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Cuando la popularidad digital se confunde con capacidades y liderazgo

Una ciudad o un departamento no se administran con corazones, pulgares arriba ni comentarios de felicitación. Se administran con decisiones, resultados, planeación y responsabilidad.
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8 Nov 2026 - 8:54 COT por Juan Manuel Díaz Borja

La semana anterior, Ecos del Combeima realizó un sondeo digital sobre el favoritismo de los internautas respecto a los precandidatos a la Alcaldía de Ibagué. El ganador fue el actual diputado Harold Urrea, quien obtuvo 4.246 votos. Le siguieron el concejal Andrés Zambrano, quien alcanzó 3.405 votos, y Marco Matheus Saavedra, quien ocupó la tercera posición con 1.891 votos. Pese a que, al parecer, desde el equipo de prensa de la alcaldesa Johana Aranda se dio la instrucción de votar y apoyar a Saavedra con comentarios y votos, el exsecretario de Infraestructura del municipio no superó los dos mil apoyos.

Es cierto que hoy vivimos en un mundo digital en el que las formas de ejercer la ciudadanía han cambiado drásticamente. Esa realidad no se puede negar, máxime cuando los avances tecnológicos han sido de gran beneficio en diferentes campos del conocimiento. Sin embargo, y en lo que concierne a la comunicación política, desafortunadamente ahora encontramos dirigentes y candidatos que miden su popularidad por el número de seguidores, la cantidad de interacciones y reproducciones, olvidando que el trabajo político se basa en el territorio, en escuchar a la gente y en formular propuestas sólidas y técnicas que resuelvan los problemas, más que en las fotografías y los likes. Esto ha creado una distorsión peligrosa, pues la gente suele confundir la popularidad de un mandatario o un político con la aprobación digital, que muchas veces no se traduce de un like en redes sociales, a un voto en las urnas el día de las elecciones.

Y el fenómeno no es exclusivo de quienes gobiernan. También hay ciudadanos que han terminado convirtiendo las redes en tribunales improvisados, donde una persona puede ser elevada a la categoría de líder por una publicación viral o condenada públicamente sin que exista siquiera una discusión sobre los hechos. Para la muestra, un botón: la joven Deicy Jiménez, quien, luego de publicar un video en el que quiso probar una supuesta relación íntima con el expresidente Petro, ya cuenta con más de 19 mil seguidores y ahora da cátedra de moral y buenas costumbres.

La política empieza entonces a parecerse a un concurso de popularidad. Gana visibilidad quien mejor maneja las emociones, quien produce el contenido más llamativo o quien consigue instalar una frase que se vuelva tendencia. Y, tristemente, eso es fácil de conseguir cuando se tiene un buen equipo de marketing digital. El problema es que gobernar no es competir por likes ni por despertar simpatías. Tampoco lo es legislar, hacer control político o ejercer oposición, y eso es algo que quienes han mencionado querer ser candidatos al Concejo de Ibagué parecieran confundir con un concurso de popularidad o reconocimiento criollo. Gobernar es solucionar los problemas de la gente, realizar transformaciones que les cambien la vida a las personas y dejar un legado para las nuevas generaciones; y hacer control político es velar por los recursos públicos y porque quienes van a ejecutar, lo hagan con honestidad, transparencia y conocimiento. 

Una ciudad o un departamento no se administran con corazones, pulgares arriba ni comentarios de felicitación. Se administran con decisiones, resultados, planeación y responsabilidad. Ese es mi mensaje, no solo para Harold, a quien se lo dije respetuosa y cariñosamente en la cabina de la emisora, sino también para todos aquellos que han llenado las redes de videos en estos tiempos de campaña.

Aquí vale la pena hacerse una pregunta: ¿vamos a elegir líderes en las elecciones del año entrante o estamos premiando a creadores de contenido, como ha ocurrido, por ejemplo, a nivel nacional con personajes como Jota Pe Hernández, El Elefante Blanco y el hoy senador Wally Opina?

Quizás el mayor riesgo de esta nueva época no sea que los políticos quieran tener más seguidores, sino que los ciudadanos terminen creyendo que quien más seguidores tiene es necesariamente quien más merece el voto y la confianza de la gente. Una cosa es ser popular en internet y otra muy diferente es estar a la altura de las responsabilidades que implica el ejercicio del liderazgo en lo público o incluso en lo privado. Sino que lo diga Victoria Castillo, quien posee un gran caudal de simpatía y popularidad digital, y se quedó por fuera de la presidencia ejecutiva de la Cámara de Comercio de Ibagué recientemente. 

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