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Cabecillas del ELN y disidencias abandonan Venezuela tras caída de Nicolás Maduro

La operación militar de Estados Unidos en Caracas provocó un remezón en el crimen transnacional. Jefes de estructuras armadas ilegales, que durante años operaron desde territorio venezolano, habrían iniciado su retorno a Colombia y ya son objetivo prioritario de las Fuerzas Militares.
Imagen
Iván Márquez y Maduro
Crédito
Archivo
4 Ene 2026 - 15:40 COT por Jhon M Moreno

La caída del régimen de Nicolás Maduro, tras una operación armada ejecutada por Estados Unidos en Caracas, no solo alteró el equilibrio político en Venezuela, sino que desencadenó un repliegue acelerado de cabecillas criminales que durante años utilizaron ese país como santuario. Organismos de inteligencia colombianos confirmaron movimientos irregulares de jefes del ELN y disidencias de las Farc, quienes habrían perdido protección, movilidad y respaldo logístico.

El despliegue militar estadounidense en el Caribe, previo a la incursión, fue interpretado por estas estructuras como una amenaza directa. Como respuesta, varios cabecillas activaron rutas de retorno hacia Colombia, especialmente hacia corredores fronterizos históricamente dominados por sus organizaciones. Para las autoridades, este fenómeno marca un punto crítico de vulnerabilidad para estructuras que hoy se encuentran en proceso de reacomodo.

Los reportes señalan desplazamientos de integrantes del Frente Nororiental y del Frente de Guerra Oriental del ELN, así como miembros del Comando Central (Coce). Entre ellos figuran alias ‘Silvana Guerrero’ y alias ‘Ricardo’, quienes estarían “flotando” entre Venezuela y la región del Catatumbo, intentando mantener el control de sus redes ilegales sin quedar expuestos. A este grupo se suman alias ‘Parmenio’ y alias ‘Caballo de Guerra’, identificados en movimientos similares hacia zonas fronterizas colombianas.

Uno de los focos de mayor alerta es el posible retorno de alias ‘Pablito’ y alias ‘Cendales’, máximos referentes del Frente de Guerra Oriental, considerado uno de los más violentos del ELN. Por alias ‘Pablito’ se ofrece una recompensa de hasta 5.000 millones de pesos, mientras se le atribuye liderazgo en disputas armadas por el control ilegal de territorios estratégicos en Arauca, Casanare, Vichada y Boyacá. También se monitorean movimientos asociados a Eliécer Herlinto Chamorro, alias ‘Antonio García’, miembro del Coce y objetivo de alto valor, con una recompensa de 4.378 millones de pesos.

Con menores márgenes de maniobra aparecen los cabecillas de la autodenominada Segunda Marquetalia. Aunque su arraigo en Venezuela sería más limitado, allí permanecerían alias ‘Iván Márquez’, también con una recompensa de 4.378 millones de pesos, y Géner García Molina, conocido como alias ‘John 40’. Para este grupo, el escenario es especialmente complejo: regresar a Colombia los expone a operaciones militares, pero permanecer en Venezuela implica enfrentar un entorno cada vez más hostil e impredecible.

Este retorno forzado supone un costo evidente para los jefes criminales: perder los lujos, la protección y la invisibilidad que les ofrecía el vecino país. En contraste, en Colombia los espera un aparato militar y de inteligencia en máxima alerta, con operaciones ya en preparación contra estos objetivos estratégicos, aprovechando el debilitamiento de sus estructuras.

Fuentes de inteligencia no descartan que, ante este panorama, algunos cabecillas intenten una jugada política. Se evalúan posibles acercamientos al Gobierno Nacional para abrir diálogos exploratorios de paz, aprovechando los poco más de siete meses que restan del actual mandato. En ese escenario, buscarían ceses al fuego bilaterales que les permitan reorganizarse y recuperar capacidad operativa.

La caída del régimen venezolano no solo reconfiguró el tablero geopolítico regional. También desmanteló el principal refugio de las economías criminales transnacionales, convirtiendo nuevamente la frontera colombo-venezolana en un corredor de alto riesgo, no por la salida de civiles, sino por el retorno de algunos de los hombres más buscados del país, hoy acorralados y con cada vez menos opciones para esconderse.