A mi abuelo
Ayer tuve que vivir uno de esos momentos de la vida de los que uno quisiera que no viviera nadie. El funeral de un ser amado. Mi abuelo materno, Jesús Manuel Borja Hernández, partió a la eternidad, dejándonos a mi familia y a mí un vacío inexplicable e imposible de llenar, pero un legado de aprendizajes que no morirán jamás, mientras haya quien lo promueva, lo recuerde, y lo transmita.
Mi abuelo Manuel me enseñó muchas cosas. Entre ellas el gusto por los boleros. La música de Los Panchos, y de infinidad de tríos como el Trio La Rosa, el Trio Martino, Los Tres Reyes, entre otros. Mi abuelo no solo disfrutó de esa música como espectador, sino que tuvo la oportunidad de grabar un disco de boleros. Su afición fue tal que alguna vez en los años 70 u 80 cuando vinieron Los Panchos a Ibagué, fue él único que los entrevistó, pues en su cabeza tenía con claridad, sus canciones, su historia, su recorrido musical, y toda la data que se requiere para hacer un articulo de prensa.
Además del gusto por los boleros y la música, mi abuelo me heredó el respeto por la gente, y las formas pacíficas de resolver las confrontaciones a través del diálogo. Me enseñó a no maltratar a nadie, tal y como también me lo han enseñado mis padres, y a evitar las confrontaciones con la gente. De hecho, vivía temeroso de que uno de sus nietos fuera periodista, pues siempre tuvo en su cabeza que este oficio era problémico y peligroso, y desde luego no se equivocó. Mi abuelo me enseñó también a no salir nunca de la casa sin bañarme, para él, estar bien presentado era una carta de presentación, pues siempre andaba con sus camisas metidas en el pantalón, y una notica pequeña de apuntes y un bolígrafo en el bolsillo en donde solía cargar versículos de la biblia. Fue él quien nos llevó a mis hermanas y a mí por primera vez a una iglesia cristiana y nos enseñó a conocer a Dios, cuando apenas yo tenía ocho años. Para mí, ese es el mejor legado.
Hoy el mayor homenaje para mi abuelo es que, aunque su partida entristezca el alma y lastime el corazón, podamos recordarlo con alegría, cantando sus canciones, y contando sus chistes flojos. Mi abuelo fue un hombre íntegro, decente, trabajador, y culto para hablar, y para mí, su memoria y su presencia estará siempre en cada bolero que escuché, y especialmente en Triunfamos, aquella canción de Los Panchos que identificó su amor por mi abuela Teresa de Jesús, quien como por azares del destino, llevaba en su nombre el primer nombre de mi abuelo.
“Porque ocultar nuestro amor, será tapar con un dedo, la luz inmensa del sol, negar la gracia de Dios, negar que lo blanco es negro”. Descansa en paz abuelo querido.