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El arroz no puede terminar como el algodón y el sorgo

Defender el arroz no es aferrarse ciegamente a un cultivo e ignorar el mercado. Es evitar que miles de familias sean expulsadas de una actividad por falta de condiciones viables.
Imagen
José Monroy
Crédito
Ecos del Combeima
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25 Oct 2026 - 12:32 COT por José Adrián Monroy

Nuestro departamento ya vivió esta historia. El algodón fue símbolo de prosperidad en El Espinal, Guamo, Natagaima, Armero, entre otros. El sorgo también ocupó un lugar central en nuestra economía agrícola. Hoy ambos son el recuerdo de una capacidad productiva que no supimos preservar. ¿Estamos condenados a repetir la historia con el arroz? La pregunta no es pesimista, es una advertencia.

El algodón llegó a registrar cerca de 400.000 hectáreas sembradas en Colombia en 1974; en 2021 apenas se sembraron 8.308. El sorgo corrió una suerte parecida: en el Tolima, su área cosechada se redujo en un 39 % entre 1980 y 2002, en medio de problemas de competitividad y de importaciones.

Los cultivos no desaparecen de un día para otro. Primero dejan de ser rentables; luego los agricultores se endeudan, reducen siembras y cambian de actividad, es lógico; al final, la región pierde empleo, capacidades y oportunidades.

Hoy el arroz está en ese camino. En el departamento se produjo 691.567 toneladas en 2025, el 21,4 % del total nacional, según el DANE y Fedearroz. Es la base del sustento de miles de familias, desde el productor hasta el jornalero. Sin embargo, los gremios y los distritos de riego advierten que los precios no compensan los costos, que las deudas se acumulan y que el contrabando distorsiona el mercado. Cuando sembrar es arriesgar el patrimonio sin tener la certeza de recuperarlo, el problema deja de ser agrícola y se vuelve económico y transversal.

El Consejo Nacional del Arroz acordó un Modelo de Ordenamiento Productivo, con zonificación de siembras, un mecanismo de formación de precios, control del contrabando y protección al productor. Parece interesante y habría que hacerle seguimiento. Pero su ejecución comenzaría en el primer semestre de 2027 y ¿las deudas de hoy qué? ¿Qué ocurrirá con quienes no pueden aguantar hasta el momento de su implementación?

Por eso es importante que el Gobierno Nacional, el departamental, los congresistas, los alcaldes y los gremios exijan compromisos verificables: alivio y reprogramación de deudas, incentivos al almacenamiento que eviten la venta forzada en plena cosecha y acciones inmediatas contra el contrabando desde ya, no esperar a que llegue el 2027.

Defender el arroz no es aferrarse ciegamente a un cultivo e ignorar el mercado. Es evitar que miles de familias sean expulsadas de una actividad por falta de condiciones viables. La diversificación es una conversación legítima, pero no puede ser la excusa para abandonar al agricultor: rotar con maíz amarillo, por ejemplo, alcanzaría para unos pocos cientos de productores, no para el gremio entero.

El algodón y el sorgo nos enseñaron que las respuestas tardías no recuperan lo perdido. Del algodón solo quedan los recuerdos. Que del arroz no queden apenas las advertencias ni los discursos.

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