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Llegó la subienda a Ibagué: no de pescado, sino de precandidatos a la Alcaldía

Ibagué no necesita un alcalde que aprenda a gobernar mientras gobierna. Necesita un líder que sepa hacia dónde llevarla.
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1 Nov 2026 - 7:57 COT por Alejandro Rozo

En Honda, la subienda de pescado es una tradición que anuncia abundancia. En Ibagué, por estos días, parece que tenemos nuestra propia subienda, pero no de pescado, sino de precandidatos a la Alcaldía. Aparecen por todas partes, de todos los colores, partidos, tendencias y procedencias. Unos con trayectoria, otros con aspiraciones legítimas y algunos que parecen haber descubierto de repente su vocación de gobernantes. Bienvenidos todos, porque aspirar es un derecho democrático. Pero una cosa es querer ser alcalde y otra muy distinta tener la capacidad de gobernar una ciudad.

La coyuntura electoral de 2027 comienza a tomar forma. Alcaldías, gobernaciones, concejos y asambleas vuelven al centro de las conversaciones políticas. Las alianzas se insinúan, los respaldos se negocian y las fotografías empiezan a circular. La derecha, el centro y la izquierda buscarán espacios de poder, pero Ibagué no puede quedar atrapada en disputas partidistas mientras sus problemas esperan soluciones. Y mientras la política se ocupa de las candidaturas, la ciudad sigue esperando respuestas.

Ibagué no puede darse el lujo de improvisar nuevamente. Somos una ciudad de aproximadamente 557.000 habitantes que, pese a sus enormes posibilidades, continúa enfrentando desafíos estructurales. Según las cifras del DANE para julio-septiembre de 2026, el desempleo se ubicó en 11,1 %, entre los seis registros más altos de las principales ciudades medidas, mientras la informalidad laboral alcanzó el 48,1 %. Aunque existen avances, estas cifras recuerdan que miles de familias siguen esperando oportunidades reales de empleo, ingresos y bienestar.

Hemos tenido buenos alcaldes, administraciones regulares y otras que dejaron enormes deudas con la ciudad. La actual administración también tiene resultados que reconocer y asuntos pendientes. Pero lo importante no es que a un alcalde le vaya bien políticamente, sino que a Ibagué le vaya bien; que prosperen nuestros empresarios y trabajadores, que los jóvenes encuentren empleo digno y que avancemos hacia una ciudad sostenible y ambientalmente responsable. El éxito de una administración debe medirse en la calidad de vida de sus ciudadanos, no en la popularidad de quien gobierna.

Por eso sostengo que Ibagué necesita mucho más que un alcalde, Ibagué necesita un verdadero gerente de ciudad. Una persona con visión estratégica, formación, experiencia, liderazgo y capacidad ejecutiva. Alguien que entienda de presupuestos públicos, contratación, planificación territorial y gestión de proyectos, pero que también sepa dialogar con empresarios, universidades, inversionistas y organismos nacionales e internacionales. Gobernar no consiste únicamente en administrar una nómina, repartir contratos o recorrer barrios prometiendo soluciones. Gobernar es transformar realidades.

¿Dónde están las propuestas para resolver definitivamente los problemas de acueducto y saneamiento? ¿Cuál es el modelo de movilidad que necesita Ibagué? ¿Qué visión de ciudad orientará la formulación y aprobación del nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT)? ¿Cómo vamos a mejorar la infraestructura urbana, recuperar el espacio público, fortalecer la seguridad y generar oportunidades para nuestros jóvenes? ¿Qué estrategia permitirá atraer empresas, inversión y empleo formal? Estas deberían ser las preguntas que dominen la campaña, no las especulaciones sobre avales, padrinos políticos o alianzas de última hora.

Ibagué tiene condiciones para convertirse en un centro de servicios, logística, agroindustria, turismo, educación y desarrollo empresarial. Su ubicación en el centro del país ofrece oportunidades extraordinarias, pero ninguna ventaja geográfica produce riqueza por sí sola. Se requieren proyectos estructurados, conectividad, competitividad, sofisticación productiva y una estrategia sostenida de atracción de inversiones. No necesitamos más discursos sobre el potencial de Ibagué; necesitamos dirigentes capaces de convertir ese potencial en resultados.

A quienes aspiran a gobernar Ibagué debemos exigirles algo elemental; ¿Qué proponen? ¿Cuánto costará? ¿Cómo lo financiarán? ¿Cuándo entregarán resultados?, Que presenten equipos competentes, indicadores y metas verificables. Que demuestren experiencia y capacidad para articular esfuerzos con el departamento, la Nación y el sector privado. La ciudad necesita planes de gobierno, no catálogos de promesas electorales.

La subienda apenas comienza y seguramente aparecerán muchos más precandidatos. Que vengan todos, porque la democracia se fortalece con la participación. Pero los ciudadanos también tenemos una responsabilidad, como es dejar de votar por simpatías, maquinarias, colores o emociones pasajeras y comenzar a evaluar trayectorias, capacidades y propuestas.

Ibagué no necesita un alcalde que aprenda a gobernar mientras gobierna. Necesita un líder que sepa hacia dónde llevarla. Y en esta subienda electoral, lo verdaderamente importante no será cuántos aspiren a gobernarnos, sino quién está preparado para transformar nuestra ciudad.

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