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¿Importar o producir? La cuenta que no nos está dando

Colombia importa cerca de 1,5 millones de toneladas de maíz al año, base para producir pollo, cerdo y huevo. También importa grandes volúmenes de carne de cerdo, lo que termina afectando el precio interno.
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5 Abr 2026 - 10:20 COT por Omar Julián Valdés Navarro

Desde hace varios años escucho muchísimo que a todos los políticos les encanta hablar de soberanía alimentaria. Suena bonito, suena técnico y hasta patriótico. Pero cuando uno baja del discurso a la finca, la pregunta es otra:

¿De verdad queremos producir lo que comemos… o preferimos importarlo?

Porque hoy el país está jugando a dos bandas. Por un lado, se habla de fortalecer el agro, de apoyar al campesino, de producir más. Pero, por el otro, el mercado se está llenando de alimentos importados que llegan cada vez más baratos, aprovechando un dólar que hoy ronda los $3.700–$3.800. Y todos sabemos que ese dólar barato no es producto de un repunte de la economía ni de una “enfermedad holandesa” por la revaluación de nuestra moneda. Es, sencillamente, porque estamos haciendo cada día más deuda en dólares, que entran baratos al mercado cambiario. Y eso, aunque ayuda a controlar la inflación, tiene un efecto que poco se dice: le mete presión al productor nacional.

Colombia importa cerca de 1,5 millones de toneladas de maíz al año, base para producir pollo, cerdo y huevo. También importa grandes volúmenes de carne de cerdo, lo que termina afectando el precio interno.

Y antes de que me tiren piedras:

¿Dónde están los miles de hectáreas de maíz que prometieron sembrar en este gobierno? ¿Será que se las comió el gorgojo? En fin, la ecuación es sencilla: dólar bajo → importar barato → precios internos bajan → productor apretado. Y eso no es teoría. Eso ya se está viendo en el Tolima.

Vamos al caso del cerdo. Hace unos meses muchos productores estaban vendiendo la arroba entre $150.000 y $170.000. Hoy, si se las pagan a $90.000, es mucho. ¿Y cuál es el resultado? Pequeños productores, si de los que invierten en dos o tres marranitos, empezaron a salir del negocio. Porque simplemente no da la cuenta. Y una cadena productiva, sin pequeños productores, creo que se queda corta en la distribución de las utilidades. Y en esta parte hay que decirlo: ahí están las más de 150.000 toneladas de carne de cerdo importadas, principalmente desde Estados Unidos y otros países, que entran más baratas por el dólar y ayudan a no subir la inflación.

El arroz tampoco se salva. Producir una hectárea hoy está entre 10 y 11 millones de pesos, pero la carga ha caído de niveles cercanos a $230.000 a unos $175.000. Y ojo: este tema no solo depende de lo que importamos, también de lo que exportamos. Nuestro producto estrella, el café, puede empezar a sentir el golpe. Los costos de producción aumentaron para este año, solo la mano de obra en recolección subió un 23%. Pero un dólar barato y una cotización que no despega en la bolsa de Nueva York nos pone a rezar para que el clima nos de la mano en Brasil, y que el precio no siga bajando de los 2,4 millones de pesos promedio.

Ahora bien, no todo es malo. Estoy de acuerdo con salarios justos para motivar el empleo en el sector rural, y creo que una mejor distribución de la tierra ayuda a impulsar el campo. Eso hay que aplaudirlo. Pero también hay que decir lo que incomoda. No podemos caer en la mayor contradicción de los últimos años: hablar de soberanía alimentaria, pero en la práctica tomar medidas que terminan favoreciendo la importación. Porque es injusto pedirle al productor que invierta, que tecnifique, que produzca y luego ponerlo a competir con producto más barato que viene de afuera.

Todo por frenar la temida inflación.
 

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