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En Colombia no faltan oportunidades: lo que sigue faltando es ejecutarlas bien

Esto, en territorios como el Tolima, debería encender una conversación muy práctica. Porque la región no necesita solo más ideas, más eventos o más discursos sobre emprendimiento.
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Adriana Matallana
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22 Mar 2026 - 10:31 COT por Adriana Matallana

A veces en Colombia y tengo que decirlo, muchos tolimenses, hablamos como si el principal problema fuera la ausencia total de oportunidades. Y, siendo honestos, esa no siempre es la lectura más precisa. Hoy existen convocatorias, rutas de fortalecimiento, programas de productividad, acompañamiento empresarial y múltiples mecanismos de apoyo para emprendedores y MiPymes. iNNpulsa, por ejemplo, mantiene abierta en 2026 una oferta de convocatorias y programas de fortalecimiento productivo y comercial, mientras su portafolio institucional sigue presentando líneas para emprendimiento, innovación y productividad.  

El problema de fondo parece ser otro: nos cuesta ejecutar con consistencia. Nos cuesta pasar de la idea a la disciplina, del entusiasmo a la estructura, de la intención al resultado. Y esa no es una percepción ligera. El propio análisis de la OCDE sobre Colombia insiste en que el país mantiene una productividad laboral baja, con grandes diferencias entre empresas y regiones, y que esa debilidad está asociada, entre otros factores, a brechas en calidad gerencial, infraestructura, innovación y regulación.  

Esto duele más cuando se cruza con otra realidad muy colombiana: sí somos un país que emprende. El GEM Colombia 2023–2024 muestra que el entorno emprendedor sigue activo, pero también señala que la calidad del contexto empresarial se deterioró: el índice NECI bajó de 4,5 a 4,1, y Colombia cayó del puesto 28 al 37 entre los países medidos. Es decir, hay energía emprendedora, pero el ecosistema todavía no logra ofrecer condiciones suficientemente sólidas para que esa energía se convierta con más facilidad en empresas fuertes y sostenibles. 

Y cuando uno mira la productividad desde el dato oficial, el mensaje vuelve a ser parecido. El DANE reportó que en el año corrido al tercer trimestre de 2025, la Productividad Total de los Factores (PTF) explicó 0,91 puntos porcentuales del crecimiento del valor agregado, mientras el crecimiento total fue de 2,91 %. Más allá del tecnicismo, el dato deja una enseñanza sencilla: todavía nos cuesta demasiado producir más valor con mejores procesos, mejor organización y mejor capacidad de gestión.  

Esto, en territorios como el Tolima, debería encender una conversación muy práctica. Porque la región no necesita solo más ideas, más eventos o más discursos sobre emprendimiento. Necesita más empresas que aprendan a cumplir mejor, a medir mejor, a vender mejor y a organizarse mejor. Necesita menos improvisación y más capacidad de ejecución. En otras palabras: menos fascinación por el arranque, y más respeto por el proceso. Esa es, al final, la diferencia entre un negocio que ilusiona y una empresa que permanece.

Aquí es donde me parece importante hacer una reflexión sin queja y sin buscar culpables. A veces esperamos que el ecosistema, el mercado, el Estado o las entidades nos resuelvan todo el trayecto. Pero la verdad es que ninguna convocatoria, ninguna ruta institucional y ningún acompañamiento técnico reemplaza la decisión interna de ejecutar bien. Las oportunidades pueden abrir puertas; la ejecución decide si esas puertas se convierten en resultados. Y eso vale para una microempresa, una empresa familiar, una asociación productiva o una compañía con ambición de crecer.

Por eso, más que repetir que “en Colombia es difícil”, quizás ha llegado el momento de preguntarnos algo más útil: ¿Qué tan bien estamos ejecutando lo que ya tenemos? Porque muchas veces el salto que una empresa necesita no depende de una idea nueva, sino de hacer mejor lo que ya sabe que debe hacer: ordenar costos, profesionalizar ventas, fortalecer procesos, cuidar la experiencia del cliente, cumplir tiempos, construir reputación y sostener disciplina.

El país tiene retos, por supuesto. Pero también tiene talento, instituciones, instrumentos y mercado y tristemente tengo que decir que también tiene mentores y profesionales de alto impacto. Dónde nadie es profeta en su propia tierra y en un momento en que tanto se habla de crecimiento, competitividad y desarrollo regional, conviene recordar algo muy simple: las oportunidades no transforman por sí solas; transforma la capacidad de ejecutarlas con seriedad. Ahí está, quizás, una de las conversaciones más urgentes para Colombia y también para el Tolima. Porque no siempre necesitamos empezar de cero. A veces, lo que más necesitamos es aprender a hacer bien lo que ya empezamos.

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