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Sororidad: más que Solidaridad

En el tejido social de Colombia, donde la diversidad y las luchas por la equidad son protagonistas de una historia en constante evolución, la sororidad emerge como un concepto revolucionario y necesario.
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Greis Cifuentes
Crédito
Suministrada
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21 Abr 2024 - 9:01 COT por Greis Cifuentes

Pero ¿qué tanto entendemos por sororidad y cómo se traduce en acciones concretas que promueven el bienestar y la justicia social entre las mujeres en nuestro país?

Desde pequeñas, se nos enseña a competir. ¿Quién es más linda? ¿Quién captura la atención del chico popular? Estas preguntas triviales de la infancia sientan las bases para un escenario mucho más complejo en la vida adulta, donde la competencia entre mujeres a menudo se traslada a los entornos laborales y personales. En el trabajo, en las redes sociales y en nuestras comunidades, se perpetúa la rivalidad: juzgamos, criticamos y, en ocasiones, obstaculizamos el progreso ajeno. Esta competencia refleja una falta de apoyo mutuo, y también revela cómo las estructuras sociales y culturales han moldeado nuestras interacciones, fomentando envidia y resentimiento en lugar de colaboración y apoyo. Esta dinámica de competencia, arraigada en nociones anticuadas, nos enseña a ver el éxito de otras mujeres como una amenaza a nuestro propio bienestar. Sin embargo, es crucial cuestionar y desmantelar estos patrones. La sororidad emerge como una respuesta poderosa a esta situación.

La sororidad, a menudo simplificada como la hermandad entre mujeres, va mucho más allá de un simple apoyo mutuo. El término 'sororidad' implica un compromiso activo contra las opresiones que enfrentan las mujeres, no solo a nivel individual sino también estructural. Es una práctica política y social que desafía las estructuras de poder existentes y busca redefinir las relaciones en términos de igualdad y apoyo mutuo: no se trata de competir entre nosotras, sino de apoyarnos mutuamente.

En un país marcado por conflictos y desigualdades profundas, fomentar la sororidad no es solo deseable, sino imprescindible. Estudios recientes, sugieren que la aplicación de la sororidad debe considerar la interseccionalidad. Esto significa reconocer cómo las luchas específicas de las mujeres se cruzan con otras formas de opresión, como la raza, la clase social y la etnicidad. Al ignorar estas intersecciones, se corre el riesgo de perpetuar exclusión incluso dentro de los movimientos feministas.

La sororidad no es solo una palabra de moda; es una estrategia crucial para la construcción de una sociedad más justa. Invito a reflexionar sobre cómo pueden contribuir a este ideal, no solo en palabras, sino en acciones concretas. Desde el diseño de políticas hasta el apoyo cotidiano entre mujeres, la sororidad debe ser un compromiso de todas.

Al abordar la sororidad con seriedad y profundidad, podemos abrir caminos para que más mujeres en Colombia no solo sobrevivan, sino que prosperen. El futuro de nuestra sociedad depende de nuestra capacidad para vivir verdaderamente los principios que declaramos valorar. La sororidad, implementada con determinación, es fundamental en este proceso.

Greis Cifuentes PhD