Alfonso Reyes Echandía, el Orgullo Tolimense que murió en la tragedia del Palacio de Justicia
Han pasado 41 años desde uno de los episodios más dolorosos de la historia de Colombia: la toma y retoma del Palacio de Justicia, ocurrida el 6 y 7 de noviembre de 1985, una tragedia que dejó decenas de muertos, desaparecidos y una profunda herida en la memoria nacional. Entre las historias que siguen estremeciendo al país está la de un tolimense que, desde el interior del edificio, lanzó un desesperado llamado para intentar salvar la vida de quienes permanecían atrapados: Alfonso Reyes Echandía.
Nacido en Chaparral, Tolima, Reyes Echandía era para entonces el presidente de la Corte Suprema de Justicia. Su trayectoria como jurista, magistrado, docente y académico lo había llevado a ocupar uno de los cargos más importantes de la administración de justicia colombiana. Hoy es recordado como un referente del departamento y un Orgullo Tolimense, cuya historia quedó ligada para siempre a uno de los capítulos más oscuros del país.
Todo comenzó durante la mañana del 6 de noviembre de 1985, cuando integrantes del Movimiento 19 de Abril (M-19) ingresaron armados al Palacio de Justicia, en pleno centro de Bogotá. Los guerrilleros ocuparon las instalaciones y tomaron como rehenes a magistrados, empleados judiciales y civiles que se encontraban en el lugar.
La organización insurgente manifestó que buscaba instalar un juicio político contra el entonces presidente de la República, Belisario Betancur. Mientras tanto, decenas de personas quedaron atrapadas en medio de una situación que rápidamente se convirtió en una emergencia de enormes proporciones, con el despliegue de unidades militares y policiales alrededor del edificio.
Horas después comenzó la operación militar para recuperar el Palacio de Justicia. Tanques y unidades especiales ingresaron al lugar, mientras se desataban intensos enfrentamientos entre la fuerza pública y los integrantes del M-19. Los disparos, las explosiones y las llamas convirtieron el edificio en un escenario de terror para quienes permanecían en su interior.
Fue en medio de ese panorama cuando la voz de Alfonso Reyes Echandía llegó a la opinión pública a través de una comunicación telefónica divulgada por Radio Todelar. El presidente de la Corte Suprema pidió que se transmitiera su mensaje y que el Gobierno ordenara detener los enfrentamientos para proteger a los magistrados y funcionarios que estaban con él.
“Es indispensable que cese el fuego inmediatamente. Divulgue esto a la opinión pública para que el presidente dé la orden”, manifestó durante la llamada. En otro momento, su angustia quedó resumida en una frase que décadas después continúa siendo recordada: “Es urgente, es de vida o muerte. ¿Sí me oyen?”
La comunicación también estuvo marcada por la intervención de Alfonso Jacquin, uno de los comandantes del M-19 que se encontraba en el Palacio. Durante la llamada, reclamó la falta de respuesta del presidente Belisario Betancur y advirtió sobre el peligro que corrían las personas que permanecían en el edificio. La escena reflejó la gravedad de lo que ocurría y la desesperación de quienes estaban atrapados en medio del fuego cruzado.
De acuerdo con el relato del entonces ministro de Gobierno, Jaime Castro, el Ejecutivo recibió la solicitud de cese al fuego, pero después de deliberar decidió no suspender el operativo militar. Según explicó posteriormente, la petición de Reyes Echandía se produjo cuando el magistrado se encontraba en condición de rehén y bajo la presión de los integrantes del grupo insurgente.
La operación continuó durante el 6 y 7 de noviembre. El incendio consumió buena parte de las instalaciones, destruyó oficinas y afectó importantes archivos judiciales. El saldo fue devastador: murieron magistrados, empleados, integrantes del M-19 y civiles. También se presentaron desapariciones que durante años han sido objeto de investigaciones y procesos judiciales.
Alfonso Reyes Echandía perdió la vida durante estos acontecimientos, al igual que otros integrantes de la cúpula judicial. Su muerte representó una de las pérdidas más significativas de aquella tragedia, no solamente por el cargo que ocupaba, sino por su trayectoria y el papel que desempeñaba en la justicia colombiana.
Su historia, sin embargo, trasciende las circunstancias de su fallecimiento. Desde Chaparral, donde nació, construyó una carrera dedicada al derecho, la investigación y la enseñanza. Su trabajo como académico y su paso por diferentes escenarios de la administración de justicia lo convirtieron en una figura destacada del ámbito jurídico nacional.
Hoy, cuando se cumplen 41 años de la toma y retoma del Palacio de Justicia, su nombre vuelve a ocupar un lugar en la memoria de Colombia. Para el Tolima, recordar a Alfonso Reyes Echandía también significa reconocer a uno de sus hijos ilustres, un chaparraluno cuya voz, pronunciada en medio de la tragedia, permanece como uno de los testimonios más conmovedores de aquellos dos días que cambiaron la historia del país.
Actividades para conmemorar los 41 años
En el marco de esta conmemoración, el Consejo Superior de la Judicatura realizará, entre el 3 y el 7 de noviembre de 2026, una semana de actividades bajo el lema «Volar para memorar», una iniciativa que busca honrar la memoria de las víctimas, reconocer sus historias y dignificar a sus familias, promoviendo reflexiones sobre la justicia, la verdad y la no repetición.
La programación contempla talleres, conversatorios y el lanzamiento de la cartilla pedagógica Volar para memorar, una publicación que incluirá reflexiones y actividades orientadas a la construcción de memoria histórica, con la participación de ciudadanos, servidores judiciales, académicos y nuevas generaciones.
Uno de los momentos destacados será el lanzamiento del libro «Como si ese muerto no hubiera sido mío, soliloquio para Alfonso Reyes Echandía», de la autora Angie Reyes Melo. La obra estará dedicada a la memoria del jurista tolimense, quien perdió la vida durante los acontecimientos de noviembre de 1985.
También se realizará un acto simbólico alrededor de una maqueta del Palacio de Justicia tal como era antes de la tragedia. Ciudadanos y servidores judiciales podrán intervenirla mediante pancartas, mensajes, frases, dibujos, flores y otros elementos, como una manera de expresar sus recuerdos y establecer un diálogo entre la primera conmemoración del holocausto, realizada en 1986, y las nuevas formas de preservar la memoria.