Industrializar el campo: una necesidad apremiante para el país
Una de las cosas más hermosas de ser colombiano, es saber que, de cierto modo, todos estamos estrechamente relacionados con la vocación agrícola que tiene el país. Unos por nacimiento, otros por adopción o porque lo hemos vivido desde pequeños, y porque a través del fresco de los cultivos y de los alimentos que llegan a la mesa, pueden disfrutar de las bondades del campo, a través del sector agropecuario.
Sin embargo, y pese a la amplia riqueza de variedades y condiciones favorables que tiene Colombia en este aspecto, nuestro país sigue importando alimentos que producen nuestros campesinos, como es el caso del arroz, el maíz, el trigo, entre otros, y exportando materias primas como el petróleo y el carbón con relativamente menos margen de favorabilidad, pues el valor agregado termina quedándose en el extranjero. Por ello, hablar hoy de la industrialización del campo, y especialmente desde el departamento del Tolima, pareciera ser una necesidad apremiante, si queremos cambiar ese panorama para el país, y mejorar la productividad del agro y de la economía nacional.
Justamente, una de las propuestas que hemos venido contándoles a los tolimenses en este camino rumbo a la Cámara de Representantes, es la necesidad expresa de que en nuestro departamento se cree la central de abastos del centro del país. El Tolima tiene una ubicación geográfica privilegiada que conecta con Bogotá, Valle del Cauca, Meta, y el Eje Cafetero, y ello sin duda ayudaría a nuestros campesinos a mejorar el valor de sus productos, a formalizar el comercio, a reducir la intermediación que termina incrementando los precios finales, y, sobre todo, serviría como plataforma comercial para que nuestro departamento se consolide como motor de desarrollo para el país entero. Es triste decirlo, pero históricamente nuestros agricultores enfrentan muchos obstáculos, que no permiten que por más riqueza que haya en nuestros cultivos, puedan surgir con tranquilidad. El mal estado de las vías terciarias, los altos costos logísticos de acopio e incluso el atraso de conectividad digital y tecnológica en comparación con otros países, aparecen como piedra en el zapato para quienes viven del campo.
Además de la central de abastos que queremos proponerle al próximo gobierno nacional desde el Congreso, hay otra apuesta que hemos venido socializando con los tolimenses, y es la de las denominadas Zonas Económicas y Sociales Especiales (ZESE) tal, y como funciona en otros departamentos del país, como Norte de Santander, La Guajira y Arauca, así como en ciudades como Armenia, Quibdó, Buenaventura y Barrancabermeja, y aquello no es otra cosa que formular un gran acuerdo nacional a través de un proyecto de ley en bancada, para que empresas del país vengan al Tolima a invertir y a contribuir al desarrollo productivo y empresarial, y de paso a generar empleo, a cambio de obtener beneficios tributarios. También es muy triste pensar, que pese a que por ejemplo, Ibagué siendo históricamente una de las ciudades con mayor desempleo en Colombia, sea la única del penoso ranking en no estar catalogada como zona especial.
Nada de lo anterior tiene sentido, si no tenemos seguridad, y ese es un tercer punto al que quiero referirme en este espacio. El inversionista no llega a donde no hay seguridad, ni a donde roban o a donde secuestran, porque allá tampoco llega el cliente. Necesitamos reforzar la seguridad, potencializar la institucionalidad y darle herramientas a nuestras fuerzas armadas. Desafortunadamente en el actual gobierno nacional, la seguridad se ha visto reducida considerablemente con un fracaso rotundo de la denominada “paz total”, y así es complejo pensar en fortalecer el campo y en hacer turismo, otra apuesta indiscutible para empujar este departamento hacía el progreso.
Dice un viejo pero muy certero eslogan empresarial conocido en Colombia: “sin campo no hay ciudad” y eso lo hemos visto cantidad de veces con los paros y bloqueos que se han hecho en diferentes ocasiones por parte de agricultores, productores, camioneros, etc. El problema es que a veces eso se les olvida a muchos en la tranquilidad citadina.
Por: Guillermo Alvira