Tolima: Más unidos, más fuertes, más competitivos y con una nueva visión de desarrollo
Algo importante está cambiando en el Tolima. Más allá de las cifras económicas y de los proyectos anunciados, comienza a consolidarse una nueva manera de entender el desarrollo regional. Hoy vemos un departamento que articula mejor sus instituciones, reconoce el papel de sus empresarios, integra a la academia y comprende que la competitividad no se construye desde esfuerzos aislados, sino desde una visión compartida de territorio. Es, quizá, uno de los avances más importantes de los últimos años.
Este nuevo escenario refleja el liderazgo determinante que ha tenido la gobernadora Adriana Magali Matiz, quien ha logrado convocar voluntades alrededor de una agenda económica y territorial. Su estrategia “Tolima Centro de Inversión” ha contribuido a proyectar al departamento como un destino para los negocios, la inversión y el desarrollo empresarial. Pero su mayor aporte podría trascender el actual período de gobierno al permitir que se consoliden las bases de un ecosistema institucional capaz de permanecer, evolucionar y fortalecerse durante las próximas décadas.
Hoy encontramos actores que comienzan a configurar esa arquitectura regional; el Comité Intergremial, los empresarios, las cámaras de comercio de Ibagué, del norte y del suroriente del Tolima, la ANDI, FENALCO, las universidades, el Comité Universidad Empresa Estado (CUEE) y organizaciones como ADT ProTolima e Invest in Tolima. Estas últimas representan capacidades distintas y complementarias, vinculadas a redes nacionales de promoción territorial e inversión. El desafío no consiste en determinar quién tiene mayor protagonismo, sino en definir cómo se especializan, articulan y complementan sus funciones. Esa es la diferencia entre reunir instituciones y construir un verdadero ecosistema de desarrollo.
La reciente presentación de proyectos estratégicos del Tolima para el Plan Nacional de Desarrollo 2026-2030 demuestra que existe una agenda pública que debe gestionarse ante la Nación. Allí están las grandes apuestas de conectividad, infraestructura y competitividad. Sin embargo, debemos comprender una distinción fundamental, y es que una cosa son los proyectos públicos, que requieren gestión presupuestal y decisiones del Estado, y otra los proyectos empresariales, que necesitan modelos de negocio, inversionistas y financiación privada. Ambos son indispensables, pero sus mecanismos de estructuración y ejecución son diferentes.
Precisamente aquí aparece uno de nuestros mayores desafíos. El Tolima necesita construir un verdadero banco de proyectos privados de inversión con iniciativas identificadas, formuladas, evaluadas financieramente y preparadas para presentarse ante fondos de inversión, banca especializada y empresarios nacionales e internacionales. No basta con asistir a ferias, organizar encuentros o promocionar las ventajas del departamento. Sin proyectos maduros, con cifras, mercados, rentabilidad y riesgos claramente identificados, no existe una oferta de inversión verdaderamente competitiva. Esto quedo demostrado en los encuentros realizados con el Vicepresidente José Manuel Restrepo.
En esta tarea, el CUEE y las universidades podrían desempeñar un papel transformador. La academia no puede limitar su capacidad técnica a formular proyectos públicos o de regalías; también debe acompañar a los empresarios en la identificación de oportunidades, la preaceleración, la aceleración y la maduración de proyectos privados. Invest in Tolima, ADT ProTolima y Tolima Centro de Inversión podrían articular la promoción y el relacionamiento con inversionistas, mientras gremios y cámaras de comercio contribuyen a consolidar la demanda empresarial. Así construiríamos un portafolio permanente de oportunidades, no una colección de iniciativas dispersas y sin factibilidad.
Para atraer inversión necesitamos preparar el territorio. Aquí cobra especial importancia el Corredor Logístico Agroindustrial, Turístico y Tecnológico del Tolima (CLATT), concebido como una plataforma de integración productiva, empresarial y logística. Su potencial no está solamente en construir infraestructura, sino en convertirse en la alfombra roja para nuevas industrias, centros de distribución, plataformas exportadoras y empresas que buscan relocalizar operaciones mediante estrategias de nearshoring y onshoring. El Tolima puede aprovechar su ubicación geográfica, pero la ubicación por sí sola no genera competitividad, necesitamos conectividad, servicios, energía, talento, incentivos tributarios y mejores condiciones para la atracción de inversión.
Debemos pensar en grande. La articulación férrea Neiva–La Dorada, su conexión hacia Chiriguaná y Santa Marta, las posibilidades de integración con Buenaventura mediante corredores ferroviarios en estudio y alternativas por La Tebaida, Cajamarca e Ibagué, junto con el fortalecimiento de aeropuertos, carreteras y plataformas logísticas, deben formar parte de una visión multimodal de largo plazo. No todas estas conexiones están financiadas ni tienen igual madurez técnica, pero representan oportunidades que debemos estudiar con rigor. El futuro económico del Tolima no puede depender exclusivamente del transporte por carretera.
Sin embargo, sería un error construir corredores logísticos para continuar exportando únicamente materias primas. Nuestro verdadero salto económico está en sofisticar las cadenas productivas, transformar el café en productos de mayor valor, industrializar el cacao, fortalecer la lima Tahití y el aguacate Hass, modernizar la producción pecuaria y avícola, incorporar tecnología y desarrollar nuevas industrias agroalimentarias. Necesitamos pasar de producir más a producir mejor, transformar más y vender con mayor valor agregado. Allí se encuentran las oportunidades de empleo calificado, exportaciones y crecimiento empresarial.
El próximo gran paso no es anunciar más proyectos, sino lograr que nuestras instituciones trabajen como un solo sistema para convertir estos proyectos en empresas, inversión, empleo y prosperidad. Porque el Tolima que queremos no se construye compitiendo entre nosotros, sino aprendiendo a competir juntos frente al mundo.