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Lo que tiene el Tolima es gobernanza territorial y con ello un gran desafío

No solo por su riqueza agrícola, ubicación estratégica y diversidad, sino porque empieza a consolidar su gobernabilidad territorial basada en un liderazgo institucional creciente, que abre espacios al empresariado, la academia y la misma comunidad.
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Crédito
Ecos del Combeima
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24 Mayo 2026 - 9:29 COT por Álvaro Montoya

El desarrollo territorial en Colombia está marcado por una visión centralista que pretende aplicar las mismas fórmulas a regiones profundamente distintas entre sí. Hoy, el nuevo enfoque sobre desarrollo institucional, debe darse desde la gobernanza territorial y el desarrollo endógeno regional. El verdadero progreso reinicia cuando un territorio aprovecha los buenos gobiernos  y construye su propio modelo de desarrollo utilizando todas sus ventajas, capacidades y su vocación productiva. Con esa gobernabilidad que hoy se tiene, el Tolima emerge como el departamentos con mayor oportunidad de consolidar un nuevo modelo de desarrollo regional.

No solo por su riqueza agrícola, ubicación estratégica y  diversidad, sino porque empieza a consolidar su gobernabilidad territorial basada en un liderazgo institucional creciente, que abre espacios al empresariado, la academia y la misma comunidad. Esa articulación público- privada y participación de la misma comunidad, es determinante. Comprender que el desarrollo regional se puede diseñar desde  su propio territorio y con su propia gente, sus particularidades sociales, económicas y culturales, es el mayor de los desafíos.

El Análisis del Desarrollo ha demostrado que la confianza institucional y la gobernanza, es fundamental para convertir ventajas territoriales en bienestar colectivo. No basta con tener recursos naturales o una ubicación geográfica privilegiada; lo verdaderamente determinante es la capacidad de coordinación entre gobierno, la academia, el empresariado y comunidad organizada para transformar esas fortalezas en crecimiento económico y cohesión social.

La gobernanza territorial no consiste solamente en administrar bien los recursos públicos. Implica generar confianza, fortalecer liderazgos, construir visión colectiva y permitir que las comunidades participen activamente en las decisiones sobre su propio futuro. Cuando eso ocurre, las políticas públicas se convierten en instrumentos reales de transformación regional.

Parte del reconocimiento nacional que hoy tiene la gobernadora del Tolima responde precisamente a esa capacidad de articulación territorial. Haber sido reconocida en dos ocasiones como la mejor gobernadora del país y mantenerse entre los mandatarios con mejor calificación, refleja una sólida gobernanza y una percepción ciudadana asociada a resultados, presencia institucional y capacidad de gestión.

Sin embargo, el verdadero desafío apenas comienza, el Tolima necesita transformar su vocación agroalimentaria en una verdadera plataforma agrologística, industrial y exportadora. Sus condiciones son excepcionales al igual que su ubicación geográfica, su riqueza hídrica y enorme capacidad productiva en distintas cadenas agrícolas. Pero esa ventaja natural debe evolucionar hacia modelos de valor agregado, transformación industrial y fortalecimiento exportador.

Se trata de producir más y mejor, de sumarle industria y de conectar al departamento con mercados nacionales e internacionales. Esa transición resulta urgente si se quiere mejorar los indicadores de bienestar económico y social.

La oportunidad del Tolima está en entender que el desarrollo moderno no depende exclusivamente de la inversión pública central, sino de la capacidad institucional territorial  para integrar la participación de las fuerzas vivas, con lo publico y lo privado, en la productividad, la innovación, en la infraestructura y la logística, dentro de una visión territorial de largo plazo.

Momento de  mayor significancia para un departamento próximo a cumplir 200 años. Donde  más que un bicentenario será el momento para repensar el territorio y consolidar un modelo de desarrollo, capaz de transformar sus enormes capacidades agrologísticas y humanas, en bienestar colectivo, competitividad regional y oportunidades reales para las nuevas generaciones.

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