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Que los avances hablen más que el ruido

Hoy, Ibagué enfrenta el reto de superar no solo sus dificultades estructurales, muchas de ellas rezagos de varias décadas y de problemas a nivel país, sino también la narrativa de pesimismo, revanchismo o simple desconocimiento, que unos pocos parecieran estar bastante interesados en imponer.
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12 Abr 2026 - 8:59 COT por Juan Manuel Díaz Borja

En estos tiempos en los que opinar con apasionamientos es más fácil que analizar con rigor, Ibagué no ha sido ajena a la dinámica que han impuesto las redes sociales: la crítica constante, la mayoría de las veces ligera y sin fundamento.

Sin embargo, más allá del ruido y de la infoxicación, concepto acuñado hace algún tiempo por Alfons Cornella para referirse al exceso de información en internet, vale la pena observar con detenimiento y, alejado de las subjetividades, algunos aciertos que ha tenido la administración municipal en cabeza de Johana Aranda, y que han ido diluyendo esa narrativa de estancamiento, atraso y corrupción que algunos cibernautas e incluso antiguos aliados de Aranda (como su ex jefe de comunicaciones) han querido imponer a través de las plataformas digitales. 

Obras que se destraban, como el complejo deportivo de la 42 que hace ya varios meses funciona y beneficia a cientos de deportistas; las piscinas del Parque Deportivo que recientemente se pusieron en funcionamiento para el goce y disfrute de propios y extraños; la intervención del Parque Centenario y la Concha Acústica que tanto hemos reclamado muchos en diferentes ocasiones; así como también los problemas de la malla vial de la ciudad, que van cogiendo forma con la intervención de la vía al Salado, y la pavimentación y señalización de la carrera quinta, que hoy se ve como hace mucho tiempo no se veía. Todo ello empieza a marcar una gestión que ya va a mitad de camino, y a mostrar unos resultados en medio de un contexto financiero complejo, y una pérdida de la confianza en lo público por cuenta de las malas experiencias del pasado.

Un elemento adicional que merece mención especial es el estilo de liderazgo que se ha ido imponiendo no solo en la ciudad, sino en el departamento. En una política tradicionalmente machista y marcada por figuras masculinas, la presencia de una mujer al frente de la ciudad, no solo representa un avance importante en lo simbólico, sino también una oportunidad para transformar las maneras de gobernar y ejercer el poder a través de una mayor cercanía, una escucha activa, y una sensibilidad especial frente a problemáticas sociales que históricamente habían sido invisibilizadas. 

Con lo anterior, no quiero decir que hoy Ibagué sea la ciudad perfecta ni el paraíso con el que cualquier persona del mundo soñaría con conocer. Justamente ayer, frente a su familia, asesinaron a sangre fría al comerciante Andrés Naranjo, y eso es algo que, además de merecer todo el repudio y la indignación del caso, merece la atención y la contundencia del Estado, en este caso de la administración municipal, y especialmente del secretario de gobierno Francisco Espín quien, hasta el cierre de esta columna, brilló por su ausencia para explicarle a la ciudadanía lo sucedido y las acciones para dar con los responsables del atroz crimen. Desafortunadamente, la inseguridad en nuestra ciudad no es un tema de percepción, y pareciera que el sicariato se volvió paisaje ante la mirada pasiva de las autoridades. 

Por supuesto que siempre habrá críticas, y muchas de ellas necesarias. Las democracias se fortalecen con ellas, y con los debates y cuestionamientos, siempre y cuando se hagan con argumentos, no con descalificaciones, ni con el revanchismo de quienes en el pasado ostentaron el poder y hoy posan de defensores de lo público simplemente porque ya no son ellos quienes toman las decisiones. Personalmente soy un convencido de que ninguna ciudad, empresa o institución se construye o sale del atraso desde la polarización de los extremos o entre iguales incapaces de reconocer las virtudes de quien piensa distinto a ellos; sino con las miradas equilibradas que permitan ver lo que está bien, pero también reconocer lo que está mal.

Hoy, Ibagué enfrenta el reto de superar no solo sus dificultades estructurales, muchas de ellas rezagos de varias décadas y de problemas a nivel país, sino también la narrativa de pesimismo, revanchismo o simple desconocimiento, que unos pocos parecieran estar bastante interesados en imponer.  En ese orden de ideas, al menos de mi parte, reconocer los avances no es un acto de complacencia, sino de honestidad intelectual. 

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