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Menos relevos, más rumbo: la tarea pendiente del Tolima

Ibagué atraviesa un momento de transición en dos de sus instituciones más importantes.
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3 Nov 2026 - 9:57 COT por Ecos del Combeima

La semana pasada, la Cámara de Comercio designó a Victoria Castillo González como presidenta ejecutiva, la primera mujer que ocupa el cargo en propiedad. Días antes, la Universidad de Ibagué se había despedido de Natalia Ruiz Rodgers y había dejado la rectoría en manos de Héctor Erlendy Godoy, como encargado, mientras define quién la va a liderar. A los dos hay que desearles éxito, porque si a las instituciones les va bien, a la región también.

Liderar una institución regional exige tiempo, carácter y un conocimiento profundo de la región, y quienes lo han hecho merecen reconocimiento. Lo que sí deja este momento es una pregunta para todo el Tolima: ¿por qué le cuesta tanto sostener a sus líderes en el tiempo? En diez años, la Cámara ha tenido cerca de siete presidentes, entre titulares y encargados. La Universidad suma siete rectores en seis años. Las razones de cada cambio han sido distintas, unas más válidas que otras. Lo que llama la atención es la frecuencia.

Por un lado está la Cámara, que ha crecido. Sus ingresos pasaron de 12.349 millones en 2022 a 18.843 millones de pesos en 2025,. Su reto está en los ingresos privados, los que consigue con servicios que el empresario decide comprar porque le sirven. Según la Superintendencia de Sociedades, en 2025 esos ingresos fueron de 2.476 millones. La Cámara de Armenia y del Quindío, de un tamaño parecido, generó 9.528 millones, casi cuatro veces más.

En la otra orilla está la Universidad, que cada semestre compite por sus estudiantes. De acuerdo con el Ministerio de Educación, en 2016 recibió 2.151 estudiantes nuevos y en 2025, 1.213, un 44 % menos. En el mismo periodo, el conjunto de las universidades privadas del país cayó 8 %, y algunas regionales crecieron, como la de Manizales, que pasó de 2.977 a 3.882. Los jóvenes están eligiendo de otra manera. La educación virtual, que en 2016 recibía al 9 % de los estudiantes nuevos del país, en 2025 recibió al 36 %, y la formación técnica profesional también gana terreno. A una ciudad que se piensa universitaria eso le importa, más allá de una sola institución.

Son dos realidades muy distintas con una misma dificultad. La respuesta, entonces, no depende solo de quien se sienta en la silla, sino también de las juntas y los consejos que eligen a los directivos, los acompañan y les marcan el rumbo. Están integrados por personas destacadas que le dedican tiempo a la región, y justamente por eso vale preguntarse qué les están pidiendo a los líderes que nombran. ¿Son exigencias conectadas con la realidad del Tolima? ¿Vienen con metas que se puedan cumplir y con herramientas para lograrlas? En diciembre, los afiliados elegirán la Junta Directiva de la Cámara para el periodo 2027–2030. Es una buena ocasión para que cada empresario mire qué aporta cada candidato, qué visión trae y cuánto tiempo está dispuesto a dedicarle a la entidad.

Al final, el asunto es de liderazgo. ¿Será que a los tolimenses les cuesta el largo plazo y por eso quieren resultados ya? ¿O será que cuando planean a largo plazo no logran ejecutar? Puede faltar una estrategia compartida que las juntas asuman como propia. Puede también que el entorno haya cambiado más rápido que las instituciones. Seguramente hay un poco de todo, y nada de eso es responsabilidad de una sola persona.

Visiones, en todo caso, no han faltado. El departamento tuvo Visión Tolima 2025, adoptada por ordenanza en 2015 para que sobreviviera a los cambios de gobierno. Un balance publicado en 2022 concluyó que la mayoría de sus megaproyectos ni siquiera se habían formulado. Ahora se construye la Visión Tolima 2050. Si los planes existen, ¿por qué cuesta tanto volverlos realidad?

Una parte de la respuesta tiene que ver con la articulación, y ahí sí hay avances. En el último año, el Comité Universidad Empresa Estado del Tolima reunió a universidades, empresarios y gobierno y priorizó proyectos como la doble calzada Ibagué–Cajamarca. Además, empezó a construir algo que la región no tenía: un lenguaje común. Ojalá ese consenso se convierta pronto en obras y resultados.

El liderazgo de una región se mide, en buena parte, por su capacidad de ponerse de acuerdo sobre hacia dónde quiere ir y de sostener ese camino aunque cambien los nombres. Los resultados son la sumatoria de buenas decisiones y de trabajo en equipo entre juntas y líderes. Si el Tolima lo entiende así, cada relevo será un paso adelante y no un volver a empezar. De lo contrario, seguirá quieto en un pasado que ya fue.

Por: Cristian Fernando Gutiérrez Hernández