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Presidente, buen viento y buena mar

En medio de todas las locuras que aquí suceden, realmente somos unos afortunados, pues una vez más se demostró que Colombia es un país de instituciones fuertes y sólidas.
Imagen
José Monroy
Crédito
Ecos del Combeima
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9 Ago 2026 - 10:36 COT por José Adrián Monroy

Después de tanta especulación sobre la legitimidad del triunfo de Abelardo Gabriel de la Espriella como presidente de nuestro país, finalmente tomó posesión el 7 de agosto, como tradicionalmente lo han hecho todos los presidentes que hemos tenido, aunque esta vez no fue en Bogotá, sino en Cali, dándole relevancia a las regiones, tal como lo prometió en campaña.

En medio de todas las locuras que aquí suceden, realmente somos unos afortunados, pues una vez más se demostró que Colombia es un país de instituciones fuertes y sólidas, que han resistido ataques de todo tipo, pero que siguen de pie, garantizando que la democracia funcione y que se siga ejerciendo de manera libre y consciente.

El periodo presidencial que culminó fue muy controversial. Fueron cuatro años ininterrumpidos de escándalos que se presentaron en todos los ámbitos, y no vale la pena detallarlos o enumerarlos, pues este episodio de nuestra historia nos deja una sociedad polarizada, fracturada, cada vez más dividida e ideologizando hasta el más simple hecho.

Creo firmemente que hoy, más que nunca, debemos fijar la mirada hacia el presente y preparar el terreno para el futuro. Colombia tiene problemas demasiado complejos y estructurales como para seguir mirando hacia atrás; es hora de que se asuma con responsabilidad todo lo que tiene que ver con el desarrollo del país, porque los desafíos que se vienen en materia fiscal, económica y tributaria van a marcar la forma en la que nos vamos a recuperar para avanzar, toda vez que son los recursos —el dinero— los que serán la columna vertebral para atender los temas de seguridad, salud, infraestructura, energía, cuidado del medio ambiente y demás.

El presidente De la Espriella y el vicepresidente Restrepo tienen una enorme tarea, ya que hay problemas y situaciones de fondo que nos aquejan desde hace mucho tiempo, por lo que se requiere llevar al país hacia el camino de la reconciliación, establecer el orden para alejarnos del caos que aquí impera, y hacer las cosas bien, con seriedad, compromiso y propósito.

Tengo claro que, si al presidente y a su equipo les va bien, a nosotros nos va bien. Ojalá sean cuatro años de soluciones, realizaciones y muchos éxitos; que Dios los llene de prudencia y sabiduría para actuar. Que cada acción esté pensada en el beneficio y la prosperidad de los niños, las mujeres, los adultos mayores, los campesinos, y en general, de todos los colombianos que soñamos con vivir en el país que queremos y en el que merecemos.