indicar de manera ligera que se debe a la falta de reductores, cámaras y pico y placa, es como si un médico dándole la mano a un paciente le alcanzara para diagnosticar una enfermedad terminal… (Nada más irresponsable).
En la misma línea y para cimentar la idea, los vehículos más pequeños hacen de 0 a 100 k/h en 15 segundos, los medianos y deportivos se encuentran entre el rango de 7 a 14 segundos para llegar a la velocidad mencionada, ello significa que hasta el automóvil más pequeño, en menos de dos cuadras ya ha alcanzado los 100 km por hora y los demás en una sola cuadra. Si para controlar la velocidad de los vehículos necesitamos reductores de velocidad, me temo que tendremos que llenar todas las calles, avenidas, cruces, etc…de reductores, algo realmente estúpido e incongruente con una política seria de movilidad y de seguridad a los ciudadanos. Me pregunto ¿por qué en Ibagué se hicieron los locos con los puentes peatonales? Elemento utilizado en la mayoría de ciudades del mundo que respetan al ciudadano, perdón ¿Ibagué humano o deshumanizada?, pero no los antiestéticos y antitécnicos puentes peatonales que han existido en la ciudad, sino puentes que hoy cuentan hasta con escaleras eléctricas, áreas especiales para el tránsito de discapacitados o es que esto es ¿sólo para ciudades humanas de otras regiones y países?
Otro tema son las fotomultas de moda en este país, pero que han venido siendo desmontadas en ciudades tan importantes como Nueva York, Houston en Texas por mencionar solo algunas, ya que no han demostrado una disminución relevante en el número de accidentes pero que si afectan el bolsillo de los ciudadanos y ahora le apuntan a proyectos de cultura de la movilidad y cultura ciudadana con resultados muy importantes y sin afectar la economía familiar (función preponderante de cualquier gobierno responsable), y no la eterna amenaza de los gobiernos de turno de que el ciudadano solo aprende a la fuerza, algo así como la famosa frase de que “la letra con sangre entra”.
Hoy veo con preocupación cómo los funcionarios gubernamentales no le apuestan a la educación como factor de cambio, al parecer la educación que ellos recibieron no contribuyó a estar donde están.
ALBERTO DELGADO CORTÉS
Economista
MBA Magister en Administración de Empresas con especialidad en Sistemas de Gestión de Calidad Chile.
Profesor investigador Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad del Tolima
Ponente a nivel internacional.
Nota: En otras publicaciones argumentaré más elementos sobre el mismo tema.
*Las ideas plasmadas en este documento no comprometen a la Universidad del Tolima, solamente son responsabilidad del autor.